LA HORMIGA CULONA CRUZA EL MAR

LA HORMIGA CULONA CRUZA EL MAR

El primer problema era darle un nombre digno en inglés, aunque sin engañar al consumidor. Entonces la bautizaron giant toasted ant (hormiga gigante tostada) en lugar de fat-ass ant. Resultaba menos elegante que su lírica nomenclatura científica de Atta laevigata, pero con ello se evitó el cariñoso y descriptivo adjetivo de culona con el que se le conoce en Colombia. El segundo problema era exportarla. Todo indica que también este se halla en vías de solución. Una empresa internacional comprará hormigas culonas en Santander para venderlas en los mercados de Estados Unidos y Europa. Según el empresario, en Inglaterra ya empieza a tener acogida este producto que, empacado en bolsas de 25 gramos, se vende a 55.000 pesos la unidad. Hay que soñar con que un día el mundo entero demandará a diario el sabor salado y peculiar de las hormigas culonas.

29 de mayo 2004 , 12:00 a.m.

El primer problema era darle un nombre digno en inglés, aunque sin engañar al consumidor. Entonces la bautizaron giant toasted ant (hormiga gigante tostada) en lugar de fat-ass ant. Resultaba menos elegante que su lírica nomenclatura científica de Atta laevigata, pero con ello se evitó el cariñoso y descriptivo adjetivo de culona con el que se le conoce en Colombia. El segundo problema era exportarla. Todo indica que también este se halla en vías de solución. Una empresa internacional comprará hormigas culonas en Santander para venderlas en los mercados de Estados Unidos y Europa. Según el empresario, en Inglaterra ya empieza a tener acogida este producto que, empacado en bolsas de 25 gramos, se vende a 55.000 pesos la unidad. Hay que soñar con que un día el mundo entero demandará a diario el sabor salado y peculiar de las hormigas culonas.

A los 60 millones de pesos anuales que generará inicialmente este entomológico renglón hay que agregar muchos otros pequeños aportes de exportaciones pintorescas, insólitas o artesanales. Un industrial barranquillero exporta cada año 60.000 penes secos de toro, destinados a la fabricación de juguetes masticables para perros. Otros vendieron 50.319 kilos de mondongo (estómagos y tripas de animales) en el 2003 por valor de 93.000 dólares. A ellos se suman trenzas y pelucas, por 32.911 dólares; sombreros, por 160.523; cestería, por 251.741, y estatuillas, por 475.417. Sumando, sumando, entre hormigas, trenzas y corroscas se alcanzan cifras interesantes, que dan empleo a cientos de colombianos. Otros renglones curiosos sorprenden por su alta contribución. Pero lo que más alienta ni siquiera son las cifras, sino la imaginación empresarial. Saber que hay colombianos que se esfuerzan por vender tan curiosas mercancías constituye una invitación al optimismo y la esperanza comercial de un país en que su gente trabaja como hormigas.

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