VENCIDOS ANTES DEL COMBATE

VENCIDOS ANTES DEL COMBATE

Este país es, definitivamente, muy especial. Llevamos por lo menos un año hablando de la importancia del Tratado de Libre Comercio, pendientes de las conversaciones del Presidente y los ministros en Washington para lograr el sí de los Estados Unidos al inicio de las negociaciones, organizando seminarios, trayendo expertos de México y de Chile, insistiendo en la conformación de un buen equipo negociador, creando, en fin, un ambiente interno y unas condiciones favorables para avanzar hacia el tratado con los Estados Unidos.

29 de mayo 2004 , 12:00 a.m.

Este país es, definitivamente, muy especial. Llevamos por lo menos un año hablando de la importancia del Tratado de Libre Comercio, pendientes de las conversaciones del Presidente y los ministros en Washington para lograr el sí de los Estados Unidos al inicio de las negociaciones, organizando seminarios, trayendo expertos de México y de Chile, insistiendo en la conformación de un buen equipo negociador, creando, en fin, un ambiente interno y unas condiciones favorables para avanzar hacia el tratado con los Estados Unidos.

Pero, basta que hayamos matado el tigre para que estemos asustados con el cuero. La impresión de la lectura de los periódicos y de las revistas en el fin de semana anterior es la del temor y la resignación ante una muerte inevitable.

Un político-columnista de la oposición manifestaba que todo está consumado antes de empezar . Un intelectual-columnista escribía que hay que firmar el tratado, pero que los argumentos importantes de Colombia están en otra parte, en el contexto geopolítico , y que a Colombia siempre le hará falta lo esencial, una política de productividad y una política social. Los empresarios estarían interesados en hacer valer nuestra calidad de aliados del presidente Bush en la lucha contra el narcotráfico y el terrorismo para sobrevivir a la negociación. Los economistas cuantifican el impacto fiscal del tratado y asustan con la cifra. En fin, estamos vencidos sin haber combatido todavía. La tónica la dio uno de los titulares de este diario hace una semana: Estados Unidos es una aplanadora .

Parece que los colombianos siempre hemos sido así. Leía en el libro del profesor Emilio Yunis ( Por qué somos así? - Qué pasó en Colombia?, reimpresión-Temis, 2004) que a mediados del siglo XIX, cuando aún no existía la República de Colombia, los dirigentes miraban hacia Europa, en general, y a algunos países específicos -Alemania, Inglaterra, Francia y España- con el interés de atraer inmigración. Sin embargo, escribe Yunis, uno a uno se fueron descartando por indeseables, porque los inmigrantes ejercían una mala influencia sobre nosotros, nos traerían ideas foráneas corruptoras, el ateísmo, el socialismo, el estalinismo primero, después la ciencia imperialista ; las ideas liberales de la época eran perniciosas, contaminantes, se discutía lo que pasaba en el continente, la evolución de las ideas, teníamos expertos para eso, pero la inacción real se apoderaba de los interesados en la construcción del Estado-nación .

Pasamos, pues, del optimismo al pesimismo, como del sol a la lluvia. Tal vez por el miedo ancestral a enfrentarnos a la influencia extranjera, y por la preferencia por el aislamiento. Para exaltar, eso sí, según Yunis, a quienes sacan la cara por Colombia con una especie de complejo de inferioridad. Temo, sin embargo, que si esta actitud se generaliza, no vamos a llegar muy lejos: continuaremos encerrados, retrasados y pobres.

* * * *.

Es bien sabido que, por sí solo, el TLC no va a resolver todos nuestros problemas y que este no debe entenderse ni venderse como tal. No hay formulas mágicas, sin costo y rápidas, para avanzar hacia el desarrollo económico y social. Pero sabemos, porque lo muestran la historia y múltiples investigaciones y estudios internacionales, que entre más integrada una economía con el mundo exterior por la vía del comercio, mayor su expansión. No es sino mirar a nuestro alrededor. La economía de México es más grande que la de Brasil. Y la de Chile está a punto de sobrepasar en tamaño a las de Venezuela y Colombia.

Juan Manuel Santos se quejaba de nuestro grave defecto de no pensar hacia dónde queremos ir como sociedad y como país. Y Rodrigo Botero afirmaba en una columna reciente que el libre comercio con un país industrializado se convierte en un mecanismo de superación tecnológica y que, en Asia, el mayor dinamismo económico, producto de la orientación exportadora, ha contribuido eficazmente a la reducción de la pobreza .

El TLC nos debería dar la oportunidad para formarnos una visión del país del futuro, más integrado entre sí y con el mundo exterior, más productivo y más moderno, en el cual sea posible superar el atraso... y el complejo de inferioridad.

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