QUÉ ESTÁN COCINANDO EN EL SÓTANO DEL CONGRESO

QUÉ ESTÁN COCINANDO EN EL SÓTANO DEL CONGRESO

La vida nunca deja de dar sorpresas. Quién hubiera pensado que el senador Vargas Lleras fuera más efectivo como crítico de restaurantes que yo? Logró cerrar uno, algo que siempre me ha quedado grande.

29 de mayo 2004 , 12:00 a.m.

La vida nunca deja de dar sorpresas. Quién hubiera pensado que el senador Vargas Lleras fuera más efectivo como crítico de restaurantes que yo? Logró cerrar uno, algo que siempre me ha quedado grande.

De un plumazo, acabó con el contrato de administración del restaurante del Congreso.

Uno tiende a asociar a los padres de la patria con entornos lujosos, pero eso no siempre es justo, por lo menos cuando se trata de su restaurante. Es enorme: ocupa el sótano del edificio. Su nombre es El Salón Amarillo; nada de "rojo", ni "azul". Amarillo es un color neutral, el perfecto para representar las diferentes filosofías de los partidos: nada. A diferencia de otros restaurantes parlamentarios que he visitado, este es poco elegante. Parece que no se le ha hecho ninguna mejora desde la última bonanza cafetera, en el gobierno de López (Michelsen, no Pumarejo; tampoco las cosas son tan malas!). Más bien tiene su parecido con el Edificio Colombia, de Jaime Garzón!.

Normalmente no hablo de precios; me parece vulgar. Pero aquí son realmente baratos y eso sin ningún subsidio del gobierno. El almuerzo diario cuesta 6.500 pesos y los platos del menú son a 10.000 pesos, menos que sus similares de otros lugares.

La carta es poco inspirada. Tiene todos los clásicos de hoteles y clubes de los años 70. Mucho lomo, mucho róbalo y poca imaginación! No se encuentra nada que vaya a ofender el tímido paladar parlamentario!.

La sopa del día era de lentejas. En épocas de la aprobación de la reelección del presidente Uribe sabía especialmente delicioso. De plato principal me sirvieron lomo en salsa de vino tinto. Un clásico. El lomo se había pasado de punto, pero nadie protestaba. Cualquier congresista que se respete prefiere 3/4 y no 1/2 El pollo napolitano -pechugas en salsa de tomate- estaba perfectamente ejecutado. También había rollos de trucha, más o menos. Venían acompañados de yuca frita, plátanos y verduras torneadas. Tan amable es el restaurante que llevan el almuerzo a las curules cuando el Congreso está en plenaria. El postre fue un ponqué de chocolate. Los senadores de adelante y de al lado tenían pedazos más grandes que el mío. Uno de ellos confundió el restaurante con su oficina y pidió su steak pimienta en término "miti-miti"!.

Otra diferencia notoria con los demás restaurantes parlamentarios: el bar estaba completamente vacío. Quién dice que el Presidente no tiene apoyo en el Congreso?.

El restaurante es como un club. No es excelente, pero sí permite a los trabajadores del Congreso comer un almuerzo casero. Pero el incremento del canon de arrendamiento de 300.000 a 7 000.000 de pesos va a poner los precios de la nueva carta por las nubes. Obviamente, esto va a dejar un hueco en el bolsillo parlamentario. La disculpa perfecta para pedir aun otro incremento de salarios. Será eso lo que están cocinando en el sótano del Congreso?

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