ESCORIA EN EL BUZON

ESCORIA EN EL BUZON

El pasado 17 de mayo, Daniel Samper Pizano informó que había solicitado a las directivas de EL TIEMPO que se retirara de su columna la opción de los comentarios de los lectores.

30 de mayo 2004 , 12:00 a.m.

El pasado 17 de mayo, Daniel Samper Pizano informó que había solicitado a las directivas de EL TIEMPO que se retirara de su columna la opción de los comentarios de los lectores.

El primer campanazo lo dio el propio Samper el 4 de enero de 2004 en la columna "La dialéctica del insulto" , cuando denunció que el foro de los lectores había sido asaltado por personas dedicadas al insulto personal, desvirtuando por completo esa herramienta de intercambio de ideas entre lectores y columnistas. Oscar Collazos y María Jimena Duzán manifestaron igual sentimiento y el tema llegó hasta la Defensora del Lector. Las directivas tomaron algunas medidas que no fueron suficientes, pues el 17 de mayo los francotiradores del foro tuvieron su primer Algo iba a pasar, todos lo sabían y nadie hizo nada significativo que evitara el desastre.

Al otro día, en la edición virtual de EL TIEMPO había 35 páginas de comentarios de los lectores sobre la decisión del columnista, algo sin precedentes. Muchos la lamentaron pero comprendieron que el problema era de quienes Samper caracterizó como unos rufianes que habían invadido el foro plagándolo de insultos y agresiones verbales de la peor calaña. Pero una gran parte de los mensajes, quizás más de un tercio de ellos, no hacían sino darle la razón a Daniel Samper Pizano. Un tal "Juan Sin Miedo" parecía celebrar como los talibanes el 11 de septiembre, con cánticos a Alá y tiros al aire, diciendo que ya se había ganado unapero quesolo ganaremos la guerra, en el momento en que desaparezca de EL TIEMPO la columna de DSP Otros se quejaban de que Daniel se retirara del foro pero mantuviera sus columnas. Todos ellos confiesan su propósito último de silenciar una opinión que les resulta intolerable.

La decisión de Daniel Samper sacudió el foro, pero por sí sola, sin réplicas ni comentarios, significa un gran remezón a la libertad de expresión en Colombia y tiene que ser dramática para el propio Daniel Samper, pues invoca un mecanismo de censura y es contra la censura que él ha luchado toda su vida. La otra cara de la moneda es que la decisión era indispensable para preservar la libertad de expresión misma, pues nadie opina con tranquilidad en un ambiente tan agresivo y sucio.

Las columnas de Samper Pizano, como las de Collazos, Duzán, D Artagnan, López Michelsen y muchos otros que ejercen con su opinión la crítica política, no generarían reacciones intimidatorias si no fuera porque ofrecen razones sólidas a sus opiniones. El insulto y la amenaza son las únicas herramientas con que cuentan estos bandoleros del foro porque son incapaces de exponer argumentos reales de controversia.

Ahuyentando lectores.

Uno de los lectores que lamentó la decisión expuso bastante bien el punto: cuando una discusión empieza por decir queotroes comunista, terrorista o guerrillero porque no está de acuerdo con el Gobierno, es porque es incapaz de desvirtuar con razones al columnista. Lo mismo sucede cuando a Daniel Samper le atacan sus columnas con el muy pobre argumento de que no tiene derecho a decir nada por ser hermano del ex presidente Ernesto Samper, llegando al ridículo de establecer un nexo entre el proceso 8.000 con la guerra en Irak. A una columna de Daniel Samper sobre la captura de Saddam Hussein, un cierto "Mondragón", junto con un tal "Fidel" y otro que se hace llamar "Asqueado" exponían la tesis de que Daniel carecía de autoridad moral para comentar la captura del derrocado líder iraquí porque el columnista es hermano del ex presidente Ernesto Samper.

En otra oportunidad leí un comentario a una columna de Alfonso López Michelsen criticando el referendo en la que un lector lo descalificaba afirmando que no tenía derecho a hablar porque había sido elde su padreel ex presidente Alfonso López Pumarejo. A María Jimena Duzán le han replicado con frases comoyou, you suckyCon Di Artagnan no se ahorran el. La situación empeora cuando a la emboscada de insultos se suma el grupo de los que atacan al Gobierno calificándolo de terrorista de derecha, narcotraficante, asesino. No hay ni crítica ni intercambio de ideas. Es más pacífica una calle en Najaf, Irak, que este foro donde se atrincheran sujetos dispuestos a la peor violencia verbal sin entender razones y por supuesto con incapacidad total de exponer algo que se parezca a un argumento, pues solo saben disparar para matar. Este ambiente tan sucio elimina toda posibilidad de controversia razonada y ahuyenta a los lectores valiosos.

Pero el problema no son los foros, sino la política editorial frente a ellos. Las directivas de EL TIEMPO establecieron algunas reglas y un sistema de edición que de todas maneras fue precario teniendo en cuenta las consecuencias. Daniel Samper no reclama contra el foro, sino contra carencia de controles editoriales que garanticen su calidad y transparencia. Un periódico no debe temer a mecanismos de edición. Si lo hace con sus propios redactores, buscando reducir el riesgo de errores, debería hacerlo para mantener limpio el debate en Internet.

Internet es una de las herramientas más importantes del periodismo de hoy y los foros permiten la controversia de opiniones. Samper señaló que todo se había quedado en la teoría, porque en EL TIEMPO, a pesar de los filtros recientes, el foro seguía siendo una zonaEl foro no es un recinto virtual de intercambio de ideas e información, no hay retroalimentación ni aportes de los lectores. Una intervención editorial más radical es inevitable.

Analicemos las experiencias similares en otros medios del mundo, donde los columnistas se han vuelto más rigurosos porque los foros son el principal escenario de verificación. Columnistas que se acordaban de citas pero no de quién las pronunció y que antes las soltaban imputándosela a quien primero se les venía a la cabeza, hoy terminan expuestos en el foro por los lectores que delatan estas faltas al rigor histórico.

En la edición de septiembre de 2003 de Columbia Journalism Review hay un caso ejemplar de la función de los foros. El periodista británico Robert Frisk, quien produjo los mejores reportajes desde Bagdad antes de su ocupación por la coalición, fue criticado por los comandantes de las tropas norteamericanas de reportear con parcialidad en su contra. Cuando ningún periodista occidental se aventuraba por las calles de Bagdad en los bombardeos y se ajustaban a la política de embedding dictada por el Pentágono, Frisk reportaba desde el sitio de los hechos y muchas veces encontró que los misiles de la coalición habían matado civiles iraquíes, a lo que seguía la categórica desaprobación del Pentágono que defendía la inteligencia y precisión de sus bombas, para desacreditar a Frisk. En una de sus notas, Frisk reportó que una de esas bombas había arrasado un congestionado mercado en Bagdad causando decenas de muertes civiles. La nota contenía un dato sobre un pedazo de metal retorcido con unos números que el periodista encontró en el sitio.

Polemizar con razones.

El artículo fue divulgado en varios blogs alrededor del mundo, uno de ellos manejado por un periodista australiano Tim Blair, quien solicitó a sus lectores que ayudaran a descifrar el enigma de los números. Veinticuatro horas después, el misterio estaba resuelto por lectores que habían sido oficiales de la Fuerza Aérea y ex trabajadores de la industria militar americana, que identificaron no solo el pedazo de metal como parte de un misil antirradiación de alta velocidad, sino también al productor, la firma Raytheon, y hasta el avión al que se adapta, un F-16. Frisk mantuvo su credibilidad gracias a sus los lectores que probaron que en los primeros días de la segunda guerra del golfo, a pesar del desmentido de las autoridades norteamericanas, sí se estaban afectando a objetivos y víctimas civiles. En comparación a lo que hoy se sabe, la historia de Frisk es la menor preocupación del Pentágono.

Se cuenta también que el derrumbe de Jayson Blair por fabricar historias en el New York Times empezó con lectores que delataron inconsistencias en los relatos, cumpliendo con rigor la función que el editor del periódico, Howell Raines había omitido. Periodista y editor terminaron perdiendo sus puestos y su credibilidad.

Unas veces para gloria y otras para el calvario de los periodistas, los foros abiertos han sido herramientas útiles para mejorar la calidad del periodismo. Los primeros descubrimientos de Robert Frisk solo eran la punta del iceberg que hoy tiene a punto de hundir el proyecto neoconservador de Bush y sus jinetes del Apocalipsis, en el que ocultar las víctimas civiles no sería sino el abrebocas de una maquinación mucho más grande. En el caso Blair, los lectores desnudaron las falencias de un sistema editorial laxo, impreciso y claudicante a la presión de producir información de impacto, tocando a uno de los bastiones del periodismo mundial.

Nada de eso hay acá. Estoy seguro de que si el foro de los lectores del que Daniel Samper se retira fuera un ápice parecido a lo que acabo de relatar, él hubiera permanecido. Su vida se ha hecho de controversia, investigación y crítica. Su firmeza nunca le ha impedido reconocer diferencias ni polemizar con razones. Con él se pueden sostener polémicas en lo grande y en lo pequeño, sin llegar al insulto, inclusive en temas que le son tan personales como su posición durante la presidencia de su hermano. Su rechazo al uso de químicos para fumigar cultivos ilícitos en parques naturales, lo ha sostenido desde los años 70, no con ocasión del gobierno de Uribe Vélez. Es igual en diferencias pequeñas, banales y divertidas: Santa Fe vs. Pasto, o Ajiaco vs. Juanesca. Nunca ha cedido a la tentación de insultar, siempre tiene un argumento sustentando sus ideas.

Todos los columnistas abren su computador en las mañanas a ver qué correo les han dejado sus lectores en el buzón abierto del foro. Cuando día tras día el buzón está lleno de escoria, no queda más remedio que cerrarlo.

Foto:La decision de Daniel Samper sacudio al foro de los lectores de la red.

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