ANALFABETISMO POTENCIAL

ANALFABETISMO POTENCIAL

Un joven empresario estuvo secuestrado ocho meses en la selva colombiana. Las primeras semanas fueron espantosas: calor, mosquitos, sed, depresión, angustia, deseos incontrolables de volver a ver a la gente que amaba. Todo a su alrededor lo sentía incierto, amenazante, doloroso. Iba bajando de peso y tenía miedo de enfermar. Una tarde vio que uno de los guerrilleros dejaba un libro al lado del morral de campaña. Le rogó al hombre que se lo prestara, que por favor le permitiera leer para matar el aburrimiento. El hombre accedió y se lo entregó.

17 de abril 2004 , 12:00 a.m.

Un joven empresario estuvo secuestrado ocho meses en la selva colombiana. Las primeras semanas fueron espantosas: calor, mosquitos, sed, depresión, angustia, deseos incontrolables de volver a ver a la gente que amaba. Todo a su alrededor lo sentía incierto, amenazante, doloroso. Iba bajando de peso y tenía miedo de enfermar. Una tarde vio que uno de los guerrilleros dejaba un libro al lado del morral de campaña. Le rogó al hombre que se lo prestara, que por favor le permitiera leer para matar el aburrimiento. El hombre accedió y se lo entregó.

Se trataba de un individuo que veía pasar su vida sin sentido, que parecía estar ausente de sí mismo, que nada le llamaba la atención, como si fuera un robot insensible. Y de repente, una noche este protagonista siente que la vida lo llama, que los colores brillan de manera intensa para él, que las voces de los transeúntes lo conmueven de una forma misteriosa, que el viento que choca contra su rostro lo conduce casi hasta las lágrimas. Es como si estuviera naciendo por segunda vez y nunca hubiera presenciado la intensidad del mundo. A partir de entonces su vida da un giro y este personaje renace en medio de una dicha que él mismo no comprende muy bien.

El empresario sintió que el libro estaba escrito para él, que esa historia era la suya. Lo leyó y lo releyó mil veces. Se juró que lucharía por su vida, que la defendería a toda costa, y que si llegaba a salvarse se convertiría en otro hombre muy distinto. Así fue. Desde el día de su liberación cambió de trabajo, se separó y se casó con otra mujer que había amado desde siempre y en secreto, no perdió un solo minuto en cuestiones que antes le restaban potencia para vivir. Todo por un libro.

Eso es en realidad la lectura: una revelación, un mensaje que nos llega desde otro mundo. Es lamentable que en nuestro país leer sea algo aburrido, tedioso, insufrible, y que los índices de lectura hayan disminuido hasta el punto de rozar lo que se llama analfabetismo potencial , es decir, gente que sabe leer y escribir en teoría, pero que jamás pasa por una librería y compra un libro.

Los argumentos para justificar esa ignorancia son débiles y mentirosos. El más común es que la crisis económica no lo permite y que los libros están carísimos. Falso. La gente sigue bebiendo licor a diestra y siniestra y el precio de varias cervezas o de una botella de ron no le parece costoso; sigue asistiendo a los rumbiaderos, compra perico y éxtasis y paga las cuentas feliz, sin rechistar; sigue entrando a los burdeles y a los moteles y saca la billetera para pagar en medio de sonrisas, aunque al día siguiente esté lamentándose. Pero cuando en la librería le dicen que el libro vale veinte o veinticinco mil pesos, pone el grito en el cielo, se queja, maldice y termina dejando el libro sobre el mostrador.

Es un problema cultural, no económico. También están las bibliotecas públicas, que cada vez se ingenian sistemas más eficientes y cómodos para prestar libros a todo aquel que lo desee. Sin embargo, la gente no va, no consulta, no considera que puede pasarse un rato magnífico, inolvidable, enriquecedor. Y es una lástima, porque quien no lee se queda atrapado en una miseria interior, vive una vida mezquina, avara, ínfima.

Hoy se inicia la Feria del Libro de Bogotá, un evento que celebra esa maravilla que es el libro, y ojalá que los ciudadanos asistan a ella y terminen comprando obras de música, de jardinería, de mecánica, de religión, de literatura, de astronomía, de cocina, de lo que quieran, con tal de leer y de romper esa franja tan peligrosa del analfabetismo potencial, que lo único que hace es hundirnos cada vez más en la ignorancia y la brutalidad.

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