EN MANOS DE LOS ESTADOS UNIDOS

EN MANOS DE LOS ESTADOS UNIDOS

La tensión que se percibe en las relaciones políticas entre Colombia y los países europeos -notoria en la visita del presidente Uribe a Europa a principios del presente año- se enmarca en un contexto universal amplio y complejo.

17 de abril 2004 , 12:00 a.m.

La tensión que se percibe en las relaciones políticas entre Colombia y los países europeos -notoria en la visita del presidente Uribe a Europa a principios del presente año- se enmarca en un contexto universal amplio y complejo.

Los Estados Unidos y Europa no comparten, hoy en día, la misma visión del mundo. Su perspectiva en los temas de fondo de las relaciones internacionales, como el manejo, la moralidad y la pretensión del poder, es divergente. Europa dejó de utilizar el poder para buscar fines globales, como la democracia o la seguridad. Los Estados Unidos lo hacen sobre la base de una incuestionable superioridad militar. Robert Kagan, en un libro reciente, afirma que en la aproximación a los grandes interrogantes estratégicos a nivel internacional de hoy en día, los americanos son de Marte y los europeos son de Venus . (.

Si la Primera Guerra Mundial debilitó a Europa, la Segunda terminó con el poder que irradiaban las naciones europeas en el planeta. Esa circunstancia llevó a la independencia de las colonias europeas en Asia, Africa y el Medio Oriente, después de cinco siglos de dominio imperial. Durante los cincuenta años siguientes, Europa dependió de los Estados Unidos para su seguridad; el objetivo estratégico fue defender su territorio de cualquier ofensiva soviética, por el tiempo que demoraran en llegar las tropas de los Estados Unidos. Contra su voluntad, dice Kagan, obligados por los estadounidenses, los europeos mantuvieron cierto nivel de gasto militar.

Al concluir el período de la Guerra Fría en 1990, los avances de la integración económica y política habían creado una cultura nueva en Europa. Si en los 50 y los 60 el gasto militar no era prioritario -para eso estaban los Estados Unidos-, en los 90 lo fue mucho menos. La debilidad militar de Europa se acentuó aún más. La fortaleza militar de los Estados Unidos alcanzó su máximo grado. Así se comprobó en la guerra de los Balcanes, primero, y en la intervención en Kosovo, después. Las brechas de la tecnología militar y del poder armado entre ambos lados del Océano Atlántico se abrieron, en vez de cerrarse.

Con el paso del tiempo, en Europa sucedió un fenómeno muy interesante. La reconstrucción de unas sociedades y unas economías destruidas por las guerras condujo al ideal de la integración y, con este, a la creación de unas instituciones supranacionales novedosas y fuertes. Y a todo un conjunto de reglas de juego para la interacción entre los países. La ley, las instituciones internacionales y la negociación son mucho más importantes que el poder individual de las naciones que conforman la Unión. Las acciones unilaterales están, simplemente, prohibidas. Europa, entonces, vive en el paraíso de las reglas. Y de la paz.

A la debilidad militar de Europa se opone su fortaleza institucional. Algo que no debería sorprender a los Estados Unidos y que habla bien, creo yo, de la política de este país frente a Europa de los últimos sesenta años. Aunque ha llevado a un mundo en que el único polo de poder son los Estados Unidos. Esto asusta a la misma Europa por el temor a las actuaciones unilaterales de los Estados Unidos y angustia a Estados Unidos, que no encuentra eco en Europa para llevar a cabo acciones que considera indispensables en la promoción de la seguridad mundial y de un orden liberal y democrático. Así tenga que dejar de lado las reglas del derecho internacional y las instituciones supranacionales, la ONU entre ellas. Como ocurrió en Irak.

Los Estados Unidos están entre los palos. Es la democracia liberal por excelencia en el mundo, y la sola idea del dominio hegemónico se contradice con la de la armonía liberal. Y es el líder mundial indiscutible y, como tal, impone su visión de lo que debe ser el orden mundial. Pero no puede con la soledad del poder.

En estos dilemas entra, aunque ustedes no lo crean, Colombia. Porque nuestro conflicto interno no se puede resolver a la manera europea, por atractiva que nos parezca. Por lo cual, querámoslo o no, estamos en manos de los Estados Unidos.

(*) Kagan Robert, Of Paradise and Power - America and Europe in the New World Order, Vintage Books, New York, 2004.

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