LOS CONVERSOS

LOS CONVERSOS

En algún lugar leí que hoy es el día mundial contra el cigarrillo y pensé que era la oportunidad para enviar un saludo solidarizándome con aquellas personas que siguen atrapadas por ese vicio. Mis condolencias, por lo que les toca a sus pulmones y a los míos.

31 de mayo 2004 , 12:00 a.m.

En algún lugar leí que hoy es el día mundial contra el cigarrillo y pensé que era la oportunidad para enviar un saludo solidarizándome con aquellas personas que siguen atrapadas por ese vicio. Mis condolencias, por lo que les toca a sus pulmones y a los míos.

En cambio, me abstengo de enaltecer a los conversos, esas almas impenitentes que, habiendo sido fumadores compulsivos por varios años, hoy se han pasado al otro bando para pelear desde esa trinchera en contra del cigarrillo, de los fumadores y del tabaquismo. Hoy, estos conversos tienen prácticamente asediados a los pocos fumadores que quedan vivos. Ellos ya no pueden fumar en los aviones, en los aeropuertos ni en los sitios públicos; sin duda, hoy es más fácil entrar a un bar en Nueva York con un éxtasis en su botella de agua que con un cigarrillo en la boca. Lo primero es ilegal, pero lo segundo es políticamente incorrecto. Así son los conversos, intolerantes de cara a la tribuna pero laxos en su intimidad.

Afortunadamente, no todos los ex fumadores tenemos ese talante ni ese espíritu tan poco edificante. Conozco a muchos como yo, que, habiendo sido fumadores consumados por varios años, decidieron dejarlo un día, sin mayor alharaca y sin que ese acto se transformara luego en una antorcha para enarbolar una cruzada moralizadora. Simplemente, hay quienes dejaron el cigarrillo como se dejan los vicios: a tiempo, antes de que estos lo dejen a uno. Aunque yo no he vuelto a fumar desde que lo dejé, comparto sin embargo con los fumadores, desde algún recóndito lugar de mi torrente sanguíneo, cierto placer al recordar lo agradable que era fumar un cigarrillo.

En cambio, sigo considerando que no hay nada más peligroso que los conversos , aunque se trate de conversos a la lucha contra el cigarrillo, acaso menos comprometedores que los conversos en política, una especie ya tradicional en nuestro precario medio ambiente político. Plumas brillantes como la de Carlos Lemos Simmonds, o la del periodista Plinio Apuleyo terminaron en la orilla de la derecha extrema luego de haber pertenecido en su juventud a la izquierda extrema.

O viceversa. Conservadores como Alvaro Leyva, que terminaron en la orilla opuesta, hablándole al oído aMarulandai . Pero, además, los conversos tienen un fenotipo muy propio. Desde lejos se les ve en su rostro angular las ganas por conquistar, por seducir, como si su discurso fuera una verdad revelada. En eso se parecen todos los conversos, vengan de donde vengan: van de una orilla a la otra sin mostrar mayor alteración en su rostro. Claro que hay también conversos que en el fondo solo son veletas, como Armandito Benedetti, quien de ser un serpista furibundo hoy anda de uribista purasangre.

En fin. Esas personas de alma apasionada que van de un extremo al otro, de una orilla a otra, sin mayores traumatismos, de esos hay que desconfiar. Sobre todo si no fuman. Si no toman. Si nada de nada.

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