EL PLAN B DEL ACUEDUCTO

EL PLAN B DEL ACUEDUCTO

A tan solo ocho kilómetros de Bucaramanga, con una inversión que superaría los 30 millones de dólares, el Acueducto Metropolitano de Bucaramanga (AMB) se propone construir un embalse de 80 metros, con capacidad para 11 millones de metros cúbicos de agua, que garantizarían el consumo de la ciudad hasta el año 2016.

31 de mayo 2004 , 12:00 a.m.

A tan solo ocho kilómetros de Bucaramanga, con una inversión que superaría los 30 millones de dólares, el Acueducto Metropolitano de Bucaramanga (AMB) se propone construir un embalse de 80 metros, con capacidad para 11 millones de metros cúbicos de agua, que garantizarían el consumo de la ciudad hasta el año 2016.

Este pequeño gigante , que estaría ubicado sobre el río Tona, inundaría 100 hectáreas de la vereda Retiro Grande Bajo, ubicada a 15 minutos de la ciudad. Su construcción se convertiría para el AMB en una alternativa frente al poco avance del proyecto Piedras Blancas, que en 160 hectáreas del páramo de Berlín, almacenaría casi el triple de agua y abastecería a la ciudad hasta el 2030.

El gerente del AMB, Mauricio Mejía Abello, reveló que el proyecto se encuentra en su etapa de factibilidad y cuenta con los estudios topográficos, meteorológicos e hidrológicos que avalan su realización.

"Decidimos convertir este proyecto en nuestra prioridad porque los 1.300 litros por segundo que estamos generando son consumidos casi en su totalidad por los más de un millón de habitantes del área metropolitana. Con este embalse podemos adicionar 700 litros por segundo. Esta obra es una necesidad y no un capricho".

El funcionario, quien precisó que en los últimos meses la empresa ha rechazado 18 mil solicitudes de conexión por física carencia de líquido, agregó que el embalse se financiaría a 15 años con recursos internos. En agosto próximo, una vez definidos los términos de referencia, se accedería a la licencia ambiental de la Corporación de Defensa de la Meseta de Bucaramanga (CDMB).

Peligro inminente?.

Sobre las consideraciones de seguridad que suelen rodear a las propuestas para represar enormes volúmenes de agua en inmediaciones a la ciudad, los conocedores del tema se mostraron tranquilos. Eliseo Osorio, gerente de la oficina de Planeación y Proyectos del AMB que visitó el sector rural la semana pasada, aseguró que la presa no representaría ningún peligro para la región porque estaría ubicada en un terreno rocoso que garantizaría su estabilidad.

"En total son 25 predios los que hay que adquirir. Una vez terminada la etapa de diseño y el proceso licitatorio, en cuatro meses se puede construir el embalse, que no da más espera", dijo.

En el mismo sentido se pronunció el arquitecto Guillermo Vargas, urbanista, paisajista y miembro de la Academia de Historia de Santander, quien afirmó que el embalse, lejos de representar peligro, se convertiría en una opción turística para la capital santandereana.

Aunque admitió que la cercanía del embalse no genera ningún riesgo, Guillermo Alemán, biólogo de la Universidad Javeriana, indicó que la aparición de la presa si ocasionaría un desplazamiento de especies animales y vegetales que tendrían que ser preservadas mediante un plan de manejo ambiental.

Las consideraciones ecológicas también preocupan a Orlando Beltrán Quesada, presidente de la Asociación Defensora de los Animales y la Naturaleza (Adán), quien indicó que podrían resultar afectados los pescadores y cultivadores de la zona del Bajo Rionegro, porque el río Lebrija, que recibe aguas del Tona y del Suratá, disminuiría su caudal. Agregó que esto conllevaría que en verano aumente considerablemente la contaminación en las aguas del afluente.

PIEDRAS BLANCAS: VIABLE?.

El principal escollo en el camino del embalse Piedras Blancas, concebido como el eje del proyecto de nuevos abastecimientos del AMB, son los 200 millones de dólares que costaría la presa de 70 metros.

Luego de seis años de trámites, en los que tuvo que capotear la resistencia de los grupos ambientalistas de la región, que señalaron que una obra de semejantes dimensiones afectaría el ecosistema del páramo y representaría un enorme riesgo por hallarse en una zona sísmica, el AMB obtuvo el aval del Ministerio del Medio Ambiente para el proyecto.

Desde entonces, está a la espera de que el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) seleccione a la empresa que ejecutará el estudio de factibilidad de la obra.

FOTO/Edgar Vargas.

El río Tona alimentaría una presa ubicada a 15 minutos de la capital santandereana. Sus aguas podrían garantizar el abastecimiento de la ciudad hasta el año 2016.

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