NI UN SOLO PESO PARA SUBSIDIAR LA GASOLINA

NI UN SOLO PESO PARA SUBSIDIAR LA GASOLINA

El elevado precio internacional del petróleo -superior a los 40 dólares por barril- le está poniendo presión negativa a la sana intención del gobierno de mantener las tarifas de los combustibles atadas a las cotizaciones externas. Porque de mantenerse el actual ritmo de alzas, al finalizar este año el galón de gasolina en Colombia podría costar más de cinco mil pesos. Lo cual erosionaría los bolsillos principalmente de los poseedores de vehículos, golpe que seguramente perjudicaría en algún grado la buena imagen del gobierno.

28 de mayo 2004 , 12:00 a.m.

El elevado precio internacional del petróleo -superior a los 40 dólares por barril- le está poniendo presión negativa a la sana intención del gobierno de mantener las tarifas de los combustibles atadas a las cotizaciones externas. Porque de mantenerse el actual ritmo de alzas, al finalizar este año el galón de gasolina en Colombia podría costar más de cinco mil pesos. Lo cual erosionaría los bolsillos principalmente de los poseedores de vehículos, golpe que seguramente perjudicaría en algún grado la buena imagen del gobierno.

Pero el gobierno no debe dejarse seducir por la tentación política de desacelerar el ritmo del ajuste interno del precio de la gasolina. Coincidimos plenamente con la opinión del Ministro de Hacienda, Alberto Carrasquilla, cuando afirma que congelar el costo para los usuarios de la gasolina sería dar un paso atrás. Porque en buena hora hace cinco años -en la administración de Andrés Pastrana- se tomó una decisión trascendental, que por falta de seriedad y de sensibilidad social no se había tomado antes: desmontar los subsidios a la gasolina.

Vender la gasolina en Colombia a un precio inferior al cual se podría comercializar en el exterior es muy lesivo para los intereses de los colombianos más pobres. El Estado sacrifica recursos que podría -y debería- usar para satisfacer las necesidades básicas de millones de ciudadanos que sobreviven en la miseria. En cambio, ese dinero se lo da en forma de subsidio a la gasolina para gente pudiente -los propietarios de carros.

Es cierto que no sólo los ricos poseen vehículo; abunda en la clase media, y en estratos populares es una herramienta de trabajo para algunos. Pero es indudable que en su conjunto los subsidios favorecen a personas con una situación económica muy superior a la de los colombianos más pobres. Según cálculos de técnicos expertos, el 76 por ciento de los subsidios beneficia a los estratos de ingresos medios y altos.

El ex ministro de Minas y Energía, Luis Carlos Valenzuela, ha estimado que tales subsidios le han representado menores ingresos a las arcas estatales por cuantía superior a los 4 mil millones de dólares. Es decir, muchas inversiones sociales se han dejado de hacer por haber aplicado esa política regresiva. Esta absurda e injusta historia no puede repetirse por ningún motivo.

Es verdad que es duro para la economía personal de muchos colombianos tener que pagar precios tan elevados por la gasolina, con frecuentes alzas por montos significativos. Sin embargo, mucho más duro es dejar de pagar la abultada y explosiva deuda social que tiene el Estado con los miembros menos favorecidos de la sociedad.

Así pues, el gobierno no debe atender las peticiones de gremios, congresistas y propietarios de carros, en el sentido de moderar o diferir la política de alzas. Porque cualquier alivio para los compradores de gasolina sería un nuevo castigo para quienes llevan muchos años sufriendo el abandono estatal.

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