CLINTON Y LAS FRAMACÉUTICAS

CLINTON Y LAS FRAMACÉUTICAS

En reciente editorial, Portafolio resaltó la dura crítica que les hizo Clinton a las empresas farmacéuticas y al gobierno de su país, porque intentan impedir el consumo de medicamentos genéricos (mucho más económicos) en las naciones pobres . Esta crítica tiene sólidos fundamentos y corresponde también a lo que sucede en Colombia, que esas empresas quieren agravar con las pretensiones presentadas para el TLC por su gobierno.

28 de mayo 2004 , 12:00 a.m.

En reciente editorial, Portafolio resaltó "la dura crítica que les hizo Clinton a las empresas farmacéuticas y al gobierno de su país, porque intentan impedir el consumo de medicamentos genéricos (mucho más económicos) en las naciones pobres". Esta crítica tiene sólidos fundamentos y corresponde también a lo que sucede en Colombia, que esas empresas quieren agravar con las pretensiones presentadas para el TLC por su gobierno.

Colombia adoptó las normas de propiedad intelectual de la Organización Mundial de Comercio (OMC) en 1991, renunciando a los plazos que esa entidad estableció para los países en vías de desarrollo. En ese año, las importaciones totales del sector farmacéutico ascendieron a US $36 millones. En 2003 ascendieron a US $520 millones. Esa fortuna que se llevan todos los años las multinacionales farmacéuticas limita el acceso de la población a los medicamentos y es riqueza sacada de nuestra economía, constituyendo un despojo que contribuye a mantener la depresión económica y el desempleo que agobian a nuestra patria.

Que el consumidor paga es claro. Como también lo es que su única defensa es la existencia de una industria farmacéutica nacional fuerte. En el último lustro, los diez mayores laboratorios colombianos aumentaron sus precios en promedio en 27%, mientras que los diez y seis multinacionales más grandes lo hicieron en 135%. Gracias a la competencia de los nacionales, quiénes hoy atienden cerca del 70% de las necesidades del país, los multinacionales no subieron más. Y aún así, sus precios son más del triple de los de los nacionales!.

El cuento era que la protección patentaria aumentaría la inversión extranjera y la transferencia tecnológica. La realidad fue otra. De 32 plantas que tenían las multinacionales farmacéuticas en el país, quedan siete, y operando muy parcialmente. Hoy, en vez de entrenar a personal colombiano en las técnicas de manufactura más avanzadas del mundo, la "transferencia tecnológica" se ha visto reducida al envío de cajitas de productos hechos en otros países. Así le paga el diablo a quien bien le sirve!.

Esta situación se agravará porque está entrando en efecto el Decreto 2085 de 2002, un esperpento jurídico firmado bajo presión para lograr el ATPDEA, que le dio a la propiedad intelectual privilegios que van mucho más allá de lo definido por la OMC. Bajo su amparo, se les están dando monopolios a productos de multinacionales farmacéuticas que tienen hasta cuarenta y nueve años de inventados, y que son de común conocimiento y uso en el mundo. Con él, se niega la globalización del conocimiento y se les otorgan a unas compañías farmacéuticas derechos exclusivos sobre el conocimiento público, para que sean mayores los precios de sus medicamentos.

Las multinacionales farmacéuticas pretenden ahora aumentar sus utilidades con el TLC, logrando nuevos privilegios para la propiedad intelectual y consolidando los que tienen con el 2085, tornándolos, como todo lo que se pactará en ese tratado, en eternos, irreversibles e inmodificables.

Nuestra Constitución señala la función social de la propiedad, inclusive la intelectual, pero vale la pena recordar lo que piensan otras autoridades de la materia. Germán Velásquez, reconocido experto en propiedad intelectual de la OMS, sostiene que "todo lo que pueda negativamente afectar los derechos de acceso a los medicamentos y a la atención de salud NO ES NEGOCIABLE y deberá ser excluido de todo tipo de acuerdo comercial." Médicos sin Fronteras, organización médica humanitaria ganadora del Nobel de Paz de 1999 también sostiene que estos acuerdos deben excluir "en su totalidad las disposiciones referentes a la propiedad intelectual".

Probablemente los comisionistas que medran a la sombra de las multinacionales se levantarán en armas, acusándome de defender intereses particulares por haber dado a conocer estos hechos. Si eso fuera cierto, sería perfectamente válido, pues soy un particular. Pero no es cierto. Defiendo intereses generales, como lo demuestran las posiciones de la OMS, de Médicos Sin Fronteras y, ahora, del presidente Clinton. Quienes defienden intereses particulares son quienes - dentro y fuera del Gobierno - presionan por el otorgamiento de privilegios a las multinacionales, en detrimento del acceso a la salud de los colombianos.

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