AFRICA SE UNE, A. LATINA SE DESUNE

AFRICA SE UNE, A. LATINA SE DESUNE

América Latina, con la excepción de Brasil, poco mira al continente africano. Lo siente demasiado lejano, no sólo en términos geográficos sino con relación a sus lazos con el resto del mundo y más aún con sus posibilidades de desarrollo futuro. |

31 de mayo 2004 , 12:00 a.m.

América Latina, con la excepción de Brasil, poco mira al continente africano. Lo siente demasiado lejano, no sólo en términos geográficos sino con relación a sus lazos con el resto del mundo y más aún con sus posibilidades de desarrollo futuro.

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Sin duda, las diferencias son aún muy grandes pero existen similitudes que vale la pena considerar. Una de ellas es el poco éxito económico que las dos regiones han tenido en décadas recientes y sus grandes problemas sociales.

América Latina, que durante años se consideró mucho más avanzada que la mayoría de los países africanos, hoy se puede estar acercando peligrosamente a los niveles de pobreza de algunas regiones de esta parte del mundo.

Pero la comparación también es importante para identificar diferencias. Un recorrido por Africa Occidental, por el Sahel, permite reflexionar sobre lo poco que América Latina ha aprovechado sus recursos naturales. Horas y horas de recorrido en medio de zonas totalmente áridas, sin infraestructura, sin agua, sin energía, donde una población en condiciones de miseria trata de sobrevivir con pocas posibilidades de alcanzar una vida digna, genera un sentimiento de culpa por la poca conciencia que se tiene en Latinoamérica sobre las ventajas que esta región tiene para impulsar el desarrollo sostenible y justo y que de alguna manera las desperdicia.

Pero Africa está buscando una segunda o tercera oportunidad y el mundo desarrollado está dispuesto al menos a oírla.

Aquí yace una de las grandes diferencias entre las dos regiones, Africa y América Latina. Mientras el interés por los países latinoamericanos en los organismos internacionales y en los grandes donantes, se concentra en aquellos exitosos como Chile o demasiado grandes como Brasil y en alguna medida México, la pobreza y el atraso latinoamericano del resto de la región no es tema que los desvele.

La pregunta que debe interesar es cómo y por qué, con todos los dramas africanos, se está despertando un nuevo y creciente interés por apoyar su desarrollo? Con América Latina, Africa se identifica con dos grandes problemas: la corrupción y la carencia de gobernabilidad. Entonces donde está la diferencia?.

La primera y la más importante consiste en que el Africa tiene líderes que van más allá de las fronteras de sus países y velan por la región como un todo. Muchos de ellos tienen el respaldo del dinamismo demostrado por sus países o cuentan con credibilidad internacional por los esfuerzos que vienen realizando nacionalmente.

Sur Africa, para muchos considerado ya en la frontera de los países desarrollados, lidera este proceso con Nelson Mandela a la cabeza, un líder africano y no sólo de su propio país. Internacionalmente también se reconocen los esfuerzos del nuevo Presidente de Kenya que saca a su país de años de corrupción, del Presidente de Uganda que logró frenar el Sida y crecer aceleradamente durante la década de los noventa y de los presidentes de Ghana y Senegal, entre otros más.

Este liderazgo ha llevado a una nueva Unión Africana, Nepad, la Asociación de Estados Africanos para su Desarrollo, compromiso de apoyo mutuo firmado hasta el momento por 16 países de esta región. Es un esfuerzo para replantear el futuro de ese continente, pero a partir de la iniciativa propia y de los recursos que puedan aportar los países más avanzados del Africa.

Los analistas internacionales con gran influencia en la banca internacional, ven este esfuerzo interno como una señal positiva que amerita un serio apoyo internacional. En la última edición de la revista "The Economist", Jeffrey Sachs, plantea la absoluta necesidad de llevar recursos de ayuda para que la estrategia de Nepad, pueda tener éxito. Pero los africanos reconocen que si no hubiese un compromiso real y tangible de los líderes africanos no existiría este nuevo interés por parte del mundo desarrollado.

Las metas del milenio, como nuevo horizonte para el desarrollo mundial en los próximos 10 años, han hecho volver los ojos a esta parte del mundo, sin cuyo progreso ni se reducirá la pobreza extrema a la mitad para el 2015, ni se cumplirán los otros compromisos aceptados en el año 2000 por los jefes de estado del mundo. Pero este reposicionamiento de Africa obedece en gran parte al compromiso de los mismos africanos por sacar su continente adelante.

Obviamente la economía de mercado juega un papel en la nueva estrategia de desarrollo pero no es la obsesión que representó para América Latina el Consenso de Washington. Es un esquema que se acerca más al exitoso de Asia, su propia forma de diseñar los lineamientos actuales de la economía global, con la clara convicción de que son la pobreza y la equidad los mayores retos, más que la sola estabilidad macroeconómica.

En esta nueva etapa, Africa se une gracias a la visión de sus líderes más importantes que han reconocido que en este mundo actual la integración y la geopolítica son fundamentales para el crecimiento y para el desarrollo económico, social y político de las zonas más atrasadas del Planeta. Es esto lo que está sucediendo en América Latina? Definitivamente no. Primero, los países exitosos como Chile cada día se separan más de sus vecinos en términos políticos y económicos.

Recientemente el New York Times publicaba un artículo sobre lo mucho que Chile se ha alejado del resto de la región a la que con frecuencia mira con cierto desdén y mencionaba, entre otros, sus serios problemas con Bolivia. Más que una actitud de su actual presidente, Ricardo Lagos, que en reuniones como la reciente Cumbre de Monterrey, asumió una clara actitud latinoamericana, es el resto de sus líderes que desde los años 80 empiezan a despedirse de América Latina como lo hizo el candidato presidencial Lavin, en un famoso artículo publicado por el periódico El Mercurio en agosto de 1988 titulado " Adiós a Latinoamérica".

Segundo, cuando un presidente trata de tomar un liderazgo se enfrenta a un muro duro de derrumbar. Es lo que de alguna manera le ha sucedido al presidente Lula del Brasil que además del reducido ámbito de acción de sus colegas enfrentados sin duda a crisis internas muy complejas, tiene el problema de la política norteamericana que aplica muy eficientemente el principio "divide y reinarás". Los acuerdos bilaterales de libre comercio postergaron indefinidamente el Alca y cualquier intento de verdadera integración regional o subregional dado que estos últimos podrían ir en contra vía de los intereses norteamericanos.

Sin embargo, el problema de fondo para América Latina es la carencia de líderes que promuevan el compromiso interno de hacer de esta región el próximo milagro económico. Si no nace de la propia región, no despertará el interés de todo el mundo industrializado, no se ganará el respeto de los líderes mundiales y, más importante aún, un nuevo proyecto de desarrollo no tendrá ese sello latinoamericano que se requiere para resolver la forma perversa como se ha venido dando el crecimiento en la Región. América Latina fue relegada en las prioridades de la agenda mundial por Europa del Este cuando cayó el muro de Berlín, por el Sudeste Asiático, cuando este se convirtió en milagro económico. Ahora China e India acaparan el interés mundial. Lo único que no le puede pasar a esta Región latinoamericana es que Africa la deje tendida en la arena del olvido. Solamente un esfuerzo interno con un claro liderazgo regional y la recuperación de la soberanía permitirán que surja ese nuevo proyecto de desarrollo que posicione a América Latina como prioridad en el mapa del interés mundial.

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