SALIR A BOLSA PUEDE MATAR LA CULTURA DE UNA EMPRESA

SALIR A BOLSA PUEDE MATAR LA CULTURA DE UNA EMPRESA

Cuando Sergey Brin y Larry Page fundaron Google hace seis años, concibieron una compañía que reflejara su espíritu libre de estudiantes de postgrado.

20 de mayo 2004 , 12:00 a.m.

Cuando Sergey Brin y Larry Page fundaron Google hace seis años, concibieron una compañía que reflejara su espíritu libre de estudiantes de postgrado.

Sus ingenieros fijaban sus propios horarios. A menudo llegaban a la oficina a mitad del día. Almorzaban y cenaban platos preparados por un chef famoso que la empresa contrató y trabajaban hasta altas horas de la noche. Se organizaban competencias de hockey sobre patines dos veces a la semana en el estacionamiento de la compañía.

Pero hace poco Google presentó la documentación para salir a bolsa y recaudar unos US$2.700 millones. Según el cálculo de que la empresa vale unos US$25.000 millones, el 15 por ciento que Brin y Page tienen respectivamente en Google valdría cerca de US$4.000 millones. Muchos empleados que tienen acciones también tendrían la oportunidad de obtener fortunas personales, aunque no tanto como sus jefes.

Brin y Page han dejado en claro en los documentos de la oferta que no quieren que la idiosincrasia de Google cambie. Pero el dinero lo cambia todo.

Los empresarios que han logrado enriquecerse después de sacar sus empresas a bolsa o venderlas a otras dicen que el proceso cambia la mentalidad de la empresa y a menudo genera tensión.

Los profesionales y otros ejecutivos que no logran acumular la misma riqueza que el fundador a veces desarrollan resentimientos. Si el precio de la acción cae antes de que los empleados tengan la opción de vender sus acciones, ello provoca rabia y frustración. Por otro lado, si la salida a bolsa resulta muy exitosa, los empleados que recibieron mucho dinero tienden a perder interés por el trabajo o incluso se retiran.

David Friend, quien tiene la experiencia de haber fundado y vendido cinco empresas de tecnología en los últimos 25 años y ahora es inversionista de riesgo y asesor de compañías nuevas, dice que lo mejor es preparar a los empleados para la transición y "tratar de que todos tengan sentido de pertenencia e incentivos para permanecer en la firma", dice.

En las empresas que salen a bolsa, los empleados normalmente sienten menos resentimiento frente a los principales ejecutivos porque ellos también van a recibir una parte de la nueva riqueza. Pero siempre se corre el riesgo de que desarrollen una fijación con el desempeño de la acción y no por su propia labor.

Michael McCue experimentó esta situación en Netscape, una de las primeras compañías de Internet. McCue entró a la empresa en 1995, justo un año después de su salida a bolsa. El precio de la acción en ese momento estaba todavía por encima del valor al cual se había cotizado, pero tampoco tan alto como los primeros días.

"El estado de ánimo de la gente estaba ligado a las acciones", dice McCue. "Además, con la presión de cumplir las metas trimestrales, la gente dejó de concentrarse en el desarrollo de software innovador".

Al cabo de tres años, la empresa sufría por la competencia de Microsoft e IBM, había hecho despidos y andaba en busca de alguien que la comprara. AOL la adquirió en 1998.

Los fundadores de Google quieren que sus empleados no sólo se preocupen por su riqueza y por ello planean establecer una fundación en la que aporten tiempo y dinero a causas filantrópicas.

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