UNA VIDA DE EMPRESA

UNA VIDA DE EMPRESA

No son pocos los empresarios tolimenses que llevan años vinculando su trabajo a la empresa del desarrollo. Pero sí son pocos los que, con su trabajo y con su empresa, lograron escribir todo un capítulo de la historia reciente del Tolima. Santiago Meñaca es uno de ellos. De los pocos que logró una simbiosis entre su vocación empresarial y su sensibilidad social, para empinarse hacia el liderazgo cívico de su comunidad.

25 de mayo 2004 , 12:00 a.m.

No son pocos los empresarios tolimenses que llevan años vinculando su trabajo a la empresa del desarrollo. Pero sí son pocos los que, con su trabajo y con su empresa, lograron escribir todo un capítulo de la historia reciente del Tolima. Santiago Meñaca es uno de ellos. De los pocos que logró una simbiosis entre su vocación empresarial y su sensibilidad social, para empinarse hacia el liderazgo cívico de su comunidad.

Conocí a Santiago hace muchos años, no se cuántos. En ocasiones me parece que lo conocí desde siempre, tal vez porqueLimitadaya formaba parte del paisaje empresarial cuando yo era apenas un adolescente. Primero lo admiré por cuenta de dos amigos suyos a quienes yo frecuentaba: Rafael Caicedo Espinosa y Hernando Arbeláez Jiménez. Luego sorprendió mis visiones críticas de joven y aprendí a quererlo, porque descubrí que enseña con su conducta, con su estilo, con su ejemplo. Así son los patricios.

Santiago es uno de los responsables de mi vinculación al sector privado. En la Cámara de Comercio y en el Comité de Gremios adelantamos con éxito unas cuantas gestiones por la causa del Tolima. Los recuerdos de aquellos días me son tan gratos como los nombres de quienes me dieron luces, aliento y respaldo. Con Roberto Mejía, José Ossorio, Gilberto Hurtado, Salomón Tovar, José Hernando Torres, José Hernán Castilla, Luis Carlos Molina, entre otros y, por supuesto, con Santiago Meñaca trabajamos para la comunidad desde un ámbito conciente de la responsabilidad social de la empresa privada. Fueron, tal vez, los años más productivos de mi vida, no sólo por lo que eventualmente pude dar, sino por todo lo que aprendí a discernir entre la utopía y el pragmatismo.

No existen en la historia del Tolima unos dirigentes empresariales con tanto sentido de compromiso y altura de miras. No los hubo antes ni los ha habido después. Entre ellos, Santiago fue en un momento dado una especie de primus interpares que, con infinita destreza, combinaba el manejo de sus dos grandes virtudes: la lucidez y la prudencia. Los cincuenta exitosos años deson el producto de esas virtudes, pero también el símbolo de una vida hecha a base de trabajo honesto, actitud generosa y talento empresarial.

Me resulta imposible evitar el tono personal de la presente nota. Que sus líneas le lleven a Santiago, a Fabiola, a sus hijas, yernos y nietos la voz fraterna de los míos, unida hoy a la de todos los tolimenses para cumplimentarlo. Enhorabuena.

* Ex senador

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