SE FUE DE COLOMBIA VÍCTOR PIGNANELLI, POBRE Y OLVIDADO

SE FUE DE COLOMBIA VÍCTOR PIGNANELLI, POBRE Y OLVIDADO

Aferrado a sus recuerdos, algunos perdidos en la memoria y otros resumidos en amarillentos recortes de periódico que empacó como un tesoro en su maleta, el legendario jugador y técnico de fútbol Víctor José Antonio Pignanelli Isurralde se va esta noche a su natal Montevideo, tras 42 años de fútbol en Colombia, el último de ellos sumido en total miseria.

19 de diciembre 2004 , 12:00 a.m.

En un vuelo de la aerolínea brasileña Varig, que parte a las 9:00 p.m. desde el Eldorado de Bogotá, el famoso back central de los años 60 en los equipos Peñarol y Wanderers (Uruguay), del Cúcuta Deportivo y el América de Cali, y también técnico del Atlético Bucaramanga y de selecciones venezolanas, viajará a su país para reencontrarse con su esposa Elida Romaniuk, sus tres hijos y varios nietos, a quienes no ve hace tres años.

El viaje de regreso, a sus 72 años, fue financiado por el volante de marca del Atlético Nacional y ex integrante del Boca Juniors de Argentina Mauricio Chicho Serna, quien hace dos meses supo que Pignanelli quería partir hacia su tierra porque en el último año estuvo viviendo en la inopia.

Al Chicho le agradezco. Tal vez lo hizo porque cuando estuvo en Argentina, en el sur, a él le fue muy bien y ahora quiere retribuir todo eso conmigo , dijo Pignanelli.

Y es que hasta hace dos días, esta gloria del fútbol de Uruguay tenía la barba larga, la ropa sucia y sobrevivía en un estrecho camerino de una cancha de aficionados de fútbol de Bucaramanga, donde dormía en una colchoneta raída y sin sabana que le prestó por pura solidaridad su amigo Juan Estévez, un entrenador de fútbol de menores.

Una colecta que hicieron durante los últimos meses amigos suyos como Américo Montagnini, ex futbolista argentino, Germán Cuca Aceros, ex mundialista de Colombia en el mundial de Chile (1962) y Miguel Augusto Prince, técnico del Deportes Tolima, le sirvió para sobrevivir.

El veterano del balompié asegura que no se va derrotado. Ayer hacía sus últimos papeles ante la embajada de su país en Bogotá, vestido de traje y con la barba afeitada, listo para enfrentar el reto de dirigir un equipo infantil de Montevideo.

Aquí dejo gloria, amigos; he sido feliz, pero también sé que en Uruguay aún me recuerdan, porque hace 12 años cuando fui con el equipo de fútbol del almacén Pepe Ganga de Margarita (Venezuela) me hicieron una fiesta en Montevideo, con mis viejos amigos de fútbol, música, con manteles lindos, y yo ese día lloré como niño chiquito , recordó emocionado el jueves antes de abordar el bus que de Bucaramanga lo llevó a Bogotá.

El veterano jugador intentó quedarse siempre en Bucaramanga, pero la pobreza en que vivió el último año no se lo permitió. En esta ciudad deja a uno de sus hijos, Fernando, y a dos nietos.

Antes de partir, el septuagenario volvió a reconocer que ganó mucho dinero en el fútbol, pero lo perdió todo cuando repartió tempranamente la herencia a sus cuatro hijos nacidos en Colombia, que invirtieron en un café internet que fracasó en Uruguay. Lo que tenía, su casa y un carro, lo vendió después para sostenerse por un tiempo, pero al final la plata se acabó.

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