UN CURA AMENAZADO POR CONVIVENCIA

UN CURA AMENAZADO POR CONVIVENCIA

Durante las últimas tres semanas, tiempo en que estuvo de vacaciones el padre Juan Darío Guzmán, los feligreses de Villahermosa asistieron más convencidos que nunca a las misas que se celebraron en la parroquia de Nuestra Señora de las Mercedes.

28 de mayo 2004 , 12:00 a.m.

Durante las últimas tres semanas, tiempo en que estuvo de vacaciones el padre Juan Darío Guzmán, los feligreses de Villahermosa asistieron más convencidos que nunca a las misas que se celebraron en la parroquia de Nuestra Señora de las Mercedes.

Pero hoy, cuando corre el rumor de que el padre Juan Darío ha regresado al pueblo, con seguridad se repetirá la imagen de algunos fieles que en el momento de las misas pasan primero por enfrente del templo y miran de reojo, para cerciorarse cuál de sus dos sacerdotes está oficiando la eucaristía y así decidir, si entran o no al templo.

La razón para que esto ocurra, afirma un sector de la población, es que entrar a una misa con el padre Guzmán, quien va a cumplir cuatro años en la población, es asistir a un regaño colectivo en el que literalmente pagan justos por pecadores , lo que ha generado que cuando él es quien oficia la misa, los fieles que asisten al recinto no superan los 50.

Al padre le critican el hecho de que exponga en el sermón los pecados que le son confesados y que ventile desde el púlpito los problemas familiares que le comentan, como cuando exhortó en plena misa a unas jóvenes, por estar sacándole los piojos a los soldados que cuidan el pueblo .

Pero lo que más ofende a los moradores de esta población, es la ambición desmedida por el dinero que demuestra el sacerdote en lo que tiene que ver con el cobro de servicios religiosos, el alquiler de salones y hasta en la recolección de las limosnas.

El más reciente de los casos por dinero se presentó el pasado 25 de marzo cuando por poco no se puede sepultar a Pablo Hernández, un comerciante de 86 años. Ese día, cuando sus familiares llegaron al cementerio encontraron que la fosa 451, que habían comprado en 1980, se encontraba ocupada desde abril del 2003.

"Al preguntarle al padre Juan Darío sobre la fosa de mi papá -cuenta Jaime Hernández- respondió que qué negocios tan pichurrios los que hacían en ese pueblo y que era el único lugar donde se les ocurría vender el cementerio".

"Ese día nos tocó comprar una fosa nueva y pagarle los 120 mil pesos que costaba el alquiler de la bóveda por siete años, además pagar la lápida y hasta el sepulturero", agregó Hernández.

Pero antes del problema de la fosa, los Hernández y un cura cercano a la familia, tuvieron que pasear con el ataúd de su padre antes de celebrar las exequias, pues el padre no quiso prestarles la parroquia, ya que a esa hora se celebraría una misa de sanación, fuera del casco urbano.

De bendiciones y golpes.

Dos acólitos de la parroquia tuvieron que colgar la sotana por culpa de los señalamientos del padre Juan Darío. El primero de ellos fue César Augusto Vargas, hoy de 16 años.

Hace dos años, el padre Juan Darío y César Augusto fueron a la sacristía para guardar el producto de la venta de una lechona para recolectar fondos para la Semana Santa. Al día siguiente, el padre fue a buscar a César al colegio y le dijo que lo denunciaría si no devolvía la plata que misteriosamente, se había desaparecido.

Cuentan los familiares, que esa noche el padre fue donde los Vargas, revolcó la casa, buscó por todos los rincones y al no encontrar el dinero, animó al padre del menor para que le pegara una paliza de padre y señor mío . Cuenta doña María Lucía Duque, madre del menor, que hasta el mismo padre colaboró en la tunda. Finalmente los padres del menor, denunciaron al sacerdote en el Juzgado municipal del Líbano por el delito de calumnia, caso que aún no ha fallado.

El segundo acólito fue Jonathan Cardona, hijo de Ana Cardona y quien remplazó a Vargas en las tareas de la sacristía. No pasaron más de seis meses cuando se presentó un incidente similar y literalmente, los echó de la parroquia, sin esclarecer realmente si el dinero se perdió.

Párroco a la antigua.

Además de su personalidad, al padre Juan Darío Guzmán le critican el hecho de cambiar muchas de las tradiciones religiosas de la comunidad. Entre ellas está la exigencia de un año de preparación para recibir la Primera comunión y la Confirmación, por eso es que muchos habitantes han preferido ir al Líbano y tomar sus sacramentos allí.

Es el caso de Consuelo Orozco, quien vive en la vereda Jamaria, ubicada a cuatro horas a caballo del casco urbano de Villahermosa. Hace tres meses, vistió a sus hijas con los mejores vestidos para que recibieran su primera comunión.

Cabalgando desde las 5:00 de la mañana llegaron a la parroquia con la ilusión de que sus hijas, de 10 y 12 años, recibieran el cuerpo de Cristo. Cuenta Orozco, que el padre la regañó y le dijo que para estar realmente preparadas, las niñas tendrían que tomar un curso preparatorio de un año. Un mes después, comulgaban en la parroquia del Líbano.

Habla el sacerdote.

Tolima 7 días habló con el padre Juan Darío Guzmán en Medellín, pues al momento de esta visita no se encontraba en Villahermosa.

"Todas las quejas que usted me presenta son falsas y pertenecen a un pequeño grupo de personas que tienen intereses particulares y que desde siempre han manipulado a todos los sacerdotes", señala Guzmán.

Sobre el hecho de decir los pecados de las personas en las homilías, Guzmán señala que nunca ha se ha referido con nombres propios por respeto al sigilo sacramental, pero que sí advierte de ciertos pecados en procura de que no se cometan más.

"Si viene alguien que me dice que cometió un asesinato, yo no puedo dejar de denunciarlo ante la gente sabiendo que cometió un delito", advierte.

En el aspecto monetario, el padre Guzmán señala que tiene que ser muy estricto, con el fin de administrar bien los bienes de la iglesia.

"El sacerdote debe ser un pastor y también un administrador. Tiene que responder por los bienes y gastos de la parroquia y fuera de eso subsistir. Yo me amarré bien los pantalones para mantener esa iglesia. No podíamos seguir con ese desorden financiero que se venía presentando".

Sobre el caso de sus acólitos, el padre dice que si no los denunció penalmente fue porque los testigos de los casos no quisieron hablar, pero que siempre tuvo todos los elementos para inculparlos.

"Yo sí fui a la casa de él y hablé con sus padres pero por invitación de ellos mismos. En ningún momento revisé nada y mucho menos participé de la golpiza que usted se refiere", señaló Guzmán sobre el caso del acólito César Augusto Vargas. Guzmán es enfático en señalar que tanto él como su abogado, quedaron atónitos al escuchar todas las historias que se inventó la familia Vargas".

En lo relacionado a los costos de las tarifas, el sacerdote señaló que se basa en el decreto 148 de la Diócesis Líbano Honda y en los cambios a la programación de Semana Santa, dijo que por su condición de sacerdote del municipio, él puede disponer de los horarios y de los actos como le parezca .

Las opiniones recogidas por Tolima 7 días están divididas. Unos simplemente quieren que el padre se vaya del pueblo y otros, un poco más condescendientes, quieren que el padre deje de ser tan cascarrabias y retome la humildad que deben tener los representantes de Dios en la tierra.

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