CASTAÑO ESTUVO VEINTE MINUTOS BAJO EL FUEGO

CASTAÑO ESTUVO VEINTE MINUTOS BAJO EL FUEGO

El viernes último, a las 2 en punto de la tarde, Carlos Castaño llegó a cumplir la cita que tenía en lugar ubicado a unos metros de Rancho al Hombro , un granero con facha de fonda, ubicado en el sitio Guadual del Medio, corregimiento El Guadual, en límites entre San Pedro de Urabá y Arboletes. (VER MAPA: LUGAR DE LOS HECHOS)

22 de abril 2004 , 12:00 a.m.

El viernes último, a las 2 en punto de la tarde, Carlos Castaño llegó a cumplir la cita que tenía en lugar ubicado a unos metros de Rancho al Hombro , un granero con facha de fonda, ubicado en el sitio Guadual del Medio, corregimiento El Guadual, en límites entre San Pedro de Urabá y Arboletes.

(VER MAPA: LUGAR DE LOS HECHOS).

Tras esperar varios minutos sin que nadie acudiera, Castaño decidió subir hasta el granero a consultar su correo electrónico, como lo hacía habitualmente.

Entonces, instaló su computador portátil al teléfono comunitario que permanece sobre un pupitre escolar, en un corredor cubierto por tejas de zinc y rodeado de tablas blancas.

Según testigos, hacia las 2:20 un carro pasó veloz sin obedecer la orden de pare que impartieron los escoltas de Castaño que prestaban guardia en la carretera.

De inmediato abrieron fuego y encontraron la misma respuesta de los ocupantes del vehículo y de otros dos carros que le seguían.

Etelvina*, la tendera, soportó detrás de un enfriador de gaseosas y muy cerca al jefe para , la balacera de la que aún no se sabe si Castaño salió ileso.

Cuando escuchó el primer disparo y sin pensarlo dos veces, ella se arrojó al piso para hacerle el quite al chaparrón de plomo.

Qué pasó con Castaño? Etelvina dice que no los sabe, porque minutos después del ataque perdió el sentido.

Los agujeros que quedaron en el techo y las paredes de madera de Rancho al Hombro dan testimonio de las razones del pánico que vivió.

Pero otros testigos le entregaron a EL TIEMPO -único medio que llegó al lugar del atentado- información clave sobre lo ocurrido.

El carro del pan.

Yo estaba en aquel morro dándole, cuando oí los tiros. Les grité a mi esposo y a mis dos nietas (de 4 y 5 años) que corrieran al ranchocuenta Ana*, vecina del lugar.

Todos terminaron debajo de las camas y se quedaron allí los 20 minutos que duró el tiroteo.

Lo único que dice haber visto Ana cuando salió, fue una camioneta blanca estacionada al lado del local con la trompa mirando en dirección a San Pedro de Urabá. Pero no los otros camperos en los que según otras versiones se desplazaban quienes atentaron contra Castaño.

Ana tampoco sabe nada de Jair Vladimir Rojas, La Vaca , el guardaespaldas de Castaño que llegó a las 5:30 p.m. al comando de policía de Necoclí.

Los que sí aseguran los vecinos de la zona es que La Vaca recorrió las 3 horas de camino que lo separaban de Necoclí en un carro repartidor de pan que lo auxilió cerca del Guadual.

El escolta estaba casi inconsciente a causa de la sangre que había perdió por una herida de fusil que le cogió la tibia y el peroné.

Por eso, sin bajarlo del camión, el intendente Yesid Ariza y 8 agentes le recibieron el fusil y la pistola que llevaba y continuaron con él hacia el hospital San Sebastián.

Los únicos heridos que habían aparecido hasta ayer eran Rojas y otro hombre identificado como José Antonio Ramos, pero en los alrededores de Guadual dicen que fueron más y que incluso hubo muertos.

Cadáver perdido.

De hecho, el pasado sábado, antes de irse a otro municipio a pasar el susto, Etelvina le contó a su esposo que al despertar del desmayo se asomó por la ventana y vio el cuerpo de un hombre en un kiosco de paja ubicado a diez pasos de su tienda.

Sin embargo, minutos después, salió y ya no había ni cadáver ni tampoco noticias de Castaño el visitante que solía ir a su negocio día de por medio.

El resto de días, Castaño iba a otro teléfono comunitario ubicado cerca al Guadual. Andaba de bluyín y camisa blanca, e iba acompañado por 8 escoltas.

Buenos días señores , saludaba con su voz ronca y continuaba su camino, dicen.

Pero, ahora, ya no son los quienes vigilan la zona. Desde hace 4 días, soldados del batallón Vélez, de la Brigada 17, patrulla el lugar.

* Nombre cambiado por protección a la fuente.

FOTO/Edgar Domínguez EL TIEMPO.

En rancho al hombro, Castaño consultaba Internet cada 2 días.

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