LAS PIEDRAS EMBRUJADAS DE PÁRRAGA

LAS PIEDRAS EMBRUJADAS DE PÁRRAGA

En Párraga, un caserío tendido a lado y lado de la vía Panamericana, en el sur de Cauca, llovieron piedras del cielo. Unas 30 rocas, algunas con más de libra y media de peso, cayeron entre el martes 5 y el domingo 10 de octubre sobre los techos de dos humildes viviendas. El extraño fenómeno arruinó las tejas de eternit y los nervios de los 900 habitantes.

22 de octubre 2004 , 12:00 a.m.

Nadie pudo explicar el hecho, pues cerca no hay volcanes ni canteras, y en la zona no ha habido derrumbes. Además, los peligrosos objetos no tienen las características de los meteoritos, sino que parecen ser piedras de río y cascajo de construcción.

Ante lo extraordinario del bombardeo , el primer sindicado fue un duende. Para espantarlo, los lugareños prepararon un batido de estiércol de cerdo y agua, y lo untaron en las puertas de las casas afectadas, pues se dice que estos seres fantásticos odian a los chanchos.

Sin embargo, el supuesto hombrecillo seguía tirando piedras. Hombres, mujeres y muchachos organizaron entonces brigadas de vigilancia; en grupos de 20 se sentaban por la noche en la terraza de Lilia Auseche, una de las afectadas, para esperarlo.

Hasta tiros le gastaron al escurridizo engendro, una noche en que los más valientes decidieron internarse en el potrero de donde presuntamente provenían los proyectiles. Finalmente, sin resultados, los cazafantasmas de vereda disolvieron el bloque de búsqueda.

La cacería de brujas terminó involucrando hasta al párroco de Rosas (la cabecera municipal), Juan Carlos Narváez. El religioso viajó hasta Párraga para echarles agua bendita a las casas averiadas, y aprovechó para pedirles a sus dueños que pusieran una cruz, leyeran la Biblia y empezaran a ir a misa, pero su presencia tampoco ayudó.

Hace una semana, una chucha (perro de aguas) capturada entre los muros de las dos viviendas casi paga los techos rotos. Cuando el infortunado animal, extraño en esta región, estaba a punto de ser sacrificado por tener cara de mono y manos de hombre, su imagen apareció en uno de los libros del colegio local. El hallazgo académico le salvó la vida.

Exilio paranormal Mientras tanto, Héctor Montes y algunos de sus vecinos empezaban a sospechar de La Negrita , una mujer sordomuda de 20 años que había llegado de El Patía un mes antes para encargarse de los oficios domésticos.

Según los pobladores, cuando ella era adolescente fue atacada por el diablo, que la arrastró por los potreros hasta dejarla medio muerta, agarrada de la raíz de un mortiño (arándano).

Un vaquero que la ayudó enfermó de gravedad, por eso en su tierra nadie quiere verla , asegura Montes, quien cuenta que donde ella estaba caían las piedras y no le daba miedo agarrarlas .

Finalmente, la mujer fue despedida y el domingo 10 de octubre se subió a una buseta rumbo a la vereda El Hoyo, en El Patía. Se fue a las 5 de la tarde, balbuceando que no tenía la culpa de nada , recuerda doña Alba, esposa de Montes. Una hora antes de su partida, dicen, cayó la última piedra.

Después de diez días de relativa tranquilidad, lo único tangible de todo este episodio son las goteras en las casas de los Montes y los Auseche, y el trastorno que causaron esos 6 días en la vida del caserío, cuyos habitantes se resisten a admitir que familias enteras durmieron apiladas en un solo cuarto por temor al tirapiedras desconocido.

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