LA PARADOJA DEMOCRÁTICA

LA PARADOJA DEMOCRÁTICA

Toda una generación de latinoamericanos ha vivido bajo regímenes políticos democráticos. Casi la totalidad de los países de la región superaron años largos de las dictaduras militares, han elegido a sus gobernantes mediante voto popular y han mejorado los mecanismos electorales. Sin embargo, la región tiene los peores índices de desigualdad del mundo, la pobreza alcanza a 42,2 por ciento de la población, la indigencia afecta a 19, 4 por ciento, el desempleo llegó en el 2002 a 9,4 por ciento y el empleo informal, a 46,3 por ciento de la fuerza de trabajo.

23 de abril 2004 , 12:00 a.m.

Toda una generación de latinoamericanos ha vivido bajo regímenes políticos democráticos. Casi la totalidad de los países de la región superaron años largos de las dictaduras militares, han elegido a sus gobernantes mediante voto popular y han mejorado los mecanismos electorales. Sin embargo, la región tiene los peores índices de desigualdad del mundo, la pobreza alcanza a 42,2 por ciento de la población, la indigencia afecta a 19, 4 por ciento, el desempleo llegó en el 2002 a 9,4 por ciento y el empleo informal, a 46,3 por ciento de la fuerza de trabajo.

Toda una paradoja. Los gobiernos democráticos, por definición basados en las mayorías, no han producido resultados satisfactorios para ellas. Una contradicción con graves efectos sobre el compromiso con los principios y valores de la democracia. Porque esta no puede andar indefinidamente de la mano de la pobreza. En América Latina, aun entre quienes consideran que la democracia política es preferible a otros sistemas alternativos (57 por ciento, cuatro puntos menos que en 1996), se encuentran percepciones bien inquietantes. El 44,9 por ciento de ellos, por ejemplo, está dispuesto a apoyar un gobierno autoritario si resuelve los problemas económicos de su país. Y 35,8 no cree que el régimen que tienen pueda solucionar los problemas de su nación.

Los resultados provienen de un ambicioso estudio realizado por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) - Hacia una democracia de ciudadanas y ciudadanos - que se acaba de dar a la luz pública. Una investigación que cubrió 18 países, con encuestas representativas realizadas entre 18.643 personas y 231 entrevistas con líderes políticos, económicos e intelectuales. Las conclusiones, preocupantes, pero tienen la virtud de servir como reflexión para buscar soluciones.

No todo es negativo. Los golpes militares que se producían por doquier hace treinta años son cosa del pasado. Y no existen iniciativas para desmontar los sistemas democráticos, a pesar de la insatisfacción de los ciudadanos. El hemisferio adoptó en septiembre del 2001 la Carta Democrática Interamericana, suscrita por 34 países, que establece instrumentos colectivos para impedir una interrupción abrupta o irregular del proceso político institucional democrático . Un índice de medición de la democracia electoral, creado por el informe, indica progresos sostenidos en los últimos quince años.

Sin embargo, hay problemas nuevos. En el Perú, en 1992, el presidente Alberto Fujimori cerró el Congreso; el presidente Jorge Serrano Elías, de Guatemala, intentó hacer lo propio en 1993; en Ecuador fueron removidos de la presidencia Abdalá Bucaram (1997) y Jamil Mahuad (2000); algo semejante sucedió en Argentina con Fernando de la Rúa (2001), en Bolivia con Gonzalo Sánchez de Losada (2003) y en Haití con Jean-Bertrand Aristide. Se agrega la crisis venezolana. Señales inequívocas de inestabilidad y de que la democracia electoral no es suficiente.

De hecho, las causas de la insatisfacción son más profundas. Los partidos políticos han perdido credibilidad -los más grandes cayeron 19,1 por ciento entre 1990 y el 2002- y la iniciativa política la han tomado organizaciones informales, temporales o caudillistas. Como resultado, se han debilitado la gobernabilidad, la fiscalización política y el ejercicio pleno de la oposición. La participación electoral es inferior a la de otras regiones del mundo: 62,7 por ciento (la de Colombia aparece sorprendentemente baja en esta encuesta: 33,3 por ciento). Los líderes entrevistados expresan también su inquietud por el crecimiento de los poderes fácticos -en especial, los grupos económicos: 79,7 por ciento resalta su preocupación en este sentido- en detrimento de las autoridades formales, la falta de control y responsabilidad de los medios de comunicación, la tolerancia frente a la corrupción y el clientelismo y las desigualdades que afectan a grupos como la mujer (solo 15,5 por ciento de los congresos está conformado por ellas), los inmigrantes y los pobres.

El informe del PNUD suscitará, sin duda, un gran debate. Y ojalá sirva para esclarecer dilemas como el perfeccionamiento de la política, la recuperación de su credibilidad o el manejo de los imprevisibles efectos de la globalización. Todo parece indicar, en fin, que los ciudadanos de nuestro hemisferio no se conforman con una democracia imperfecta por ser, simplemente, el menos malo de los sistemas .

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.