ANDRES ESCOBAR

El primero de junio de 1989, un día después de que Nacional ganó la Copa Libertadores, en medio del guayabo de la celebración Andrés Esobar y sus compañeros llegaron a Medellín. Por más de cinco horas, en compañía de Leonal Alvarez, estuvo montado en un trasmóvil radial tratando de llegar al estadio. Llegó el momento en que no pudo contener las ganas de ir al baño y se orinó en los pantalones. Cuando se bajó, así como estaba, Juan Gómez Martínez, en ese entonces gobernador de Antioquia, lo recibió con tremendo abrazo.

18 de junio 1994 , 12:00 a. m.

De eso, hasta hoy, pocas personas sabían, pero así fue. Cuando se acuerda de eso, no puede dejar de reírse hasta el cansacio.

Andrés Esobar Saldarriaga es un hombre alegre, sencillo y ante todo feliz, que muy de vez en cuando se pone de mal genio.

El susto más grande que se ha llevado en su vida fue una vez, en Medellín, cuando le dispararon al carro. No sabe qué fue lo que pasó.

Pero la vida la puso en su camino un día más oscuro. Ese 11 de noviembre del 85 cuando doña Beatriz, su madre, murió de cáncer.

A los cinco años, en su primer acto de rebeldía, estaba con su familia en El Exito de Medellín. Se antojó de unos zapatos. No se los quisieron comprar y se escapó. Cuando sus padres llegaron a la casa, él ya estaba allí. Por su puesto la pela fue tremenda.

De grande siempre ha tenido un buen comportamiento, hasta ser considerado como el caballero de la Selección, dentro y fuera de la cancha.

De Darío, su papá, ha recibido el mejor ejemplo. El sin ser un hombre que da consejos, con su manera de ser y trabajar ha sido el mejor espejo a seguir.

Como estudiante fue regular, se graduó a los 18 años en el Conrado González de Medellín. En el Icfes sacó 252 puntos.

Cuando estuvo en Suiza lloró muchas veces, La soledad estaba acabando con él.

De niño, peleaba mucho con su hemano Santiago, también futbolista, tres años mayor, que se la tenía montada. Hoy son excelentes amigos.

Desde hace cuatro años es novio de Pamela Cascal, una odontóloga paisa, con la que se va a casar, aún no sabe cuándo.

A Pamela la conoció en La Babiera, un sitio nocturno en Medellín. Antes la había visto en una fiesta, y muchas veces se la encontraba en la calle. Poco a poco se fueron arrimando, hasta que por fin se encontraron.

Siempre le gusta estar impecable y lo que no soporta es no poderse lavar los dientes.

Es poco amante de la lectura, porque no se puede estar quieto. Empieza un libro y cuando va en la tercera página lo tiene que dejar, poque se desespera. nSer genuino es para Andrés la clave del éxito, en todo el sentido de la palabra.

Alguna vez empezó una colección de relojes, pero se aburrió y se los regaló a sus sobrinos.

Le encanta las lociones y vestirse algo formal, con pantalones anchos, camisa y zapatos. Muy de vez en cuando se pone jeans.

En música prefiere la romántica, ojalá la de Franco De Vita. Bailando, solo lo entiende su novia.

El azul es su color preferido, pero para salir de noche prefiere vestirse de negro.

Nunca se pondría arete, y el desodorante lo compra en Colombia.

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