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LA JUSTICIA COJEA, PERO A VECES NO LLEGA

LA JUSTICIA COJEA, PERO A VECES NO LLEGA

Esta historia judicial es casi una novela garciamarquiana que refleja las injusticias de la justicia. Por contradicciones en la valoración de la prueba y por desconocimiento de un precepto constitucional de sus juzgadores una persona acusada de hurto calificado, acceso carnal violento y lesiones personales quedó en libertad.

El hecho se produjo después de que pesaba sobre el sindicado una pena principal de dos años de prisión y las accesorias de pérdida de derechos y funciones públicas, además de la suspensión de la patria potestad por igual término como autor del ilícito de acceso carnal violento.

La historia comenzó el 20 de octubre de 1991 a las 3:30 de la mañana cuando Arturo Restrepo Orozco se metió de menera clandestina a una casa del barrio Santa Fe, en Buenaventura.

Con un machete, que encontró en la vivienda, amenazó a todos los moradores de la casa.

Apagó las luces y aparentemente abusó sexualmente de la dueña de la vivienda.

Cuando el esposo de la víctima, Gerardo Barona Trejos, se dio cuenta que el asaltante se encontraba solo, trató de desarmarlo, pero en el forcejeó el agresor lo hirió en la frente y en una pierna.

Restrepo alcanzó a huir, y cuando Barona intento ir tras él, notó que su esposa estaba herida y que había desaparecido su ropa y sus documentos de identidad.

Horas más tarde el agresor fue detenido, e identificado por la víctima, en el hospital de esa localidad cuando lo estaban curando de las heridas que le había causado la ofendida.

Después de escuchar al sindicado en indagatoria el Juzgado 30 de Instrucción Criminal le dictó auto de detención por los delitos de acceso carnal violento, lesiones personales y hurto.

Celebrada la audiencia pública, el Juzgado 4 Penal del Circuito lo condenó por lesiones personales y hurto calificado, y lo absolvió por el acceso carnal violento.

Entonces, el abogado del condenado apeló la decisión ante el Tribunal Superior de Cali.

Esa corporación, al estudiar el caso, absolvió a Restrepo por hurto calificado; le solicitó a la Policía que se ocupara del delito de lesiones personales, y lo condenó por el acceso carnal violento únicamente.

Según el Tribunal al realizar un nuevo examen de las pruebas determinó que el delito de acceso carnal sí se cometió, y el de hurto calificado no. Es decir, la corporación contradijo la tesis del juzgado.

Una vez más, el abogado del procesado apeló el fallo ante la Sala Penal de la Corte Suprema de Justicia, alegando que el Tribunal violó el debido proceso.

La Constitución en su artículo 31 dice que el superior no podrá agravar la pena impuesta cuando el condenado sea el apelante único. Sin embargo, la corporación judicial desconoció la norma suprema y le agravó la pena al condenado.

Al entrar a estudiar el recurso que presentó la defensa, la Corte, con ponencia del magistrado Dídimo Páez Velandia, consideró que el Tribunal no respetó la garantía constitucional que consagra el artículo 31.

Toda vez dice la Corte que modificó una situación favorable al trocarla por una gravosa, lo cual en sentido estricto no es un problema de competencia, sino un claro desconocimiento del precepto sustancial .

Para la Corte la corporación de segunda instancia no podía reemplazar el fallo absolutorio proferido por el juzgado por hurto, por el de violación, así su visión de la prueba le indicara que el acusado efectivamente había incurrido en él .

Ante estos hechos la Sala Penal se vio en la obligación legal de anular la condena que le impusó el Tribunal a Restrepo por violación.

Con relación al delito de hurto, por no haber sido objeto de impugnación ni de reparo alguno oficioso, quedará incólume el fallo del Tribunal al respecto , dijo la Sala.

Es decir, como la corporación de segunda instancia le revocó la sentencia por hurto calificado, al no encontrar pruebas para mantenerla, la Corte sostiene que por ese ilícito el sindicado debe ser absuelto.

Así, la Corte ordenó la inmediata liberación de Restrepo.

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