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En la medida en que pasa el tiempo, la información, posiciones, estudios, etc., referentes al TLC se van concretando. Los que apoyan su celebración con los diferentes matices que existen, y los que se oponen desde diversos ángulos, van concretando su ubicación y cerrando filas.

22 de abril 2004 , 12:00 a.m.

En la medida en que pasa el tiempo, la información, posiciones, estudios, etc., referentes al TLC se van concretando. Los que apoyan su celebración con los diferentes matices que existen, y los que se oponen desde diversos ángulos, van concretando su ubicación y cerrando filas.

Empecemos por el Congreso de la República donde de unos tímidos primeros pasos hace algunos meses, orientados a generar ilustración sobre el tema, nos encontramos frente a un proyecto de ley en el cual se invadiría la órbita del ejecutivo. Aquí el gobierno se ha dejado intimidar un poco o por lo menos en aras de mostrar una política de puertas abiertas, ha permitido la injerencia de diferentes agentes con criterio "fiscalizador", en una etapa en que son otros los jugadores llamados a actuar. Estos agentes, independientemente de la legalidad de su intervención, lo que pueden es dificultar seriamente la negociación.

Mientras tanto, el sector privado hace grandes esfuerzos por consolidar sus análisis sectoriales y lograr una posición coordinada recogiendo los diferentes intereses, a través del Concejo Gremial. La presencia activa del Congreso en la forma contenida en el proyecto de ley, puede abrir más la puerta de atrás a los intereses y presiones individuales que los gremios y el gobierno quieren y deben racionalizar y organizar. Con ello se fortalecería la rebatiña tras bastidores que tantas veces hemos visto cuando se discute y negocia una reforma tributaria, por ejemplo. Muchas manos y en consecuencia muchos intereses al momento de negociar no traerá nada bueno.

De otra parte, para algunos sectores políticos el TLC es ante todo una bandera que se identifica directamente con el presidente Uribe. Además, involucra a E.U. y conlleva a una mayor libertad y apertura, anatemas de su ideología. Por ello, su oposición al mismo tiene una brújula totalmente opuesta al debate y evaluación del contenido e implicaciones que realmente conlleva. Si se derrota a Uribe como se buscó en el referendo y de contera se golpean las relaciones con el "coloso del norte" y a la estigmatizada apertura, se hará "moñona". Mala cosa.

En el capítulo que se inicia lo que fundamentalmente debe primar es la claridad y objetividad en las posiciones de quienes les corresponde sentarse a negociar y de quienes deben dar los elementos que soporten esta delicada etapa. Todo ello sin mengua de los controles tanto políticos como legales en la oportunidad que determina el ordenamiento jurídico.

De la posibilidad aprobada públicamente, según la cual, los principales agentes del gobierno pueden disentir y aún oponerse abiertamente, llevando a que ya los identifiquen como "halcones y palomas", así sea como estrategia negociadora, se podría decir lo mismo. Mala cosa

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