ESTRELLAS QUE LUCHAN POR NO APAGARSE

ESTRELLAS QUE LUCHAN POR NO APAGARSE

La primera vez que se vieron, ella vestía traje blanco inmaculado y él estaba de frac. Eran los coprotagonistas, a punto de casarse, de Diario de una enfermera, la novela de 1961 en la que las estelares eran Rebeca López y Elisa de Montojo. Eran los comienzos de dos brillantes carreras que los llevarían a protagonizar decenas de telenovelas.

07 de junio 2004 , 12:00 a.m.

La primera vez que se vieron, ella vestía traje blanco inmaculado y él estaba de frac. Eran los coprotagonistas, a punto de casarse, de Diario de una enfermera, la novela de 1961 en la que las estelares eran Rebeca López y Elisa de Montojo. Eran los comienzos de dos brillantes carreras que los llevarían a protagonizar decenas de telenovelas.

Son María Eugenia Dávila, la gran diva de la TV de todos los tiempos, y Ugo Armando, uno de los galanes más importantes de los años 60 y 70. Hoy, aunque no se ven hace muchos años, el destino los une pero en el extremo opuesto de la opulencia. Ambos, sobreviviendo de recuerdos, claman por nuevas oportunidades.

El pide trabajo; ella, una pensión, pues después de más de cuatro décadas dedicada a la actuación está sumida en la miseria.

En el rostro ajado, demasiado para una mujer que acaba de ajustar solo 55 años, se ven las marcas de una vida llena de excesos. Bien conocida es la historia de abuso de drogas y alcohol que le causó la ruina a la bella que todos recordamos como Manuelita Sáenz. María Eugenia no pide perdón pero si se arrepiente y sobre todo quiere que la suya sea una vida de ejemplo para las nuevas generaciones de artistas, para que los padres sepan guiar a sus hijos, para que su historia no se repita:.

"Tomarse un trago es delicioso, pero cuando llevas cuatro o más días y no puedes salir de eso, la vida se te vuelve un infierno. Yo quisiera una persona que me cuidara, también quisiera una pensión para poder terminar mis días. Solo quiero estar tranquila". Las lágrimas ruedan por el rostro de María Eugenia y arruinan la máscara de maquillaje con la que se cubrió su tristeza para que apareciera en las fotos con parte de la belleza que la hizo tan famosa.

La actriz de voz sensual y grave vive pagando alquiler con su hijo, Juan Sebastián, en Suba, en el noroccidente de Bogotá. El la sostiene con un modesto trabajo de empleado de un almacén. Duele mucho verla así y fijarse en las fotos, recordar los viejos dramatizados en los que fue la estrella.

María Eugenia viene de familia de artistas. Nacida en Medellín, un 9 de mayo de 1949, sus abuelos tuvieron una compañía teatral, Compañía Cardona, que entre 1988 y 1935 recorrió la Gran Antioquia. Con su abuela, Mamá Rosa y su madre Lila vio la primera transmisión de TV, el 13 de junio de 1954. Todavía se le hincha el pecho de gozo al recordar, en la casa de patio lleno de árboles de granadas, que al ver las imágenes pensó que quería estar allí.

Ya doña Lila, buscando trabajo en Bogotá como actriz teatral, la había llevado, a los 3 años de paseo. Hizo todo por convertir su sueño en realidad. Volvió a la Capital y en 1959, con 10 años, le dieron un papelito en la primera telenovela colombiana: El 0597 está ocupado.

Vivió varios años en México, hizo cine y lo tuvo todo. "Veía mucho cine francés. Quería ser como Elizabeth Taylor". Y lo logró, fue nuestra más cercana versión de la Taylor. Amor ciego, María, La malayerba, El bazar de los idiotas, Pero sigo siendo el rey... El de Señora Isabel fue su último papel importante. Hoy María Eugenia se esconde, le huye a los espejos y simplemente quiere refugiarse en su casa, con la ilusión de tener una pensión que no la obligue a pedirles dinero a sus conocidos y que le permita disfrutar de sus recuerdos de gloria con una sonrisa. "No quiero volver a actuar".

El mejor homenaje es tener trabajo.

Ugo Armando no se siente acabado y lo que espera es nuevas oportunidades. Sabe que tiene mucho para dar todavía y por eso se resiste a conformarse con los dos o tres capitulitos que cada año le salen en algún dramatizado.

El de la novela Kandó fue su personaje más exitoso, a finales de los 60, el que lo convirtió en ídolo de masas. Y en Lejos del nido, hace más de 15 años, hizo su última participación importante. Fueron más de 15 telenovelas, las que protagonizó. En Rauzán, hace dos años, tuvo su último trabajo y desde entonces clama por otra oportunidad. "Para qué tantos homenajes, si el mejor homenaje es que nos den trabajo", dice y la suya es la situación de tantos y tantos actores de su generación que ahora no son tenidos en cuenta. "En todas las historias se necesitan papás, abuelos, bisabuelos... Lo que queremos es continuidad de trabajo".

FOTO.

UGO ARMANDO y María Eugenia Dávila, en 1961, en los comienzos de sus carreras, coprotagonizaron Diario de una enfermera .

Archivo particular

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