ALFONSO HANSSEN CON UN LIBRO BAJO EL BRAZO

ALFONSO HANSSEN CON UN LIBRO BAJO EL BRAZO

Quiay de vidas es su saludo habitual. En un lenguaje tan rolo que es difícil creer que es de Socorro (Santander). Y si se hiciera esa pregunta todas las mañanas, su respuesta sería siempre la misma: libros, libros y, para variar, libros.

12 de octubre 1990 , 12:00 a. m.

Tiene unos siete mil en su biblioteca. Está tan ordenada y tiene tan buena memoria que, bajo esos redondos y pequeños anteojos de intelectual, encuentra sin problema cualquier título.

Y como los cachacos de antes, se pasea los fines de semana por barrios de Bogotá con un libro bajo el brazo y algún vistoso bastón de su colección en el otro.

Ese amor por las letras se ve y lee en sus publicaciones de ensayos y artículos en El Nuevo Siglo, EL TIEMPO y algunos diarios españoles. Además, en su programa semanal de televisión sobre crítica de libros y escritores.

Pero ahora, las cosas han cambiado. Su esquema de vida de dormir poco y de día, escribir de noche hasta tarde, y dedicar unas cuatro horas diarias a la lectura se vino abajo. Por culpa, como siempre, de los libros: es el nuevo director del Museo Nacional.

Alfonso Hanssen Villamizar, de 49 años, después de graduarse en el Virrey Solís de Bucaramanga, estudió dos años de derecho en la Universidad Externado. Y en la Universidad de los Andes se paseó por economía, ciencias políticas y, finalmente, filosofía y letras.

Como académico, también ha estado en universidades de aquí y de Europa. En todos esos recorridos, Kafka, Proust y Joyce han influido mucho. Y se ha quedado con el poeta griego Khavafi, el suizo Robert Walses, el portugués Fernando Pessoa, los nórdicos August Stridberg y J.V. Jensen y el colombiano García Márquez.

Los cargos públicos también lo han seducido: secretario privado del Ministerio de Desarrollo, asesor del de Salud, Gobierno, de la Gobernación de Cundinamarca, del Senado, de la presidencia del Banco de Colombia y, actualmente, del programa PNUD de Naciones Unidas... y cónsul de Colombia en Holanda y Bélgica.

Todo eso en medio de una bohemia, en la que durante los años 60 era considerado todo un bailarín. Hoy apenas hace bicicleta estática y escucha salsa y rock.

El Gordo Hanssen , como lo llaman, fuma pipa, bebe whisky y toma vino tinto. Sin excesos, porque ya ni tiempo tiene para eso. Menos mal es soltero, porque con ese ritmo de vida... Aunque a veces hace de papá con sus dos sobrinos. Ellos gozan con sus apuntes y esa simpatía con la que a veces parece que nunca va a terminar de hablar...

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