DEBATE O MILIMETRÍA

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Las apuestas de los partidos y actores políticos relevantes, luego del triunfo electoral del Polo Democrático en Bogotá son sin lugar a dudas, el telón de fondo que puede ayudar a comprender buena parte de las controversias futuras sobre el rumbo de la ciudad.

24 de abril 2004 , 12:00 a.m.

Las apuestas de los partidos y actores políticos relevantes, luego del triunfo electoral del Polo Democrático en Bogotá son sin lugar a dudas, el telón de fondo que puede ayudar a comprender buena parte de las controversias futuras sobre el rumbo de la ciudad.

Vayamos por partes: A diferencia de Mockus -quien basó su modelo de relaciones con el Concejo en lo que llamó "la total independencia de poderes"-, Luis Eduardo Garzón ha hablado de concertación. El PDI y el partido liberal -que lo acompañó desde la campaña-, junto con otras fuerzas representadas en el Concejo, han establecido una relación de colaboración a través del respaldo, todavía no sometido a prueba, de la coalición mayoritaria a la gestión de la administración.

La coalición ha probado ser efectiva para hacerse al control de las mesas directivas, de la presidencia de la corporación y en la elección del personero y del contralor distritales. Nada distinto de lo ocurrido en períodos anteriores. Pero su solidez aún está por verse y el primer escenario para apreciar si existe o no será el trámite del Plan de Desarrollo Bogotá sin indiferencia , en mayo próximo.

Si bien, el nuevo esquema parece favorable al momento de tramitar proyectos de acuerdo claves para la Administración, su gran riesgo está en que, en aras de mantener la concertación, se caiga en una suerte de "clientelismo de izquierda" que fulmine la expectativa de prácticas políticas constructivas, en el marco de un modelo de relaciones Concejo-Administración que, a diferencia de Mockus, no base su éxito electoral en el desprestigio de la política y los políticos locales.

En el esquema planteado por Garzón, lograr la expedición del Plan de Desarrollo como resultado de la búsqueda de acuerdos -lo cual es inherente al escenario de disputa política que significa el Concejo-, es sin duda, un acto de coherencia.

Pero justamente, en los medios utilizados para lograr tal fin, puede estar la diferencia. Concertar políticas públicas y reorientación del gasto por ejes o prioridades, para permitir a líderes políticos individuales capitalizar el éxito de adoptar posiciones colectivas o de partido, aunque suene arriesgado, plantea una práctica audaz pero consistente con los objetivos de la reforma política de fortalecer los partidos.

De otra parte, en la Bogotá de hoy, definitivamente hay más riesgo y menos proyección política - especialmente para quienes llegan por primera vez al gobierno-, en lograr resultados a base de intercambiar recursos públicos (burocracia o contratos) por adhesión. Esta última opción, lejos de abrir campo a fuerzas alternativas en el mediano plazo, refuerza ahora y consolida hacia el futuro el papel de los microempresarios electorales como intermediarios entre los bienes y servicios públicos y, las necesidades de los ciudadanos.

El reto no es solo para el Alcalde y el PDI, sino también para el Partido Liberal y para muchos de quienes llegaron al Concejo hablando en contra de prácticas tradicionales o de recuperar el prestigio del cabildo.

De otra parte, encontramos en el Concejo a quienes, por convicción, porque perdieron las elecciones o por ambas, están en la oposición (en cualquier caso, motivaciones perfectamente legítimas). Para ellos, como para cualquier político, la máxima preocupación es reproducirse y su apuesta está orientada a exigir cuentas y a no desaprovechar ninguna oportunidad para resaltar las debilidades de la actual administración, recalcando de paso la validez de lo que ellos mismos denominan "el modelo de ciudad" representando principalmente por las ejecutorias del ex alcalde Peñalosa.

Se trata del camino elegido para mantenerse vigentes en el escenario distrital que hoy les es adverso, pero además de un serio ejercicio de oposición política, imprescindible en una democracia y especialmente importante como mecanismo de control. Al respecto bien cabe el adagio de que en política uno no puede quejarse de lo que hace la oposición, sino más bien preocuparse de su exceso o falta de audacia.

En la base de todo está el mejoramiento de la calidad de vida de la ciudad y el desarrollo de nuestra cultura política y en ello, este Concejo y esta administración tienen una oportunidad de oro y, por supuesto, el próximo turno en el uso de la palabra.

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