POR DONDE MUERE EL PEZ

POR DONDE MUERE EL PEZ

Regurgita el bebé sus primeros fonemas y con el corazón en la mano decimos: Está aprendiendo a hablar! . A cada vez más tempranas edades, cuando la niña o el niño construye frases y se expresa con la discreta holgura y la sorprendente inteligencia del infante, decimos: Aprendió a hablar! . Pero ese grado es una gran mentira. Aprendió a pronunciar palabras. Podrá pasarse toda la vida y el resto de la muerte y no sabrá hablar.

31 de mayo 2004 , 12:00 a.m.

Regurgita el bebé sus primeros fonemas y con el corazón en la mano decimos: Está aprendiendo a hablar!". A cada vez más tempranas edades, cuando la niña o el niño construye frases y se expresa con la discreta holgura y la sorprendente inteligencia del infante, decimos: " Aprendió a hablar!". Pero ese grado es una gran mentira. Aprendió a pronunciar palabras. Podrá pasarse toda la vida y el resto de la muerte y no sabrá hablar.

La reflexión viene a cuento cuando veo, cuando escucho, mejor, a tantos hombres públicos, comenzando por el presidente de la república, deportistas, periodistas, funcionarios, y todos los que humanos somos, hacer declaraciones que demuestran lo inevitable: que no sabemos hablar. Volcanes~parecemos de palabras inoportunas, hirientes, excesivas, ofensivas, imprudentes, necias, imprecisas, muchas veces mentirosas o simplemente guiadas por la ira que es, de todas las malas consejeras, la peor. Así nos movemos por el mundo, arropados en el manto cómodo de "la sinceridad" y escondidos tras la máscara arrogante del "carácter". Y pensamos con satisfacción: yo soy así, le canto la tabla a cualquiera, no tengo pelos en la lengua. Lo que de allí se desprende, y que está reservado a quienes toman conciencia de lo dicho, es una amalgama de actos de contrición, ofrecimiento de disculpas a diestra y siniestra, deterioro de la credibilidad. Y un llamado permanente a pensar antes de hablar, a que en boca cerrada no entran moscos, a saber porqué el pez muere por la boca. Una y otra vez...

La historia es una referencia continua, una solicitud, una recomendación, un consejo al rey de la creación para que cuide su lengua. Mejor dicho: para que aprenda a hablar. Lo digo en una charla que dicto y que se llama así: aprenda a hablar. No a expresarse bien en público, que eso es otra cosa posterior. La Biblia, El Corán, El Talmud, los libros de Confucio, el Tao, las frases de los grandes pensadores, los adagios, los refranes, las coplas de mi pueblo. Por donde usted mire, una sabiduría del universo le grita o le susurra: aprenda a hablar. Los pasos son sencillos y rápidos. Aprenderlos le puede tomar toda la vida, si se lo propone. Aprender a hablar comienza por aprender a escuchar. Por eso nos dieron dos orejas y una sola lengua. Mucho de lo que decimos está basado en que oímos mucho y escuchamos poco. Y bla bla bla: esa es la regla de un mundo locuaz, desenfrenado, donde la palabra es un caballo desbocado que perdió su compromiso con el~espíritu y al que le soltaron las riendas de la verdad,~de la integridad. Pero si usted escuchó bien, sepa que siempre hay una oportunidad para decir las cosas, un tono, una medida. Aprenda el valor del silencio. La prudencia que hace verdaderos sabios. "Hay hombres cuyas palabras son como golpes de espada; más la lengua de los sabios es medicina; el labio veraz permanecerá para siempre; más la lengua mentirosa sólo por un momento; el que guarda su boca guarda su alma, más el que mucho abre sus labios, tendrá calamidad". No le digo más.

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.