LA TRAGICA METAMORFOSIS DE AMAURY , EL MEJOR SOLDADO

LA TRAGICA METAMORFOSIS DE AMAURY , EL MEJOR SOLDADO

En el último trimestre de 1992, noventa de los mejores suboficiales del Ejército de Colombia fueron citados a la base de Tolemaida, en Nilo (Cundinamarca).

07 de marzo 2004 , 12:00 a.m.

En el último trimestre de 1992, noventa de los mejores suboficiales del Ejército de Colombia fueron citados a la base de Tolemaida, en Nilo (Cundinamarca).

De entre todos ellos, alumnos de un curso extraordinario y escogidos por sus especiales capacidades para el combate, uno se destacó: Luis Francisco Robles Mendoza.

No fue solo asunto de sus 1,90 metros, estatura que hacía ver a este guajiro -nacido en Fonseca- como un gigante entre jóvenes con un promedio de 1,65 metros de altura. Robles Mendoza reflejó algo más.

No necesitó mucho esfuerzo para que se fijaran en él: tenía porte, bagaje cultural y liderazgo. Hablaba poco y hacía mucho , recuerda un oficial que lo tuvo bajo su mando.

Para finales de ese año, el cabo primero Robles Mendoza se convirtió en líder del curso de suboficiales número 3, por sus incomparables habilidades para el tiro y su carácter.

Era muy religioso. Iba todos los días a la capilla y oraba. Cuando no había tiempo en el día, esperaba a la volteada (trote en grupo alrededor de la base) y le rezaba a una virgen que estaba en el camino , recuerda uno de sus compañeros de curso.

A muchos soldados -cuenta otro compañero- tocó enseñarles a manejar los cubiertos. Robles ayudó en esa tarea. Era muy culto .

No era de beber licor cada ocho días. Era un hombre de disciplina, mística y ejercicio. Nadie le ganaba en el trote y en el tiro era perfecto, siempre era el tirador escogido, donde ponía el ojo ponía la bala. Cuando hablaba delante del grupo, todos lo escuchábamos. Era un consejero , añade el oficial.

Graduación con honores.

Robles, quien cumplirá 37 años el próximo 21 de mayo, se graduó con honores y en los años siguientes a la terminación del curso demostró que su ambición militar no tenía límites y realizó todos los cursos posibles para los combatientes: lancero, paracaidista, contraguerrilla, antiterrorismo urbano, explorador, siempre en grupos elite. En todos ellos ocupó siempre el primer lugar.

En el lado derecho de su uniforme no cabía una insignia más. Y el lado izquierdo estaba tan lleno de medallas que parecía un general , contó el mismo oficial.

Robles Mendoza era, desde las escuelas hasta las oficinas de los altos mandos, el soldado de mostrar cuando alguna delegación extranjera visitaba el país. Era un hombre de los que difícilmente había dos en el Ejército , comentó otro compañero.

Todo marchó bien para Robles Mendoza en el Ejército, hasta una tarde en que salió de permiso y la vida le cambió dramáticamente.

Sin que todavía exista una explicación clara, el suboficial asesinó, de tiros certeros en la cabeza, a dos hombres en un restaurante de Chapinero, en Bogotá. Otra persona que los acompañaba resultó herida.

El hecho ocurrió el 23 de febrero de 1998 en el restaurante Toledo, ubicado en la calle 63 con carrera 13. Robles y dos compañeros llegaron al establecimiento y ocuparon la mesa 8.

Unos minutos después llegaron cinco personas, entre ellas Neil Fred Pupo Hoyos y Johny de Jesús Hoyos Hernández, quienes ocuparon la mesa 22. Uno de ellos, Morgan Enrique Sierra, se acercó a la mesa 8 y le reclamó a Robles por la forma en qué los estaba mirando.

Según testigos, Robles le dio la mano en señal de amistad y de no querer problemas. Sierra, entonces, volvió a la mesa 22 y siguió departiendo con sus amigos.

A sangre fría.

Después de que Robles y sus compañeros cancelaron la cuenta, subieron a un vehículo blanco y esperaron la salida de los clientes de la mesa 22.

Cuando estos cruzaron la puerta del establecimiento, Robles bajó del carro.

A sangre fría y con una pistola Glok, calibre 40, sin salvoconducto, disparó y asesinó a Pupo Hoyos de un tiro en la cabeza. De la misma forma mató a Oscar Ordóñez Morales, un cliente que a esa hora salía del establecimiento. Hoyos Hernández sufrió lesiones en el tórax y la columna, pero no corrió la misma suerte gracias a la intervención médica oportuna.

Los acontecimientos que se derivaron de ese día tejieron una cadena que convirtieron a este ex Rambo del Ejército colombiano en la cabeza de un frente de las Autodefensas Unidas de Colombia (Auc) en los Montes de María y, actualmente, en el hombre más buscado por las autoridades en Sucre, Bolívar y Magdalena.

Luego del homicidio múltiple fue retirado de las filas y recluido en los calabozos del Batallón de Policía Militar No. 13, en Puente Aranda, occidente de Bogotá, mientras esperaba la investigación y el juicio.

Robles no tuvo paciencia. Escapó de esa unidad militar a finales de 1998.

Dos soldados lo condujeron a una cita en el consultorio odontológico, pidió prestado el baño y se cambió la ropa de civil por un uniforme de campaña que alguien le suministró.

Salió por una ventana y, sin que nadie lo detuviera, llegó a la Escuela de Ingenieros y luego pasó a la Brigada Logística. Como nadie lo reconoció, salió por la puerta principal , cuenta un militar asignado a la guarnición para esa época.

Días después, voceros paramilitares dijeron en entrevistas que habían recibido en sus filas al militar fugado.

Para febrero del 2001, Robles Mendoza, quien ya era conocido como Amaury o 07 , fue encargado de repeler al frente 35 de las Farc, que opera en los límites entre Sucre y Bolívar. Al poco tiempo, su frente se apoderó del corredor Zambrano (Bolívar)-Plato (Magdalena). Cometían actos de piratería terrestre y les exigían dinero a ganaderos y agricultores.

Luego controlaron el robo de combustibles del poliducto de Ecopetrol, asesinando a los delincuentes que se dedicaban a ese ilícito. Robles, además, ganó fama en la zona porque ordenaba matar a forasteros.

Según organismos de seguridad, Amaury se convirtió en una especie de exterminador. Dentro de su grupo trató de mantener disciplina asesinando a mujeres que, según él, mantenían una vida sexual promiscua.

Cuentan que a sus víctimas, alrededor de 70, las arrojó al río Magdalena para ocultar la evidencia.

Otro 23 de febrero, pero del 2002,Amauryi , dirigió un ataque contra detectives del DAS que realizaban pesquisas sobre el hurto de combustible del poliducto de Ecopetrol que pasa por Magdalena, Sucre y Bolívar.

Sabemos que ese día, Amaury realizó una llamada telefónica a un puesto del DAS de Magangué y denunció la presencia de un camión con hombres que extraían gasolina de poliducto en el sitio La Ventura, a unos 20 minutos del casco urbano , recuerda un investigador que pidió el anonimato.

Atendiendo la denuncia, cinco detectives del DAS salieron hacia el lugar en una camioneta Toyota, pero al llegar al sitio, hacia las 6 de la tarde, unos 20 paramilitares les salieron al paso. Los bajaron y, sin mediar palabra, les descargaron ráfagas de fusil.

Según el expediente, los paramilitares subieron los cuerpos a la Toyota oficial y los llevaron hasta un sitio conocido como Tacamochitos, a orillas del Magdalena.

Amaury , quien los esperó allí, ordenó bajar los cuerpos, desenfundó una pistola y les dio, a cada uno, un tiro de gracia. Después, dice la investigación, le ordenó al segundo del frente paramilitar, Megateo , que les abriera el abdomen y que, junto con la camioneta, los lanzara al río.

Desde ese momento, Amaury se convirtió en la obsesión del DAS, la Infantería de Marina y la Policía. Una vez estuvo a punto de ser detenido, pero las tropas solo encontraron en el campamento fotografías de la época de militar de Robles Mendoza y libros de contabilidad de las Auc.

Cuentan que el desborde de Amaury llevó, en el 2002, al propio Carlos Castaño y Salvatore Mancuso a retirarlo de las filas paras .

Ante la justicia colombiana Robles afronta tres procesos. En uno de ellos ya fue condenado.

Tiene una medida de aseguramiento del Fiscal 6 de la Unidad de Derechos Humanos por homicidio, hurto y concierto para delinquir.

Sobre él pesa una orden de captura por homicidio, concierto para delinquir y porte ilegal de armas, del Fiscal 304 delegado ante el DAS, por el crimen de los agentes de esa institución en Magangué.

Por último, el Juez 32 Penal del Circuito de Bogotá lo condenó, en abril del 2003, a 37 años y cinco meses de cárcel por los hechos del restaurante Toledo de Bogotá.

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