MERCADO INTERNO Y POBREZA

MERCADO INTERNO Y POBREZA

La semana pasada planteaba la importancia de la ampliación del mercado interno para acelerar el crecimiento económico, y como la demanda interna ha sido y seguirá siendo la principal fuente del crecimiento y de la generación de empleo. No es una tesis original ni nueva, lo que pasa es que también en la economía las nuevas modas hacen olvidar conceptos tan antiguos que provienen desde el mismo Adam Smith.

20 de julio 2004 , 12:00 a. m.

La semana pasada planteaba la importancia de la ampliación del mercado interno para acelerar el crecimiento económico, y como la demanda interna ha sido y seguirá siendo la principal fuente del crecimiento y de la generación de empleo. No es una tesis original ni nueva, lo que pasa es que también en la economía las nuevas modas hacen olvidar conceptos tan antiguos que provienen desde el mismo Adam Smith.

En Colombia fue el profesor Lauchlin Currie quien más insistió en la necesidad de expandir el mercado interno como estrategia de desarrollo, y logró que varios gobiernos adoptaran sus tesis; los resultados de ese modelo fueron tasas de crecimiento promedio del 5 por ciento anual, muy superiores a las logradas con la apertura hacia adentro de la década pasada.Un corolario directo del reconocimiento del papel que juega la demanda interna en el proceso de crecimiento es entender que la pobreza y la concentración del ingreso son uno de los principales obstáculos para el desarrollo económico. Lo usual es ver la relación de causalidad en el sentido inverso y por eso se afirma, con razón, que la pobreza es una consecuencia del subdesarrollo, que se empeora con la recesión y las crisis económicas. Pero ante el fracaso de las reformas neoliberales en toda América Latina, los economistas cada vez prestan más atención a la pobreza y la desigualdad como causas del estancamiento económico y el desempleo estructural de la región.La explicación es tan simple que sorprende que se haya dejado de lado durante tantos años: la falta de capacidad adquisitivo de una gran parte de la población restringe la demanda de bienes y servicios, de manera que los empresarios no tienen incentivo para expandir sus fábricas, invertir en maquinaria ni contratar nuevos trabajadores para aumentar la producción porque no van a tener a quien venderle sus productos. De hecho desde hace muchos años los empresarios vienen respondiendo en las encuestas que la falta de demanda es el principal problema que afrontan y la razón que explica la escasez de proyectos de ampliación de la capacidad instalada.La tragedia latinoamericana de las últimas décadas consistió en que para salir de esta encrucijada no se diseñaron estrategias que ampliaran el mercado interno aumentando la capacidad adquisitiva de los consumidores nacionales y por lo tanto mejoraran la distribución del ingreso y redujeran la pobreza- sino que se optó por la solución -necesaria pero no suficiente- de buscar los mercados externos que por su tamaño y capacidad de compra podrían absorber todos los excedentes de producción. El desprecio por el mercado interno se hizo evidente cuando se cometió el error de creer que la mejor manera de incrementar las exportaciones era derribando todos los mecanismos que protegían a los productores nacionales.

El empeoramiento de la situación de pobreza y miseria que en esta semana confirmó el informe de la Contraloría General de la República sobre la política social, y la desmejora en los índices de calidad de vida que nos hicieron descender en el ranking de desarrollo humano del Pnud, son consecuencia directa del modelo de la globalización neoliberal que impide el desarrollo del mercado interno y aumenta la desigualdad.

La clave de este modelo es crear las condiciones para atraer la inversión extranjera que venga a maquilar productos con costos más bajos que les permitan competir en los mercados internacionales. Para ello es necesario garantizar bajos salarios y reducir lo más posible la cantidad de trabajadores, puesto que los costos laborales son vistos como el factor que más afecta la competitividad de las empresas. Triste suerte la del trabajo, que de ser considerado la única fuente de la creación de valor en la teoría económica clásica, pasó a ser visto como un costo que destruye valor para los accionistas.

Lo que se olvida en esta visión es que los salarios si bien son un costo en el P y G de las empresas individuales, en el conjunto de la economía son los que determinan la capacidad de compra de los consumidores y, por lo tanto, el tamaño de la demanda interna. Por eso si no se mejora la actual estructura de distribución del ingreso entre propietarios y trabajadores será muy lenta la expansión del mercado interno e exiguo el crecimiento de la economía,

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