HEIDELBERG, CENTRO CULTURAL DE ALEMANIA

HEIDELBERG, CENTRO CULTURAL DE ALEMANIA

Algo debe tener Heidelberg para que la hubieran escogido como lugar de residencia los románticos alemanes Bretano y von Arnim; pero también Goethe y Max Weber, e incluso muchos de los grandes filósofos germanos como Hegel, Jaspers o Gadamer.

29 de abril 2004 , 12:00 a.m.

Algo debe tener Heidelberg para que la hubieran escogido como lugar de residencia los románticos alemanes Bretano y von Arnim; pero también Goethe y Max Weber, e incluso muchos de los grandes filósofos germanos como Hegel, Jaspers o Gadamer.

No es solo un bonito lugar. Es una típica ciudad alemana, llena de historia y cultura, a una hora de Francfort, en el estado de Baden-Wurttemberg, sur del país.

Para descubrir sus bellezas no hay que recorrerla en carro o en taxi. Lo mejor es caminar por sus pequeñas calles con los ojos bien abiertos. O en bicicleta, como hacen muchos de los estudiantes que allí viven.

Puede ir, por ejemplo, a la Bismarckplatz, por donde cruzan casi todas las líneas de buses y tranvías y donde en realidad comienza el centro histórico de la ciudad. Continúe entonces su recorrido por la Haupstrasse, la calle principal de esta zona antigua. En los edificios hay tiendas de toda clase: ropa, libros, música o chocolates, entre ellos, por supuesto, el Heidelberger Studentenkuss (beso del estudiante de Heidelberg).

Un kilómetro más adelante, la calle se abre para dar paso a la Universitla plaza de la universidad de Heidelberg, la más antigua y una de las más famosas de Alemania. Fue fundada en 1386 y entre los siglos XVIII y XIX, Heidelberg y su campus se habían convertido en un enclave intelectual. Poetas como Josef von Eichendorff, Bettina von Arnim o Clemens von Brentano crearon círculos literarios que influirían en el desarrollo de la literatura romántica.

Y a mediados del siglo XIX cambiaron las prioridades del pensamiento. El sentido de la vida dejó de ser el protagonista de los debates para dar paso a la política y luego a la medicina y las ciencias.

Hoy, 25.000 estudiantes viven allí contagiando a la ciudad con su juventud. Por todos lados se ven leyendo libros, interpretando algún instrumento y, por supuesto, bebiendo cerveza.

En la plaza hay edificios estudiantiles, como el Alte Universit, que data de 1712. En este funciona el museo de la Universidad y la Studentenkarzer: la antigua cárcel donde entre 1778 y 1914 se encerraba a los estudiantes que cometían cualquier crimen que estuviera por fuera de la jurisdicción ordinaria. La penalidad duraba de tres días a cuatro semanas, y mientras pasaba el tiempo, muchos pintaban grafitis, que están allí todavía.

Ruinas para la historia.

Desde la Universitse pueden ver las románticas y bellas ruinas del castillo de Heidelberg, enclavado en la colina que domina la ciudad.

Se llega en buses o en funicular, pero resulta más bonito subir por una larga escalera. Al lado, en la montaña, están las casas de algunas ligas estudiantiles, donde habitan solo quienes pertenecen a estas asociaciones.

El castillo de Heidelberg era la residencia de los príncipes o condes del palatinado, destruido en 1693 por las tropas de Luis XIV, quien trató de conquistar la región en nombre de su cuñada, la princesa Elizabeth Charlotte.

Aunque se hicieron dos intentos de reconstrucción (uno en el siglo XVIII y el otro en el XIX) ahora el Estado lo mantiene como una ruina y como uno de los grandes símbolos del romanticismo alemán.

Rodeado de parques, es también un lugar para pasear los fines de semana. Durante el verano, el castillo se convierte en escenario de la buena música, del teatro y de la opereta. Y resulta fascinante ver los espectáculos de fuegos artificiales que lo iluminan como si fuera una gran antorcha.

Momento de tertulia.

Abajo, detrás de la plaza de la Universidad, está la parte antigua de la ciudad, con pequeñas plazas y calles salpicadas de bares y restaurantes. Aquí la gente se sienta al aire libre a disfrutar del buen tiempo, del sol (Heidelberg es uno de los lugares más calientes de Alemania) o simplemente, a ver la gente pasar.

A pocas cuadras, el Alte Brucke (puente) atraviesa el río Neckar. Fue construido en 1788 y destruido en los últimos días de la Segunda Guerra Mundial no por los aliados sino por el ejército alemán Heidelberg es una de las pocas ciudades alemanas que no fue bombardeada. Después de la guerra, el puente fue reconstruido como antes.

En el otro lado del río, en el monte, está el Philosophenweg, el camino de los filósofos. Es un sendero con una apacible vista que engloba el río, el puente viejo, el casco antiguo y el castillo.

Con este panorama, puede entender fácilmente por qué muchos de los grandes pensadores de Alemania eligieron Heidelberg para vivir y trabajar.

Foto: IGLESIA DEL SAGRADO CORAZON (Heiliggeistkirche), en la Marketplatz./ Oficina de Turismo de Heidelberg.

Si usted va.

Desde Bogotá hay vuelos a Francfort vía París, Madrid o Londres. Próximamente, la recién creada aerolínea Fénix ofrecerá un vuelo directo entre Bogotá y Francfort.

Desde allí, se llega en tren a Heidelberg, que está a una hora. El viaje cuesta entre 15 y 20 euros (45 a 60.000 pesos). Tenga en cuenta que la estación queda dentro del aeropuerto.

LaHeidelberg Card es una tarjeta que le permite pagar el pasaje en buses y tranvías, entrar al castillo y obtener un descuento en muchos museos. Para dos días cuesta 12 euros (36.000 pesos), para cuatro días, 20 euros (60.000 pesos).

La ciudad tiene una amplia oferta hotelera, cuyas tarifas van desde unos 20 euros, en hostales, hasta 150 euros en establecimientos de cinco estrellas.

Informes web www.cvb-heidelberg.de (en alemán, inglés, francés y español).

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