FALTAN VERDADEROS PARTIDOS POLÍTICOS

FALTAN VERDADEROS PARTIDOS POLÍTICOS

Un largo periodo de declive de los partidos políticos fue conduciendo, en la práctica, a su desaparición como colectividades serias y responsables, al exclusivo servicio de la nación y su gente. Habiéndose dedicado a trabajar fundamentalmente para grupos y personas, perdieron credibilidad y se creo, en su contra, un notorio rechazo de la opinión pública. Esa inversión de valores, hizo que los partidos dejaran de ser las principales barreras con que cuentan las democracias para frenar los abusos, de propios y extraños, contra la riqueza y potencialidades del país y para hacer frente a los grupos ilegales que con sus actividades ilícitas violan el marco constitucional y legal de la nación.

29 de abril 2004 , 12:00 a.m.

Un largo periodo de declive de los partidos políticos fue conduciendo, en la práctica, a su desaparición como colectividades serias y responsables, al exclusivo servicio de la nación y su gente. Habiéndose dedicado a trabajar fundamentalmente para grupos y personas, perdieron credibilidad y se creo, en su contra, un notorio rechazo de la opinión pública. Esa inversión de valores, hizo que los partidos dejaran de ser las principales barreras con que cuentan las democracias para frenar los abusos, de propios y extraños, contra la riqueza y potencialidades del país y para hacer frente a los grupos ilegales que con sus actividades ilícitas violan el marco constitucional y legal de la nación.

Como lógica consecuencia de lo anterior, las instituciones del Estado se fueron debilitando, creándose un ambiente y unas circunstancias propicias para que las organizaciones delictivas y mafiosas penetraran en el país y organizaran sus actividades, las cuales, han erosionado peligrosamente las bases democráticas y los valores éticos que distinguían a Colombia. En pocas décadas, hemos pasado de ser un país de administraciones transparentes, públicas y privadas, a uno que registra altísimos índices de impunidad y corrupción, simultáneamente con los deshonrosos títulos de campeones en homicidios, secuestros, extorsiones.

Esa carencia de verdaderos partidos es, también, la causa de la crisis política del momento. El presidente Alvaro Uribe Vélez, quién en su ya larga carrera de activista y dirigente político, siempre a nombre del partido Liberal, llega a la presidencia y jefatura del Estado por fuera del Liberalismo, derrotando, precisamente, al candidato oficial de esa colectividad y adquiriendo el gran compromiso de acabar con la violencia y obtener la paz interna, tan largamente añorada por los colombianos. Es claro, entonces, que el pueblo, en esta ocasión, eligió su presidente, no como el portaestandarte del programa de partido alguno, sino como el dirigente que ofreció la política que supo interpretar el querer mayoritario del momento.

En estas circunstancias, resulta fácil entender la crisis política del momento. Una parte mayoritaria de la opinión pública, según las encuestas, es amiga de la reelección inmediata; posición que, pienso, obedece al hecho de que ven al presidente trabajar sin descanso para hacer lo que cree necesario con el fin de cumplir con el compromiso adquirido y, también, porque dudan que quién lo suceda continúe con esta política. Y la otra parte de la opinión, es enemiga porque considera peligroso e inconveniente dicha reelección, por lo que puede significar como precedente para futuras alteraciones del orden institucional y, además, por el desgaste que supone para el gobierno la superación de la crisis.

Esta confusa situación no se presentaría de existir verdaderos partidos políticos, con programas sólidos, interpretes, a la luz de sus ideologías, de las necesidades del pueblo. En esas condiciones, el candidato que resultara elegido para gobernar estaría comprometido a ejecutar el programa del partido, desapareciendo así las dudas de la opinión sobre la continuidad del programa, en el caso de que el nuevo candidato del partido gobernante resultara victorioso. Ciertamente esa no es nuestra situación actual. No sé cual puede ser el desenlace de la crisis. Solo deseo que no se regrese a la desesperanza total, lo cual, hace imposible superar la indeseable situación actual. Entendamos: democracia sin verdaderos partidos, no funciona cabalmente

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