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VIDA DESPUÉS DE LA VIDA

VIDA DESPUÉS DE LA VIDA

Como un reconocimiento a sus aptitudes, A María Constanza Linares la eximieron del trabajo de tesis en la Universidad Jorge Tadeo Lozano, donde terminó recientemente la carrera de Bellas Artes. Pero se lo informaron casi un año y medio después de haberla terminado. En todo caso, quedó el premio, y quedó la experiencia de haber realizado una serie de obras para sustentar su trabajo, la cual fue expuesta el año pasado en el Planetario Distrital. Ahora, no obstante su condición de primípara en el medio artístico, fue escogida como la segunda aspirante al premio Henri Matisse, que organizan la Embajada de Francia, la Alianza Colombo-Francesa, la Universidad Nacional y EL TIEMPO. Con este motivo, lo más reciente de su obra se expone desde esta noche, y hasta finales de julio, en la sala Matisse de dicha embajada.

A propósito de su trabajo, el crítico de arte José Hernán Aguilar ha dicho que a pesar de su juventud, María Constanza Linares ha logrado una madurez conceptual no tan común en los artistas jóvenes . Aguilar ha encontrado en ella a una artista interesada más en el desarrollo de conceptos que en el de sensaciones , y como botón de muestra ha señalado su austeridad tanto en el manejo del color como en el de los materiales.

Y es que, evidentemente, a partir de dibujos trabajados en su mayoría con carboncillo, y recurriendo a técnicas descomplicadas como la del collage, logra construir una obra excitante en la que aparecen entremezclados los recuerdos de infancia, las vivencias frente a una mesa de arquitectura y las consideraciones alrededor del dolor o de la muerte.

Sin embargo, el papel que soporta estos motivos no queda tan desprotegido a la hora de ser colgado en la pared. Está clavado con fuertes tornillos sobre una lámina de metal que hace las veces de marco. Un enfrentamiento interesante, de lo débil del papel con la dureza del metal. Tal vez una referencia al hombre que lucha por sobrevivir en un mundo complejo como el de hoy.

Pero no es que María Constanza Linares pretenda emprender con su obra una crítica social. Para empezar, no cree en aquello de la misión del artista . Y, por lo demás, sabe que un día ya lejano comprendió que a su obra la empezaba a atacar el virus del panfleto, y se propuso evadir cualquier intención preconcebida a la hora de tomar el lápiz con sus manos.

Por eso ni siquiera realiza bocetos de lo que va a plasmar. Llega con una idea, y deja que la sensibilidad se vuelque en ese momento. Incluso permite que en la obra final quede en evidencia esa parte del proceso en bruto de la creación, para que no sea la técnica la que se robe el show.

Pero, como hija de un mundo marcado por los medios de comunicación, por el permanente bombardeo de noticias, sabe que lo que sucede a su alrededor termina por colarse en el cuadro. Le ha sucedido con la violencia, por ejemplo.

Y sobre todo porque una de las constantes de su trabajo es el tema de la muerte. La de su padre, en plena adolescencia, la marcó de manera definitiva.

En su obra, la búsqueda de un significado para este momento el de la muerte es un fantasma que la persigue. En sus últimos dibujos, y básicamente en los de la exposición que hoy abre sus puertas en la Embajada de Francia, las concepciones religiosas han hecho, con fuerza, su aparición, como un soporte para sobrellevar lo que pueda haber de absurdo en ese instante en el que todo parece terminar.

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