LAS ANGUSTIOSAS PRIMERAS HORAS

LAS ANGUSTIOSAS PRIMERAS HORAS

Sácame de aquí, no me dejes, por favor... mis piernas . Las palabras, pronunciadas por uno de los pequeños estudiantes del Colegio Agustiniano del Norte, no dejan de retumbar en la cabeza de Sandra Perilla. Una mujer que hubiera querido tener la fuerza de mil hombres para levantar la recicladora que el miércoles en la tarde aplastó un bus escolar en la avenida Suba con calle 138, justo enfrente del Colegio San Juan de Avila, donde Sandra administra la cafetería.

30 de abril 2004 , 12:00 a.m.

"Sácame de aquí, no me dejes, por favor... mis piernas". Las palabras, pronunciadas por uno de los pequeños estudiantes del Colegio Agustiniano del Norte, no dejan de retumbar en la cabeza de Sandra Perilla. Una mujer que hubiera querido tener la fuerza de mil hombres para levantar la recicladora que el miércoles en la tarde aplastó un bus escolar en la avenida Suba con calle 138, justo enfrente del Colegio San Juan de Avila, donde Sandra administra la cafetería.

"Yo hubiera querido tener mucha fuerza para alzar esa máquina y sacar muchos niños que estaban con vida y fallecieron debajo de eso", dice sin poder contener las lágrimas.

Pero ni Sandra, ni sus compañeros del colegio, ni los trabajadores de la fábrica de Vidrios Murano, que armaron una cadena humana para ayudar a los pequeños desde que sintieron el golpe seco del accidente, pudieron hacer más de lo que hicieron.

El celador del colegio Luis Carlos Jiménez vio cuando la máquina rodaba hasta que cayó. "Se sintió un golpe tremendo, como cuando explota una bomba", dice.

"Cuando salimos la máquina había destruido más de la mitad del bus. Vimos a un moticiclista que también quedó atrapado", recuerda Julio Ospina, jefe de personal de Vidrios Murano.

Brazos y manos se juntaron para sacar a los pequeños que iban en la parte delantera del bus. "Pero llegó un momento en que tuvimos que parar. No podíamos hacer más. Los niños estaban comprimidos entre el bus y la tractomula", explica el profesor de educación física Oscar Hernán Ayala.

La impotencia se apoderó de unas 60 personas que acudieron al lugar de la tragedia. Y también de la policía que llegó y no pudo hacer nada, excepto llamar por radio y pedir con urgencia una grúa. "Todos llegaban, miraban y se cogian la cabeza a dos manos", recuerda Ayala.

Los bomberos aportaron una gota de esperanza al mar de impotencia que consumía a los asistentes. Rompieron latas y se las arreglaron para sacar a los pequeños. Pero Ayala recuerda que muchos de los niños que después murieron estaban concientes mientras esperaban a los organismos de socorro.

"Por el peso de la máquina no había fuerza humana capaz de levantarla", dice con frustración Mauricio Alfonso, un operario de vidrios Murano.

Para Patricia Guzmán, otra profesora, la tragedia la simboliza un pequeño que le hacía la V de la victoria con sus deditos a pesar de que su cuerpo estaba atrapado entre los hierros.

FOTO/Milton Díaz EL TIEMPO.

Oscar Hernán Ayala es una de las personas que acudió en auxilio de los niños del Agustiniano del Norte.

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.