PERFILES VÍCTIMAS

PERFILES VÍCTIMAS

CRISTIAN Cristian Camilo Abello Cantor tenía 8 años y estaba en 4 grado B, hijo de Ruth Patricia Cantor y Mauricio Abello. Estudiaba desde preescolar en el Agustiniano. Murió al lado de dos de sus mejores amigos de curso, Sergio Andrés Blanco y Juan Carlos Hernández.

30 de abril 2004 , 12:00 a.m.

CRISTIAN.

Cristian Camilo Abello Cantor tenía 8 años y estaba en 4 grado B, hijo de Ruth Patricia Cantor y Mauricio Abello. Estudiaba desde preescolar en el Agustiniano. Murió al lado de dos de sus mejores amigos de curso, Sergio Andrés Blanco y Juan Carlos Hernández.

JUAN CAMILO MEDINA Y JUAN CARLOS HERNANDEZ.

Juan Camilo Medina, de 10 años, y Juan Carlos Hernández, de 9 años, eran hijos únicos. No eran amigos, sin embargo el destino los unió en el fatídico accidente.

"El era el mejor" -dijo Libardo Medina, padre de Juan Camilo-. Parecía ser el más aventajado académicamente entre sus compañeros de colegio, donde cursaba cuarto de primaria. En tercero recibió la distinción a la excelencia como el mejor alumno. En los dos últimos años participó en las olimpiadas de matemáticas que se organizaron en el plantel. Los profesores afirman que era brillante y líder por naturaleza.

Se había postulado para formar parte del Consejo Estudiantil y a pesar de no haber sido elegido, conservaba su disciplina para conseguir lo que se proponía.

"Todas las mañanas llegaba primero para abrirles el salón a sus compañeros. Como su sueño era ser médico, los viernes en la noche me decía que miráramos libros del cuerpo humano, y los sábados iba a clases de inglés para niños en la Universidad Nacional", contó Margarita, madre del pequeño fallecido.

Juan Camilo siempre quiso un hermanito. Debido a que circunstancias familiares lo impidieron, sus padres hicieron todo lo posible por complacerlo en el sueño de tener una mascota. Por eso, su máxima adoración era Danger , un travieso perro schnaucer.

El sueño de Juan Carlos, de 9 años, era viajar por todo el mundo y ser un gran empresario. Hijo único de Gustavo Hernández y María Eugenia Pineda, era considerado por sus padres como un chico extrovertido, alegre y curioso.

"Leía muchísimo y además de ser buen estudiante le gustaban mucho los deportes. Madrugaba conmigo a ver las carreras de Fórmula Uno y alguna vez lo vi llorar porque no ganó Montoya. Era hincha de Millonarios y del Real Madrid", dijo su padre.

LA DESPEDIDA DE MADRE E HIJO.

Oscar Espinosa, "Espitia", soñaba con ser un ingeniero como su papá. A los 17 años y a punto de terminar su bachillerato, fue una de las víctimas de la tragedia del Agustiniano Norte.

Su mamá, Ildaura Ortiz, profesora de inglés y coordinadora de la trágica ruta 12 del colegio, se salvó milagrosamente gracias a que tuvo que quedarse en una reunión de maestros en el plantel.

No alcanzaron a transcurrir 15 minutos después de que madre e hijo se despidieran cuando ocurrió el siniestro.

Mientras que Ildaura y su esposo Eduardo Espinosa recogían a su hijo para llevarlo a la clínica Juan N. Corpas, la prima y mejor amiga de Oscar, Paola Castellanos, interrumpía la celebración de su cumpleaños número 24.

"Yo estoy haciendo último año de medicina y convencí al médico de turno de la clínica Corpas para que me dejara entrar -dijo Paola-, pero cuando entré a urgencias para verlo ya estaba muerto".

Cuando levantó la sabana que cubría el cuerpo de scar, la joven, entre sollozos, empezó a reprocharle "por qué me hace esto chino -le dijo-; yo no puedo ser la primera que lo vea así".

Luego de entrar donde se encontraba el cadáver de scar, Paola no necesitó decir nada más. Afuera los padres del joven alcanzaron a escuchar los sollozos de la joven y entendieron que su hijo, el menor de tres hermanos, se había ido para siempre.

ESTE ERA MI DIABLITO.

Juan Pablo Moreno Vergara, de 8 años, estudiante de tercero de primaria, `Pirry , era un chiquito inquieto. No se aguantaba un segundo quieto en su casa, en Suba del Pinar, donde vivía con sus padres Pedro Moreno y María Elisenia, y otros dos hermanos mayores. Jugaba fútbol y tenis, nadaba, montaba a caballo. "Era un diablito. Nada le quedaba grande", dice su padre. El día de la tragedia, iba sentado en una de las sillas de la mitad del bus. Ayer, Pedro sacó valor y habló ante los medios de comunicación sobre su hijo, frente a las instalaciones de Medicina Legal. "Miren, este era mi pequeño, jugaba fútbol, basquetbol, tennis, montaba a caballo... era mi diablito", decía mientras enseñaba el carné del colegio con la foto del pequeño. "Yo veo a mi hijo y creo que murió feliz", puntualizó.

LOS INSEPARABLES.

Aunque tenían los mismos apellidos, Jorge Eduardo Rueda, de 12 años, y Juan Manuel Rueda, de 15, no eran hermanos. Pero los dos vivían como si lo fueran. Estudiaban en el mismo curso (séptimo grado). Eran inseparables. Incluso, compartían más gustos, el juego, el fútbol, que con su hermano Jairo Rueda, quien también iba en el bus pero solo sufrió algunas heridas. Jorge Eduardo y Juan Manuel, también habían compartido un triunfo de la adolescencia: el pasado 20 de marzo, pudieron por primera vez asistir solitarios a una fiesta en una discoteca del norte de la ciudad, sin la compañía de su madre. Ahora, los dos están muertos. Iban en el puesto trasero del bus.

JUAN VICENTE ORTIZ.

Juan Vicente, de 12 años, no se sentaba nunca al lado de su hermano menor en el bus. Este pequeño, que cursaba séptimo grado, prefería sentarse con los amigos de su edad, en las sillas traseras del vehículo.

Su hermano Juan José, de 7 años, en cambio, se sentó como siempre en las sillas delanteras y sobrevivió. Estaba con su amigo Sergio Polanía de segundo grado (quien también fue dado de alta de la clínica Santa Bibiana) y con Bolívar, de quien no se acordó el apellido.

"Yo iba jugando -dijo-. De pronto sentí un golpe, escuché un vidrio roto y el techo del bus se dobló. Yo me pegué en el ojo. Después empezaron a romper otros vidrios y me sacaron".

La situación para la familia Ortíz-Torres no ha sido fácil. Martha y Juan Vicente, padres de los niños, no han tenido ni tiempo de llorar a su hijo. Las vueltas y el papeleo que han tenido que hacer para reclamar el cuerpo los ha mantenido ocupados. Desde siempre, los tres hermanos han compartido el cuarto donde duermen, pero desde el miércoles Juan José solo lo hace con su hermana Martha de 10 años.

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