BOGOTÁ LES DIO EL ÚLTIMO ADIÓS A LOS MUCHACHOS

BOGOTÁ LES DIO EL ÚLTIMO ADIÓS A LOS MUCHACHOS

En el patio de recreo, lugar que les sirvió para sus juegos, sus risas, sus partidos de fútbol o sus formaciones para el canto del Himno Nacional, miles de personas despidieron ayer a los 21 estudiantes del Colegio Agustiniano Norte que murieron el miércoles en la demoledora tragedia de la avenida Suba con calle 138, en el norte de Bogotá.

01 de mayo 2004 , 12:00 a.m.

En el patio de recreo, lugar que les sirvió para sus juegos, sus risas, sus partidos de fútbol o sus formaciones para el canto del Himno Nacional, miles de personas despidieron ayer a los 21 estudiantes del Colegio Agustiniano Norte que murieron el miércoles en la demoledora tragedia de la avenida Suba con calle 138, en el norte de Bogotá.

En los atiborrados espacios del colegio, en los salones, en los pasillos no había más espacio para tanta gente y tanta tristeza. Tampoco en la capilla de la parroquia de San Nicolás -dentro del colegio-. Menos, en los alrededores del centro académico, donde la multitud se agolpó con la esperanza de estar más cerca de la ceremonia en medio de un impresionante operativo de seguridad, motivado, entre otras cosas, por la presencia del presidente Alvaro Uribe Vélez.

El cielo se ha vestido de colores. Hoy Dios recibe a nuestros ángeles, que con sus risas y juegos permanecerán en nuestra memoria por siempre , rezaba un cartel ubicado sobre el altar donde el cardenal Pedro Rubiano y más de 40 sacerdotes oficiaron la ceremonia.

A nivel del piso y de los féretros blancos donde reposaban los retos de los pequeños, una multitud adolorida elevaba sus plegarias, en medio de los desgarradores cantos de la ceremonia central. Durante el acto litúrgico, se dio lectura a las palabras del Papa Juan Pablo II, que envió un mensaje de aliento y esperanza a padres y familiares.

Pero fue con el minuto de silencio, el toque de trompeta y la lectura de los nombres de los 21 niños muertos cuando la tragedia se desgranó en lágrimas entre los asistentes.

Nos duele profundamente la vida de estos niños, nos duele profundamente el dolor de sus familias, pero también debemos pensar en tantos inocentes que pierden la vida, cuando apenas la comienzan, en la guerra de este país (La esperanza de un país es en Colombia sacrificada por la violencia , expresó monseñor Rubiano.

Lluvia de flores.

Mientras la ceremonia avanzaba, en el patio de recreo cubierto caía de los pisos superiores una tenue lluvia de pétalos blancos. Algunos asistentes elevaban pañuelos, también blancos, durante los cánticos y de vez en cuando sonaban las palmas.

Al final del acto litúrgico, los féretros fueron sacados uno a uno en medio de una calle de honor hacia las carrozas fúnebres, ubicadas en riguroso orden en un patio exterior del colegio.

Delante del cortejo una escolta de carabineros de la Policía Nacional abría paso y detrás, oficiales de la misma fuerza a manera de guardia de honor cerraban el recorrido. Mientras las carrozas abandonaban el colegio, la gente a lado y lado de la vía no cesaba de elevar pañuelos y lanzar flores blancas. Nos queda el recuerdo de sus fotografías sonrientes, las mismas que les pusieron sobre los ataúdes; nos queda su voz, su alegría, el amor que les dimos, la felicidad inmensa que nos dejó su paso por nuestra vida , dijo a EL TIEMPO Patricia Molina, una de las jóvenes que acompañaba el cortejo.

Entre tanto, la caravana fúnebre seguía su desplazamiento hacia los cementerios Jardines del Recuerdo, Jardines de Paz y El Apogeo. Y en los altavoces aún retumbaban las palabras de uno de los padres cuyo hijo murió en la tragedia: Hoy nos venimos a dar cuenta de que nuestros hijos se convirtieron en héroes. Pero a los héroes no se les llora, a los héroes se les honra (Ellos dejaron de ser héroes para ser ángeles en el cielo. Adiós muchachos, adiós...

Seguridad extrema.

El dispositivo de seguridad desplegado por la presencia del presidente Alvaro uribe fue impresionante.

Decenas de policías de la guardia del Presidencia acordonaron el plantel y grupos de combates del terrorismo, armados con fusiles de asalto, pistolas y protegidos con chalecos antibalas estuvieron presentes en la ceremonia.

Al final, Uribe Velez salió fuertemente escoltado a uno de los patrios exteriores donde los esperaba el helicóptero 004 de la Fuerza Aérea Colombiana rondando muy cerca por un Black Hawk.

A su salida del plantel, el mandatario extendió la mano a algunos de los asistentes a la ceremonia, mientras su cuerpo de escoltas le abrió espacio entre la multitud que pretendía saludarlo.

Instantes.

Un emotivo momento de la ceremonia se dio cuando fue leído el mensaje de condolencia del Papa Juan Pablo II, leído por el obispo auxiliar de Bogotá, Agustín Otero, "El Papa les imparte de corazón la confortadora bendición apostólica, como prenda de esperanza en Cristo resucitado".

Estos niñitos que se nos han ido están en el cielo y desde allá le van ayudar a Colombia", expresó el presidente Alvaro Uribe Vélez, quien proclamó esta fecha comoDía de duelo nacional.

La policía de tránsito taponó algunas de las vías de acceso al colegio Agustiniano con el fin de facilitar el paso de la caravana fúnebre. El resultado fue que tanto la Avenida Boyacá como la avenida Suba sufrieron un fenomenal colapso vehicular que solo se desanudó algunas horas después.

Eso obligó a que muchas personas emprendieran una caminata de varios cientos de metros hasta el colegio. Ya a la salida de la ceremonia, todo fue más fácil pues muchas de ellas partieron en los buses del colegio que iban rumbo a los cementerios.

Cientos de personas en la autopista saludaron la caravana fúnebre en su camino hacia los cementerios del norte. Algunas lanzaban flores, y otras sacaron pañuelos blancos.

Varias guardias de honor se turnaron el cuidado de los féretros en cámara ardiente ubicados en el coliseo del colegio. Por allí pasaron los miembros de la policía y la banda de guerra del colegio. También se hicieron presentes la banda de guerra de la Policía Militar y la de la Policía, entre otras.

Pantallas gigantes fueron instaladas en distintitos lugares del colegio para seguir la ceremonia transmitida en circuito cerrado de televisión ante la enorme cantidad de personas que se hicieron presentes. A pesar del tamaño del edificio, cientos de personas se quedaron por fuera de las instalaciones.

FOTOS:.

Felipe Caicedo/EL TIEMPO.

Gerardo Chaves/EL TIEMPO

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