A JORGE EDUARDO LO LLORAN SUS TRES MAMÁS

A JORGE EDUARDO LO LLORAN SUS TRES MAMÁS

Jorge Eduardo era un niño excepcional porque no tenía una, sino tres mamás. Antes de los 6 años, su mamá biológica lo dejó al cuidado de la familia González Colino para la que trabajó en los quehaceres de la casa. Desde aquel día Marcela y Pastora, las hijas de la familia, se volvieron sus mamás. Las tres se encontraron el viernes en la sala de velación San Bartolomé Apóstol, parroquia en la que este niño, que ya contaba con 12 años, recibió el último adiós de la comunidad de los Terciarios Capuchinos.

02 de mayo 2004 , 12:00 a.m.

Jorge Eduardo era un niño excepcional porque no tenía una, sino tres mamás. Antes de los 6 años, su mamá biológica lo dejó al cuidado de la familia González Colino para la que trabajó en los quehaceres de la casa. Desde aquel día Marcela y Pastora, las hijas de la familia, se volvieron sus mamás. Las tres se encontraron el viernes en la sala de velación San Bartolomé Apóstol, parroquia en la que este niño, que ya contaba con 12 años, recibió el último adiós de la comunidad de los Terciarios Capuchinos.

Aunque en los últimos días de su vida sus compañeritos recuerdan que le escucharon cantar el coro: Porque estoy solito! la verdad es que Jorge Eduardo había encontrado en aquel hogar el cariño de un hijo verdadero.

No solo vivía con su hermanito mayor, John Jairo Rueda Pérez, de 16 años, a quien la familia también acogió y que se salvó de milagro en el bus, sino que contó con abuelos bondadosos. El papá de Marcela y Pastora fue quien antes de morir las impulsó a que se hicieran cargo contodas las de la leyi de estos dos hombrecitos. Anita, que hizo las veces de abuela, acató con fervor este último deseo. Religiosamente acompañaba a los niños a la ruta escolar. Recuerda que rezaba con él esa oración de la Virgen que dice: ama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios mi salvador ( El viernes, cuando ya se llevaban el féretro con su nieto, repitió este pasaje de la Biblia, como queriendo retener la voz de su chiquitín, como cariñosamente lo llamaba.

Su familia recordará su devoción y sus amiguitos su otra pasión: el fútbol. Le encantaba. Era el mejor en nuestro cursorecordará siempre Fabián Bello, su compañero de pupitre en el curso 7D, quien junto con Carlos Gómez y otros compañeritos del Agustiniano Norte despidieron el viernes a Jorge Eduardo.

"Ahora es el ángel de la familia González Colino", dijo el padre que ofició la misa.

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