SEBASTIÁN NOS DEJÓ LA RISA

SEBASTIÁN NOS DEJÓ LA RISA

A Sebastián, de 9 años, no le gustaba jugar fútbol. Por eso, y porque se reía todo el tiempo y siempre estaba de buen genio, es que lo que recuerdan sus compañeritos del grado 3E del Colegio Agustiniano Norte.

02 de mayo 2004 , 12:00 a.m.

A Sebastián, de 9 años, no le gustaba jugar fútbol. Por eso, y porque se reía todo el tiempo y siempre estaba de buen genio, es que lo que recuerdan sus compañeritos del grado 3E del Colegio Agustiniano Norte.

Pero aunque no jugara fútbol, si era amante de otros deportes. Sebastián Enrique Vaca Cruz, un pequeño de 9 años que desde el kinder estudiaba en ese colegio, siempre aprovechaba la clase de educación física de los martes, los miércoles y los jueves para jugar baloncesto.

"Ese era su deporte preferido", cuenta Nicolás Amarillo, quien el miércoles pasado, antes de subirse a la ruta que lo llevaría a casa, estuvo entrenando con Sebastián para las olimpiadas en las que participarían en octubre próximo. Ambos integraban el equipo de tercero y jugaron básquet en la última hora de clase de ese día triste que Nicolás recuerda fragmentadamente.

Casi siempre, Sebastián salía de su casa con lonchera pero ese día había llevado dinero para comprar una pizza en el colegio. "Es que era muy glotón. Si yo traía sándwich de atún ya sabía que tenía que compartirlo con él porque le encantaba. Lo único que no le gustaba era la cebolla", recuerda con tristeza Luis Miguel mientras le dice a su madre que no quiere ver el féretro donde está su amigo.

Luis Miguel es uno de los más afectados con la muerte de Vaca -como llamaban a Sebastián por su apellido-. El y Sebastián estudiaron juntos hasta segundo de primaria, pero este año, por una reestructuración académica, los separaron y los cambiaron de curso. Sebastián quedó en 3E y Luis Miguel en 3F.

"Siempre nos vemos en los recreos. Yo espero a salir de clase para poder verlo. Jugamos cogidas, escondidas y vampiros, un juego que los dos nos inventamos que se parece a cogidas pero en el que tenemos que simular que les chupamos la sangre a los que agarramos". Luis Miguel habla en presente porque todavía no puede creer que su amigo del alma se haya ido. "Yo le cuento chistes todo el tiempo, hasta se los repito, y él se ríe mucho. Siempre se está riendo, lo mejor que me deja es la risa", dice.

El miércoles, sin saber que sería su último día, Sebastián comió pizza, jugó vampiros y jugó baloncesto. Las tres cosas lo hacían feliz y eso fue lo que demostró cuando, poco antes de tomar la ruta número 12 del colegio, se despidió con una sonrisa de Nicolás y de Luis Miguel, dos de sus mejores amigos.

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