LO QUE NUNCA VOY A OLVIDAR

LO QUE NUNCA VOY A OLVIDAR

Dos horas atrapado por los hierros retorcidos de la máquina que le cayó encima al bus escolar que los transportaba a él y a sus compañeros estuvo Gabriel Jiménez (10 años), uno de los pocos sobrevivientes que salió casi ileso de la tragedia

02 de mayo 2004 , 12:00 a.m.

Dos horas atrapado por los hierros retorcidos de la máquina que le cayó encima al bus escolar que los transportaba a él y a sus compañeros estuvo Gabriel Jiménez (10 años), uno de los pocos sobrevivientes que salió casi ileso de la tragedia.

Bañado en el acpm que se derramaba de la fresadora de 20 mil kilos de peso y paralizado por el golpe que lo tiró debajo de un asiento del bus, Gabriel pensó que no había posibilidades de salir con vida de ese infierno de metal.

Ahora, en su casa, con algunos golpes leves en la cabeza y el rostro, en silla de ruedas temporal y con la pierna izquierda vendada relató a EL TIEMPO cómo vivió los 120 minutos más largos de su vida. Un tiempo eterno que no podrá olvidar.

eso de las tres de la tarde salimos del colegio. Ese día no hubo clases porque estábamos en olimpiadas y el equipo de fútbol de mi curso había jugado dos partidos. Uno lo perdimos por un autogol, y el otro lo empatamos 1-1. En mi maleta llevaba un par de guayos Puma, una agenda y un cuaderno que ahora no sé dónde están.

Yo me senté, como todos los días, en el puesto de la llanta del lado derecho, hacia la ventana, casi en la mitad del bus. A mi lado iba Leonardo Sandoval, que estaba en tercero. Yo voy en quinto. Había muchas cosas que hablar con mis compañeros de atrás cuando de pronto vi que el conductor del bus frenó yprami , algo nos cayó encima. No sabia qué era. Lo único que supe es que durante algunos instantes perdí la conciencia. Cuando me desperté, estaba atrapado bajo la silla de adelante.

Yo no veía sino latas, latas y latas. A Leonardo no lo veía, no veía a nadie, y lo único que escuchaba eran los gritos de unos tres o cuatro niños que llamaban a sus papás y pedían auxilio.traigan la grúa de 30 toneladas que está en la 128se escuchaba afuera la voz desesperada del que debió ser el conductor de la máquina. no tengo la culpa, la caja de cambios falló.

Yo quedé con las piernas flexionadas y me preocupaba sentir que las latas del bus seguían cediendo al peso. Gritaba que me sacaran, pero luego decidí tranquilizarme y respirar hondo, como cuando a uno lo llevan al médico.

Ya para entonces no se escuchaban los gritos de los niños. Las sierras rompían el metal. Yo vi que los bomberos abrieron un huequito detrás. Entró algo de luz. Luego un bombero llamado Raúl metió las manos y empezó a jalarme de los brazos. Diez minutos tardó hasta que pudo sacarme. No sé por qué estoy vivo si todos los que estaban cerca murieron. Cuando vi la luz supe que estaba salvado. Dios me salvó de milagro.

Gabriel quiere ser piloto de avión, tener dos hijos y desea que, al igual que su papá, ellos estudien allá, en el Agustiniano Norte, el lugar donde comienza y termina esta historia.

FOTOLEYENDAS.

Gabriel Jiménez.

GABRIEL es hincha de Millonarios, juega fútbol como delantero, admira a Ronaldo y a Juan Pablo Angel y quiere que sus hijos estudien en el Agustiniano.

Archivo particular

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