CUIDADO CON LA PRÓSTATA

CUIDADO CON LA PRÓSTATA

Todos hemos sabido de alguien que ha tenido una mala experiencia con la próstata, esa pequeña glándula del tamaño de un limón que está localizada debajo de la vejiga del hombre y que con frecuencia molesta después de los 40 años.

02 de mayo 2004 , 12:00 a.m.

Todos hemos sabido de alguien que ha tenido una mala experiencia con la próstata, esa pequeña glándula del tamaño de un limón que está localizada debajo de la vejiga del hombre y que con frecuencia molesta después de los 40 años.

Esta es la encargada de producir, junto con las vesículas seminales, un líquido que nutre el esperma y suministra la mayor parte del volumen del semen.

Las molestias causadas por las alteraciones de la próstata se manifiestan en cambios en la forma en que los hombres orinan y obedecen a una estrecha relación: la glándula rodea la porción media de la uretra, que es el conducto por el cual sale la orina de la vejiga.

Pero las alteraciones que presenta, muy comunes por cierto, son de fácil manejo si se diagnostican a tiempo. El seguimiento del paciente es sencillo y solo se requieren examines fáciles y sin riesgo, que no solo permiten la curación de la enfermedad, sino que mantienen la calidad de vida.

A continuación una guía con los dos principales males que afectan la glándula (crecimiento prostático benigno y cáncer de próstata), sus síntomas y tratamientos. Ambas patologías tienen causas distintas y su evolución en nada se parece.

El crecimiento prostático benigno es una alteración muy común, en la cual una parte de la glándula aumenta de tamaño. Suele iniciarse hacia los 40 años y puede continuar por toda la vida. Esta afección es benigna como su nombre lo indica, y en la mayoría de los hombres solo ocasiona algunos trastornos como disminución del calibre y fuerza del chorro urinario y algo de aumento en la frecuencia para eliminar la orina. En unos pocos, los trastornos alteran la vida diaria, y en unos escasos individuos, el crecimiento puede llegar a ser tan importante que ocasiona retención de orina con imposibilidad para evacuar, infección urinaria, sangrado en la orina o daño de la función del riñón.

El crecimiento prostático benigno es causado por factores inevitables, como la edad, la presencia de la hormona masculina y la genética.

El manejo de esta dolencia va desde la observación hasta la cirugía, pasando por el uso de medicamentos que pueden ayudar a hacer llevaderos los síntomas. Lo importante es reconocer estos síntomas y consultar a tiempo para lograr el mejor tratamiento.

La creencia de que una vez que los síntomas aparecen van a continuar progresando e inevitablemente tendrán que ser tratados es falsa. Se puede decir que de 10 personas con síntomas urinarios en solo 3 estos van a progresar, en 2 mejoran espontáneamente y en 5 siguen iguales.

El cáncer de próstata es el tumor que más se diagnostica hoy en el hombre, y es la segunda causa de muerte después del cáncer de pulmón en Estados Unidos. En Colombia, no hay datos fidedignos sobre su incidencia.

Este tumor maligno, cuya causa exacta se desconoce, lo puede llegar a padecer 1 de cada 6 varones que viva hasta los 80 años. Si hay una historia familiar de cáncer de la próstata, el riesgo se duplica y aun se triplica si son dos los familiares en primer grado que padecen la enfermedad.

El mal es curable solo en las etapas iniciales, antes de que se salga de la glándula, pues de lo contrario causa metástasis, que son siembras del tumor en otros órganos, y estas son las que ocasionan la muerte.

El tratamiento.

El tratamiento en cada caso varía dependiendo de la edad. En gente joven 40 ó 50 años, pues es una enfermedad de personas mayores con expectativa de vida larga, se deben hacer todos los esfuerzos para erradicar el cáncer. Esto se puede lograr mediante cirugía radical o mediante radioterapia entre el 75 y el 80 por ciento de los pacientes con enfermedad localizada en la glándula. Las consecuencias, en ambos casos, puede ser la pérdida de la función eréctil, esto es la imposibilidad de lograr erección espontánea sin ayuda de medicación. Esta alteración puede darse en el 20 por ciento de los pacientes jóvenes con erección previa adecuada y hasta en el 80 por ciento de los mayores. Además, la cirugía puede producir incontinencia urinaria en menos del 10 por ciento de los casos, mientras que la radioterapia puede llegar a producir daños en órganos vecinos como recto y vejiga en unos pocos pacientes. En ambos casos, el deseo sexual y la capacidad de sentir un orgasmo en la relación sexual no se afectan.

Por lo general, la cirugía implica 3 días de hospital, permanecer con una sonda por 2 semanas y reintegrarse a la vida laboral y cotidiana en un término medio de 4 semanas. Sus costos son cubiertos por el Plan Obligatorio de Salud (POS).

Después de someterse a cirugía y radioterapia, lo usual es que el paciente requiera exámenes de antígeno prostático específico cada 3 meses por el primer año y luego cada 6 meses por los próximos 3 a 5 años, para continuar con exámenes anuales.

En pacientes mayores, con expectativa de vida corta, bien por razón de la edad o de otras enfermedades, los tratamientos no tienen intención de curar. En estos casos, lo usual es observar la evolución de la enfermedad para ver en qué momento hay que intervenir con terapias como la manipulación de las hormonas para frenar su avance.

DIAGNOSTICO.

Para evaluar y manejar las alteraciones de la próstata solo se requieren medios diagnósticos sencillos como: historia clínica, evaluación de los síntomas urinarios, examen rectal de la próstata y análisis de laboratorio como un examen de orina y un antígeno prostático específico.

Examen rectal: al hombre lo aterra la idea de que le examinen la próstata palpándola a través del recto, y este temor es una de las causas principales de rechazo del examen rutinario. Pero este permite evaluar datos que de otra forma no se pueden obtener como la consistencia y el tamaño de la glándula, es sencillo, no duele y no altera la masculinidad.

Antígeno prostático específico. Es un examen que ha cambiado la historia de las enfermedades prostáticas. Mediante un análisis de sangre, se determina el nivel de una proteína que es detectable en todos los hombres. Si la cantidad del antígeno supera los niveles aceptados, indica que hay problemas benignos como la prostatitis o alteraciones malignas de la glándula como el cáncer.

Hoy se recomienda practicar un antígeno prostático y tacto rectal al menos una vez por año a partir de los 50 años, pero si el padre o un hermano han padecido cáncer de la próstata, este examen debe iniciarse a los 40 años.

Con este par de exámenes tenemos suficientes elementos para sugerir practicar una biopsia de la próstata dirigida por ultrasonido.

Puntos para recordar.

Las enfermedades de la próstata son comunes y fáciles de diagnosticar.

La mayor parte de los hombres con síntomas de dificultad para orinar solo requieren evaluación adecuada y posible tratamiento médico.

El crecimiento prostático benigno no implica que exista un mayor riesgo de padecer un cáncer de la próstata.

No todos los síntomas urinarios son secundarios a tumores prostáticos. Por lo general, los tumores de próstata en su etapa inicial no dan síntomas.

El cáncer de la próstata solo es curable en sus etapas iniciales, cuando está limitado a la glándula.

Todo hombre requiere un examen rectal de próstata y un antígeno prostático específico a partir de los 50 años, una vez al año.

Si hay historia familiar de cáncer de la próstata el riesgo de padecer la enfermedad es mayor; el control anual se debe iniciar a los 40 años.

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