LOS RETOS DEL ALCALDE

LOS RETOS DEL ALCALDE

Hoy ya es domingo y en este país de amnésicos... Pero lo sucedido en la tarde del miércoles en inmediaciones de Suba es una tragedia sólo comparable con un sismo. Que 21 niños y un adulto hubieran muerto por el descuido del conductor de una recicladora y de la empresa contratante que bajó las tenazas de la misma sobre un bus del Colegio Agustiniano Norte, produce algo más que rabia y escalofrío; lo que genera es espanto y no apenas desazón.

02 de mayo 2004 , 12:00 a.m.

Hoy ya es domingo y en este país de amnésicos... Pero lo sucedido en la tarde del miércoles en inmediaciones de Suba es una tragedia sólo comparable con un sismo. Que 21 niños y un adulto hubieran muerto por el descuido del conductor de una recicladora y de la empresa contratante que bajó las tenazas de la misma sobre un bus del Colegio Agustiniano Norte, produce algo más que rabia y escalofrío; lo que genera es espanto y no apenas desazón.

No es ningún consuelo pensar que, ante el incumplimiento del Código de Policía, que consagra las últimas normas sobre convivencia ciudadana, un desastre como este un coche escolar literalmente aplastado por una máquina de más de 40 toneladas de peso no hubiera sucedido antes. Desacato inadmisible de normas con fuerza de ley (Códigos de Policía y Nacional de Tránsito) de obligatoria puntualidad.

Códigos malos y con requerimientos vagos, independientemente de otros agravantes. La señalización de la ciudad para los conductores es pésima; el horror del transporte urbano se traduce en buses chatarra -generalmente vacíos y con una nociva capacidad de contaminación-, que no respetan paraderos y, disfrazados de ejecutivos , son como el que el jueves se llevó por delante otro transporte escolar en el barrio Los Mártires. Además, aquí expedimos códigos, después los reformamos, pero, aplicarlos, pocón!.

Al menos en Bogotá -aunque también sin duda en otras ciudades del país- cuando se advierte que hay una zona de colegio los conductores se excitan y aceleran más, en vez de frenar. Un bus escolar suscita el extraño morbo de que los demás automóviles deben pasarlo como sea, a riesgo, claro está, de atropellar a un niño, lo que sucede con frecuencia. Los autos pesados en las vías rápidas son cosa de todos los días: no es sino transitar por la Avenida de Circunvalación para observar en carne propia los camiones de mudanzas, los que llevan materiales de construcción o cilindros de gas y verificar que las normas siempre se cumplen, pero al revés. Los camiones de gaseosas hacen asimismo cuanto se les antoja, cuando en otras metrópolis estos están obligados a cargar y descargar sus productos, para poder repartirlos, en horarios nocturnos y no diurnos.

En contraste, la agresión del Estado contra el ciudadano es manifiesta y constante. Los policías de tránsito escasamente se ven para controlar y menos sancionar a los protagonistas de las arbitrariedades atrás mencionadas. Se esconden buscando a quién multar por pequeñas infracciones... lo cual está muy bien, si no fuera porque esa parece ser su única obsesión. En cambio, por qué no hay penalizaciones severas para faltas severas?.

Ejemplos sobran en relación con la aludida agresión del Estado contra el ciudadano, para no acusarlo de desamparo. Cuando alguien llama a protestar por el posible sobreuso de carga explosiva en las obras de construcción del edificio en el vecindario, la alcaldía menor respectiva informa que, una vez la licencia de construcción es otorgada, no cuenta con ningún procedimiento para inspeccionar la obra o vigilar el uso específico del explosivo. Y así, con frescura, el funcionario de la alcaldía sugiere quejarse directamente ante el maestro de la obra. La responsabilidad, pues, se invierte: es del que legítimamente reclama y no de la autoridad.

Todo ello para no meterse en camisa de once varas en cuanto hace a los límites establecidos para la altura de la construcción de los edificios que súbitamente aunque cada rato superan lo permitido, en razón de los habituales nidos de corrupción que generalmente existen en los entes encargados de tal control. Y ni para qué mencionar los robos de carros y los carteristas en los centros comerciales, que han vuelto a proliferar.

Dos cosas quedan claras. TransMilenio (TM) se politizó con el debate sobre las losas. El resultado es que las autoridades actuales consideran todo lo que tenga que ver con TM como intocable, para evitar roces con sus progenitores? Los ciudadanos contribuimos al erario pero no se nos trata como ciudadanos contribuyentes. No tenemos derecho a reclamar protección por la conducta irresponsable de los demás? Cómo recompensará el Distrito a los familiares de las víctimas? Es un ejemplo que todos estaremos mirando.

Los contratistas del Estado deben estar permanentemente vigilados por el IDU, para comprobar si tienen acuerdos legales y al día con sus trabajadores y si estos poseen la experiencia necesaria para cumplir con su labor. E igualmente para evitar que por ahorrarse costos y tiempo no se ciñan a los requisitos mínimos de seguridad en el área de trabajo y fuera del mismo. Es decir que, al alquilar maquinaria, tanto el arrendador como el arrendatario conozcan el estado de la misma y no ocurra el derrumbe del puente peatonal de la avenida Suba con calle 127, para reincidir -por falta de frenos- en una catástrofe peor.

Esta es la oportunidad para que la Alcaldía establezca un precedente justo y sancione rigurosamente al consorcio involucrado en tan doloroso escándalo. Quién determina cómo este resarce a las familias de las víctimas? Existirá una obligación financiera? No más esto de que nadie responde!.

posgar@eltiempo.com.co

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.