BIENVENIDO, SEÑOR CADENA

BIENVENIDO, SEÑOR CADENA

Como dentro de un tiempo habrá que darle estatus político, respetarle sus bienes robados y aceptarle en la comunidad como un hijo honorable más, sería bueno recordar la trayectoria del comandante paramilitar Cadena , de nombre Rodrigo Pelufo. En Bogotá, claro está, poco interesan sus correrías, como tampoco importaron las de Jorge 40 , dueño y señor del Cesar y Magdalena, y flamante miembro de la mesa de negociación de las Auc.

02 de mayo 2004 , 12:00 a.m.

Como dentro de un tiempo habrá que darle estatus político, respetarle sus bienes robados y aceptarle en la comunidad como un hijo honorable más, sería bueno recordar la trayectoria del comandante paramilitar Cadena , de nombre Rodrigo Pelufo. En Bogotá, claro está, poco interesan sus correrías, como tampoco importaron las de Jorge 40 , dueño y señor del Cesar y Magdalena, y flamante miembro de la mesa de negociación de las Auc.

Pues bien, ese futuro desmovilizado actúa en Sucre, que para los cachacos es como decir en el Congo.

Aseguran quienes le trataron que nació en San Onofre y que apenas pisó la escuela. Lo que no le enseñaron los libros lo aprendería después en las calles de los barrios marginales de Sincelejo. Como no era bobo y tenía tanta sangre fría como buena puntería, destacó en el oscuro mundo del sicariato y en la reconocida banda La Cascona.

Con varios crímenes en su hoja de vida, le fue fácil ingresar en unas Autodefensas que reclutaban a marchas forzadas todo sardino matón que se les presentara, para contrarrestar el creciente poder de la guerrilla.

Su imparable ascenso comenzó en el Golfo de Morrosquillo, bajo las órdenes del comandante Ocho . Fiel a su espíritu sanguinario, pronto iniciaría un rosario de asesinatos selectivos que no ha parado hasta la fecha de hoy.

Cuentan las crónicas que su primera masacre la realiza en un corregimiento de Colosó. Esa atrocidad, superada posteriormente por otras, supondría su verdadera escalada a la cumbre. No sólo demostró de lo que era capaz, sino que le llegó la oportunidad de su vida cuando detuvieron a su jefe por el múltiple crimen. Pasó a ocupar su lugar, y hay que reconocer que no defraudó a quien le nombró.

En poco tiempo logró el control absoluto del citado Golfo, un enclave vital para sacar coca e ingresar armas, actividades que le reportaron sabrosas ganancias. Que qué hacía la Base Naval de Coveñas mientras tanto? Hum!.

Pero el ex sicario, muchacho ambicioso y piloso, quería más, y ese más, bien lo sabía, está en la política. Con la misma habilidad con que aprieta el gatillo, se puso a conquistar autoridades locales, tanto de cuerpos de seguridad como de servidores públicos elegidos en las urnas, y a fe que lo consiguió.

Las malas lenguas, que no faltan, hablan de un mando policial que gustaba de sus sancohos y que ahora los estará echando de menos en el puesto del exterior al que fue a parar. Otras relatan cómo el actual presidente de la Asamblea y dos diputados más obtuvieron abultadas votaciones gracias al poder de convicción del comandante.

Quienes se resistieron a sus encantos lo pagaron con la vida, como los ex alcaldes de Tolú, Tulio Villalobos y Jairo Romero, de San Onofre, Luis Salaiman, o el del Roble, quien denunció esos crímenes ante el Presidente, inútil heroicidad porque nada ha cambiado desde entonces ni cambiará.

Quien realiza cualquier actividad empresarial pública o privada tiene que pagar tributo a Cadena y eso lo sabe desde el Gobernador o el ganadero hasta el último empleado. Sus recaudadores son un médico y un ingeniero de nombres conocidos, y los cobros los efectúan bajo el palo de caucho en la hacienda robada a Pedro Renals, ya difunto, o en la casa que Luis Salaiman tenía en El Rincón. Las autoridades, tan esquivas, al menos recordarán el nombre de ese caserío porque allí el amigo Cadena segó la vida de varios miembros del CTI.

El patrón se mueve con tal descaro, que ya tiene casa en el barrio Venecia de Sincelejo y este año financió corralejas por todo el departamento.

Para qué negarlo. El señor Cadena está en la vía para regresar por la puerta grande a la legalidad. Bienvenido.

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