LA SINDÉRISIS DE LOS CANDIDATOS

LA SINDÉRISIS DE LOS CANDIDATOS

Si algo requiere inmediatamente el país es empezar seriamente a reconstruir el ejercicio de la política. Su definición como el espacio en el cual se resuelven pacíficamente las contradicciones de una sociedad , no tiene nada que ver con la forma como se ejerce esta noble profesión en nuestro territorio.

02 de febrero 2004 , 12:00 a. m.

Si algo requiere inmediatamente el país es empezar seriamente a reconstruir el ejercicio de la política. Su definición como "el espacio en el cual se resuelven pacíficamente las contradicciones de una sociedad", no tiene nada que ver con la forma como se ejerce esta noble profesión en nuestro territorio.

Su desprestigio es de tal magnitud que aún los que consideran sabiamente que los pilares de la democracia son los partidos políticos, no se arriman a los cascarones que quedan del Liberalismo y en menor grado, del Conservatismo, que por lo menos deja percibir menos contradicciones. El caudillismo no es la solución que envalentó a muchos cuando Fujimori era considerado un Presidente envidiable pero que por fortuna rápidamente mostró la cara dolorosa del autoritarismo y de la corrupción.

Las grandes falencias en el ejercicio de la política colombiana también se evidencian cuando se reconoce lo que sucede con los recursos públicos. Así como en el sector privado es el mercado el que asigna los recursos en el sector público su distribución la hace la política. Cuando esta no responde a sus objetivos loables de propender por el bienestar de la población en general, especialmente de aquella sin medios o poder, el resultado es el que todos los días se registra en este país, por fortuna con honrosas excepciones. La transparencia en el manejo de los fondos fiscales se traduce en que de antemano se conocen los nombres de aquellos que se apropiarán ilegalmente de ellos a través de licitaciones públicas y contratos que supuestamente cumplen con los requerimientos de ley. Esto es especialmente cierto en los departamentos de la Costa Atlántica, no porque necesariamente se atraque más al erario público, sino porque allá son más bocones. Si la política no deja de servir intereses personales y por el contrario se sigue alejando de su objetivo real, el propósito de volver al estado colombiano eficiente es absolutamente imposible.

Es en este contexto en el que se deben analizar las campañas presidenciales y el comportamiento de los respectivos candidatos que compiten en supuesta franca lid por la conducción de la sociedad. Se asume que en una verdadera democracia lo que está en juego en estas campañas presidenciales, es la selección del modelo de sociedad que la mayoría de los ciudadanos del país desea. En un régimen presidencialista que tiene definida su permanencia durante períodos relativamente cortos frente a los desafíos que debe enfrentar, son los Partidos Políticos representados por sus candidatos, los que deben garantizar la continuidad de los diversos esquemas políticos puestos a consideración de los electores. Proyecto de país y candidato deben conformar por lo tanto, una sola propuesta de manera que habrá tantas alternativas cuantos partidos y candidatos se presenten a la contienda.

Pero cuando el ejercicio de la política no tiene disciplina de Partidos estructurados ideológicamente, más que políticos que buscan la Presidencia, se tiene lo que Joan Prats denomina, candidatos que se limitan a ser "operadores de la política", sin ideas claras, sin grandes compromisos, que pueda que respondan a una mecánica impuesta por sus seguidores, pero carecen de un compromiso real con unos ideales, con un modelo específico de país. Este parece ser el perfil que predomina recientemente entre muchos de los que han sido presidenciables en Colombia.

La metamorfosis de Noemí Sanín, que ahora resultó Uribista sin beneficio de inventario, es realmente preocupante no porque sea lagartería, avivatada o oportunismo político, sino por razones más profundas que ameritan ser analizadas. Si algo tuvo la campaña presidencial anterior era que se suponía representaba posturas opuestas frente al problema de la guerra colombiana. Sería exagerado decir que se plantearon diversos modelos de sociedad porque esto hubiera implicado propuestas más comprehensivas de las que se presentaron. Pero frente a la guerra si hubo diferencias sustantivas y el único candidato que ofreció una propuesta de confrontación total frente a la guerrilla fue Alvaro Uribe y por eso ganó. Noemí Sanín fue clara en sus ataques no solo a esta propuesta sino también al candidato mismo.

Tanto ella como Horacio Serpa se olvidaron de sus diferencias cuando aceptaron ser embajadores de un régimen que habían criticado. O sea, la incompatibilidad de proyectos que se esperaría, nunca existió, sencillamente porque tampoco habían principios férreos en sus propuestas. Pero lo más grave para la política colombiana, de la cual Noemí Sanin es una líder como ella misma se identifica, es que ahora justifica su actitud de promover la permanencia del Presidente Uribe más allá de lo que permite la Constitución, afirmando que ella hubiera hecho un gobierno igual.

Que pasó entonces cuando atacó el guerrerismo de Uribe, en plena campaña, para no hablar de los ataques personales? Es lo mismo hablar de diálogos que de guerra? O las diferencias se borran cuando le nombran ministro a su jefe de campaña, como sucedió con Juan Luis Londoño, que en paz descanse? Por las razones que sea, o bien por posicionarse mejor con el Presidente o por presentarse como su posible heredera, Noemí Sanin reafirmó su condición de "operador político" definido por Prats como "el político que conoce personas y hechos, gestiona conflictos y compra ambiciones, pero no tiene rumbo. Pone su conocimiento como máximo al servicio de las próximas elecciones. No sabría ponerlo al servicio de las próximas generaciones, porque no tiene visión, no tiene metas y propósitos de cambio.".

Lo importante de este incidente, es que con este perfil de candidatos presidenciales no cambiará la política colombiana. No serán ellos los que plantearán las alternativas de modelo de sociedad para que los ciudadanos de este país decidan. Como simples "operadores" se limitarán a tratar de ganar elecciones pero sus esfuerzos no estarán dirigidos a modificar las estructuras y las conductas que son las que se requieren cambiar. Serpa pero más aún Noemí, no son los líderes políticos que orientarán ideológicamente a este país que necesita replantearse el ejercicio de esta imprescindible actividad. Todavía Serpa trata, aunque con dificultad, de preservar cierta distancia ideológica con el Presidente que atacó cuando era candidato pero que ahora es su jefe. Pero Noemí si borró toda diferencia.

Este último evento demuestra claramente la falta de sindéresis de muchos de nuestros candidatos presidenciales con los cuales el ejercicio de la política no cambiará en la dirección que exigen las circunstancias de la sociedad colombiana.

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