LA HISTORIA Y LA REELECCIÓN

LA HISTORIA Y LA REELECCIÓN

Solo quedan dos sesiones en el Congreso para discutir el proyecto de reforma constitucional que permitiría la reelección presidencial inmediata. Su enorme significado exige intensificar el debate sobre los argumentos que se aducen a favor o en contra. En una de sus recientes columnas, Jesús Vallejo Mejía busca refutar a quienes se han opuesto a la proyectada reforma con premisas que él considera harto discutibles, como el determinismo histórico y (...) el razonamiento catastrófico (El Colombiano, 12/09/04). Repasemos esas premisas, aunque, al llamarlas como las llama, Vallejo Mejía estaría descalificando de partida el sentido de la discusión.

24 de septiembre 2004 , 12:00 a. m.

Según la primera, hemos sido históricamente antirreeleccionistas. Para ilustrarla, remito a mis lectores a un extraordinario texto de Francisco de Paula Santander -fundador de nuestras tradiciones constitucionales-, con el que tropecé mientras hojeaba su selección de Escritos políticos, editada por Jorge Orlando Melo (El Ancora, 2003). El documento de Santander fue una protesta solemne contra el papel titulado Cuestión importante , que circuló en Bogotá en 1835. Desconozco el contenido del panfleto que causó la más desagradable impresión e hirió el honor del entonces presidente de los colombianos. Santander nos dice que dicho papel sostenía la conveniencia de reformar el artículo de la constitución que prohibía la reelección del presidente y vicepresidente de la república.

El presidente Santander creyó necesario distanciarse públicamente de semejante opinión : la miró como impolítica, imprudente y poco honrosa a la Nueva Granada . Tras reafirmar sus principios republicanos, señaló que no había hombre ninguno necesario para la nación. Que en cuanto estuviese en su poder se opondría a esa reforma. Y que no conviniendo (...) ni a mis intereses políticos, ni a mi patria, que yo permanezca en la presidencia una hora más del término prefijado (por la constitución), (este) será religiosa y puntualmente cumplido .

Existía además otra razón. Santander creía que, tras solo pocos años después de haberse adoptado la constitución, no debería proponérsele ninguna reforma, (...) porque importaba sobremanera a la dicha del país dejar afianzar las leyes fundamentales para destruir el peligroso espíritu de innovación . El estar reformándolas periódicamente les daba el carácter de pasajeras y las hacía débiles y despreciables .

Con dicho texto, Santander hizo doctrina. Y su conducta, contraria a la reelección inmediata, inauguró una tradición que se reforzó con el paso del tiempo y la experiencia, como bien puede seguirse en el libro de Jaime Castro Juicio a la reelección (Planeta, 2004). Vallejo Mejía -a quien leo regularmente con interés- rechaza el argumento histórico por tratarse de una premisa radicalmente conservadora que niega las posibilidades de cambio social . La apelación a la historia, sin embargo, no sugiere que las sociedades deban estar inexorablemente ancladas en su pasado .

Pero sirve, por lo menos, para apreciar mejor nuestro curso constitucional, así como el valor de las instituciones. Y entender entonces sí cómo y cuando reformarlas. Vallejo Mejía alcanza a aceptar que el tema institucional no es desdeñable en principio . No es que no sea desdeñable: es fundamental. Al desentenderse tan ligeramente de la historia, el proyecto de la reelección inmediata hace caso omiso del riesgo que representa para la estabilidad y el orden institucional.

Valorar la historia no significa, pues, suscribir a determinismo histórico alguno. Tampoco me parece acertado descalificar como razonamientos catastróficos las preocupaciones sobre los posibles abusos del poder presidencial en busca de la reelección -la segunda premisa en cuestión-. Vallejo Mejía se queja de que tales preocupaciones se refieran con nombre propio al actual presidente. Si ello ocurre, es por la misma concepción del proyecto, atado a los deseos de reelegirlo inmediatamente, en el 2006.

La verdadera preocupación (en lo que atañe a este columnista) es con todos quienes, al mando de la presidencia, busquen su reelección en el futuro. Vallejo Mejía alcanza también a aceptar que los abusos son posibles, pero podrían evitarse (...) si se establecen correctivos adecuados . Aquí hay otro problema: el proyecto ha postergado cualquier decisión sobre esos correctivos.

Los amigos de la reelección inmediata terminan siempre acudiendo al argumento simplista de las mayorías , que decida el pueblo, la democracia plena! Lo cierto es que estamos ante un proyecto de reforma atropellada, que ha reparado poco en sus eventuales consecuencias. Sus defensores harían bien en hacer una pausa, solo una pausa, para leer el texto de Santander y repasar la historia antes de someternos a semejante revolcón.

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