LA PLAGA DEL SPAM

LA PLAGA DEL SPAM

Existen tecnologías que se desarrollan para motivos específicos pero que a veces cogen rumbos inesperados. Un ejemplo de estas es el correo electrónico, cuyo propósito original era el de permitir la comunicación asincrónica entre uno o más usuarios.

03 de mayo 2004 , 12:00 a.m.

Existen tecnologías que se desarrollan para motivos específicos pero que a veces cogen rumbos inesperados. Un ejemplo de estas es el correo electrónico, cuyo propósito original era el de permitir la comunicación asincrónica entre uno o más usuarios.

Años después se empezó a utilizar para boletines electrónicos, uso que se degeneró terminando en lo que se denomina como UCE (unwanted comercial e-mail), más conocido como spam o correo basura.

Como su nombre lo indica, este tipo de correo es el que llega al buzón de mensajes del usuario en forma no deseada promoviendo de todo, desde sitios pornográficos hasta viagra. Y para enviarlo se utilizan todo tipo de tretas tecnológicas.

Las consecuencias económicas que esto produce a las empresas son devastadoras. No solo en cuanto al tiempo que la gente permanece eliminando el spam de su buzón, con la pérdida de productividad respectiva, sino también en el tráfico innecesario que se genera en las redes corporativas, redes a las que seguramente están conectadas también las aplicaciones de misión crítica, con el consiguiente deterioro en los tiempos de respuesta.

Y como si fuera poco, a lo anterior se le debe sumar el correo basura que se genera en forma automática por un virus que anda rondando por Internet. Este tipo de virus funciona de la siguiente manera. A diferencia del spam, este correo basura llega de un emisario conocido. Al abrir el archivo incluido en él, instala en el computador usuario un pequeño servidor de correo que a su vez envía mensajes usando las direcciones almacenadas, que seguramente corresponden a usuarios conocidos, reproduciendo así el virus.

La consecuencia de este virus es que desde cualquier computador infectado se puede estar enviando mensajes de correo que aparecen como enviados por usuarios legítimos. Esto, por supuesto, facilita que el correo se abra por venir de personas conocidas, facilitando así la reproducción del virus. Nunca sobra repetir que aunque el emisario aparentemente parezca ser legítimo, se debe tener cuidado al abrirlo.

Una posible solución para estos virus es obligar al registro de los servidores de correo legítimos ante la entidad que administra los dominios de Internet para poderse certificar, utilizando tecnologías que ya existen, que el mensaje proviene de un servidor legítimo y no de uno ilegalmente instalado por un virus en un computador de Internet sin que el usuario lo note.

Y para el spam que no es virus, se hace indispensable adquirir un programa que permita detenerlos. Es necesario advertir que ningún software anti-spam elimina el ciento por ciento de este correo. Pero, como dice el dicho, algo es algo.

guisan@eltiempo.com.co

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