UN CAMPO SANTO DE GOLF

UN CAMPO SANTO DE GOLF

Antes del último golpe, en el green del hoyo 8, Gilberto Arrieta se concentra, mira hacia el frente y se santigua. Es su costumbre, no solo para que Dios lo ayude a embocar la bola y estar por debajo del par, sino para rendir póstumo homenaje a centenares de muertos que yacen enterrados a pocos pasos de donde él suele jugar al golf los fines de semana.

03 de mayo 2004 , 12:00 a.m.

Antes del último golpe, en el green del hoyo 8, Gilberto Arrieta se concentra, mira hacia el frente y se santigua. Es su costumbre, no solo para que Dios lo ayude a embocar la bola y estar por debajo del par, sino para rendir póstumo homenaje a centenares de muertos que yacen enterrados a pocos pasos de donde él suele jugar al golf los fines de semana.

El ritual no es exclusivo de este instructor de 61 años, sino que forma parte de las costumbres de muchos golfistas que de tiempo atrás conocen los dos cementerios que hace más de medio siglo adornan con sus tumbas dos de los nueve hoyos que tiene el Club Internacional, sede deportiva de Ecopetrol en el corregimiento El Centro, en Barrancabermeja.

Los muertos que rodean el campo golfístico de casi 20 hectáreas de extensión fueron hombres, mujeres y niños que vivieron en las primeras décadas del siglo pasado; algunos de ellos, americanos de la Tropical Oil Company (Troco) que llegaron a trabajar en los pozos petroleros del campo La Cira-Infantas, donde se hicieron las primeras exploraciones en el país.

Pero gran parte de la devoción de Arrieta por los muertos que residen en el verde escenario se debe a que conoció, compartió y hasta le trabajó a uno de ellos. Se trataba de Mister Trompper, un ingeniero estadounidense que amaba el golf como el oro negro y a quien su encanto por esta tierra lo llevó a pedir un deseo que al final se le cumplió: ser enterrado en el cementerio, junto al hoyo 8 del club.

"Trompper murió en la década de los 60. Hace tres años vinieron de Estados Unidos sus hijos a visitar la tumba. Confirmaron que estaba ahí, tomaron fotografías y hasta lloraron", confiesa Arrieta, conocido en el ambiente golfístico como Niki . El recuerda que en sus días de caddie le cargó palos al gringo. Con el tiempo ascendió a instructor y luego a golfista profesional.

Los cementerios, que dejaron de utilizarse hace más de 40 años, están situados en la parte alta de la cancha. En el campo santo del hoyo 6 están enterrados los colombianos de la época, mientras que el del hoyo 8 fue exclusivo para los extranjeros. Algunas tumbas siguen intactas, pero la mayoría ha sido presa de la intemperie y el abandono.

Suelo sagrado.

No se conocen historias sobre hechos del más allá en los cementerios del campo de golf. Lo más lejos que ha llegado la superstición popular es a atribuirle a las ánimas uno que otro hoyo en uno, así como varias hazañas deportivas que a lo largo de tantos años ha presenciado el escenario.

El gerente del club, Alberto Acosta, asegura: "La decisión de la gerencia es conservar esos cementerios, porque son tierras santas que hay que cuidarlas y mantenerlas. Se les va a dar vida y, por ahora, no se ha pensado en trasladarlos o acabarlos". El Internacional cuenta con 280 socios, en su mayoría personal directivo activo y pensionados de la petrolera estatal.

Fundado hace 76 años, es además uno de los clubes más antiguos del país. Allí se han jugado 54 ediciones del Abierto Petrolero, reconocido por la Federación Colombiana de Golf. Otra característica única del lugar es que tres de sus nueve hoyos son par tres, tres son par cuatro y tres son par cinco.

Sobre la inusual combinación que se produce allí, Arrieta tiene su explicación: "Aunque fue primero cementerio, ahora es un atractivo campo de golf y, además, sagrado para los creyentes como yo. Pero después de tanto tiempo juntos, el deporte le ha hecho honor a los muertos y las tumbas le han dado vida al escenario".

FOTO.

LAS TUMBAS son testigos mudos de las faenas deportivas que se ha librado en el campo de golf del Club Internacional, en Barrancabermeja.

Ricardo Pérez Romero

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