Secciones
Síguenos en:
TEMOR POR MASIVA DESMOVILIZACIÓN

TEMOR POR MASIVA DESMOVILIZACIÓN

La desmovilización de los 1.400 hombres del bloque Catatumbo, que debe cumplirse esta semana, genera más interrogantes que las desmovilizaciones antecedentes en Medellín y Urabá. (VER MAPA: AREA DEL BLOQUE CATATUMBO)

Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
06 de diciembre 2004 , 12:00 a. m.

Por una parte, se trata de la reinserción masiva más grande que se haya conocido en cualquier proceso de paz colombiano, lo cual implica problemas de logística, sobre todo en la concentración y posterior ubicación laboral.

Lo segundo es que el bloque se va sin haber completado su misión de expulsar a la guerrilla de la zona, tarea que sí se consiguió en las comunas de Medellín y en Urabá. Aquí, por el contrario, las Farc y el Eln quedan en el corazón del Catatumbo administrando solos el millonario negocio de la coca.

Es tan real la amenaza guerrillera, que en junio de este año las Farc protagonizaron la masacre más sangrienta y con mayor número de víctimas en los últimos cuatro años en el país, cuando penetraron a dos fincas de La Gabarra y asesinaron a 40 raspachines acusados de trabajar para los paras .

Pero aún, si la guerrilla no termina copando los territorios desmovilizados el otro gran riesgo es que el vacío sea llenado por las autodefensas del sur del Cesar, que operan en la Provincia de Ocaña, bajo el mando de Jorge 40 .

De hecho, según la Asociación para la Promoción Social y Alternativa (Minga), los paramilitares del sur del Cesar han asesinado a nueve y desaparecido a siete personas en los últimos meses en la zona, entre ellos a un docente de San Calixto.

El tema de los negocios que el bloque tiene en la región también es motivo de inquietud. Aparte del gramaje por la droga en el Catatumbo que, según dijo el mismo Carlos Castaño en su momento, ayudaba a financiar operaciones en casi todo el país, los paras manejan el comercio ilegal de la gasolina en la frontera y cobran vacunas a los tenderos de los pueblos y a los servicios de vigilancia en Cúcuta.

El riesgo de que algunos ex combatientes continúen en esas actividades se acrecienta por la posibilidad de que el bloque esté fragmentado, como lo sugiere un informe de la fundación Seguridad y Democracia.

Según esta Fundación en los últimos meses el grupo soporta una guerra interna tras el asesinato, el pasado 12 de octubre, de Carlos Enrique Rojas Mora, alias El Gato , señalado de ser el jefe para en Puerto Santander. El Gato fue muerto por alias Tigre , otro comandante paramilitar.

Finalmente, el mayor temor es que la actividad paramilitar se desplace definitivamente hacia Cúcuta, donde desde tiempo atrás varias voces, con el representante a la Cámara Gustavo Petro a la cabeza, han denunciado los fuertes lazos de sectores políticos con las autodefensas, y donde las Auc construyeron estructuras militares similares a las de las comunas de Medellín.

Los paras están terminando su fase de consolidación allí -dice el politólogo Alfredo Rangel-. Tienen una notable influencia en el centro de la ciudad y en las comunas populares, cubriendo casi todos los barrios por medio de redes constituidas por taxistas, tenderos, celadores y comerciantes, entre otros .

Frente a esto, el clamor general es por la llegada de la Fuerza Pública. El Estado tiene la oportunidad histórica de ocupar esos territorios -dice el gobernador de Norte de Santander, Luis Miguel Morelli Navia-. Esperemos que, con la salida de ese grupo, vuelva la tranquilidad y no una nueva ola de violencia a nuestra región .

Debate en Senado Para hoy está previsto, en la plenaria del Senado, un debate televisado sobre paramilitarismo, convocado por la senadora liberal Piedad Córdoba. Están citados los ministros de Interior y Defensa, el Fiscal General y el Alto Comisionado para la Paz. Córdoba quiere saber, entre otras, qué se está negociando en el proceso con las Auc en Ralito, si el Gobierno reconoce nexos entre miembros de la Fuerza Pública y los paras , de qué magnitud es el fenómeno paramilitar en el país y si la Fiscalía ha iniciado alguna investigación por la revelación de Salvatore Mancuso en el sentido de que al menos el 35 por ciento del actual Congreso fue respaldado por las Auc.

- Una historia de asesinatos y desplazados En tres camiones que recorrieron parte de Córdoba, el sur de Cesar y la provincia de Ocaña, en Norte de Santander, llegaron las autodefensas al Catatumbo en mayo de 1999.

El trayecto duró dos meses largos, no tanto por la distancia cubierta sino porque había que avanzar muy despacio esquivando retenes militares y evitando cualquier encuentro con la guerrilla.

Cien hombres arribaron en ese primer piquete paramilitar. Llegaron con la orden expresa, impartida por el propio Carlos Castaño, de copar esta tierra selvática y hacer retroceder a las Farc y al Eln, grupos con más de 30 años de presencia en la zona.

El 29 de mayo de 1999, el naciente bloque Catatumbo se hizo sentir por primera vez con la masacre de La Gabarra, corregimiento de Tibú donde asesinaron a 20 labriegos a los que acusaron de ser auxiliadores de la guerrilla. La matanza, además, provocó un éxodo de más de 1.000 personas, la mayoría mujeres y niños, que se refugiaron en Cúcuta y en poblaciones fronterizas de Venezuela.

La contundencia de la acción esbozó claramente que los paras iban a implantar en el Catatumbo el protocolo de terror que ya habían seguido en zonas como Urabá y el Magdalena Medio, y que implica entrar rompiendo brutalmente los nexos de los pobladores con la guerrilla.

La respuesta de las Farc fue igual de violenta: una semana después, en El Tarra, asesinaron a 30 campesinos y secuestraron a otros 50.

Comenzó así una guerra sin cuartel por el control de los 10.298 kilómetros cuadrados que componen el Catatumbo, con fuertes efectos también en el área metropolitana de Cúcuta.

Según cifras de la Policía, 5.200 personas murieron allí en los últimos cinco años, la mayoría a manos de los paras . En ese lapso, Cúcuta se convirtió en la segunda ciudad más violenta del país. Doscientas personas fueron reportadas como desaparecidos, 300 cuerpos se encontraron enterrados en fosas comunes y 40 mil campesinos fueron desplazados.

En los últimos dos años, guerrilla y paras llegaron a una especie de pacto de no agresión y se dividieron los territorios. En la margen izquierda del río Catatumbo se ubicó la guerrilla, y en la derecha, los paramilitares.

Con este reparto, el Catatumbo quedó consagrado como uno de los grandes santuarios cocaleros del país, prácticamente inexpugnable para la Fuerza Pública, y de donde los dos grupos armados obtienen unos 8 millones de dólares, según estimativos oficiales.

A pesar del acuerdo, las agresiones entre paras y guerrilleros nunca han cesado del todo y han terminado confundidas con la guerra por la droga que sostienen algunos frentes y algunos miembros de cada bando.

FOTO: LAS MASACRES del bloque se extendieron a Cúcuta. Esta foto corresponde a la muerte de siete personas en el barrio Camilo Daza, ocurrida a comienzos del año pasado

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.