VARIAS MANERAS DE NO GOBERNAR

VARIAS MANERAS DE NO GOBERNAR

En los tiempos del frívolo cuatrenio de Andrés Pastrana, el período presidencial transcurrió entre largos periplos de turismo internacional, permanentes y somnolentes salidas por televisión y vacuos diálogos de paz en San Vicente del Caguán, para dejar al final un país más envainado de lo que estaba. Ahora, con Uribe Vélez, la cosa es a otro precio. Las 24 horas del día le quedan cortas cuando se trata de trabajar, trabajar y trabajar , como le gusta a él.

27 de abril 2004 , 12:00 a.m.

En los tiempos del "frívolo cuatrenio" de Andrés Pastrana, el período presidencial transcurrió entre largos periplos de turismo internacional, permanentes y somnolentes salidas por televisión y vacuos "diálogos de paz" en San Vicente del Caguán, para dejar al final un país más "envainado" de lo que estaba. Ahora, con Uribe Vélez, la cosa es a otro precio. Las 24 horas del día le quedan cortas cuando se trata de "trabajar, trabajar y trabajar", como le gusta a él.

Pero por desgracia, los resultados no aparecen. Fuera de la posibilidad que tienen los ciudadanos de salir a pasear por los llanos del Tolima fuertemente escoltados por la Fuerza Militar, al completarse casi la mitad del período, los resultados positivos en otros aspectos fundamentales de la vida nacional, no aparecen por ninguna parte.

Los acercamientos con las organizaciones paramilitares, que al principio marchaban en forma acelerada, han encontrado toda clase de tropiezos inesperados y se hallan al borde del fracaso. Los contactos con las otras organizaciones ilegales armadas, ni siquiera han comenzado, y los desarrollos de la política de "Seguridad Democrática" son muy discutibles, pues fuera de algunas detenciones masivas de ciudadanos que luego deben ser puestos en libertad por "falta de pruebas" o la conducta de tal cual matón uniformado, que considerándose una especie de James Bond criollo, convencido que ha recibido de Su Majestad "Licencia para Matar", procede de conformidad, como ya ocurrió en Cajamarca y en otros lugares, lo cierto es que nadie puede afirmar que este experimento gubernamental constituya un éxito rotundo.

En otros aspectos de la agenda presidencial, los resultados no se presentan mejores. Todos los cambios estructurales prometidos hace unos meses para transformar el rostro de la sociedad colombiana, como la crisis agraria, los problemas de educación y salud, la reforma tributaria, el manejo de la "bomba pensional", han sido metidos a la nevera de manera indefinida, pues ahora todo el país debe empeñarse en una cuestión de "vida o muerte": reelegir al Presidente de la República. Lo demás, por urgente que sea, tiene que esperar.

Y así como Pastrana, por ausencia de programas, entretuvo las dos terceras partes de su cuatrenio con el cuento de que la solución del conflicto armado estaba al alcance de la mano, parece que ahora vamos a transitar por el mismo camino. El primer año del actual período presidencial se fue en la preparación, discusión y votación de un Referendo que iba a cambiar para siempre todos los errores acumulados en dos siglos de historia republicana.

Luego vino una preocupante parálisis de la actividad nacional, mientras el primer mandatario superaba la depresión que le causó la derrota sufrida en las urnas por su principal obra maestra. Y ahora, para no enfrentar los problemas que aquejan al país, el Palacio de Nariño tiene previsto invertir los meses que restan del mandato presidencial en la imposición de un nuevo esquema constitucional, que permita la reelección inmediata del primer magistrado, sin contar los meses de campaña electoral para lograrlo, ni la encerrada entre un "closet" a rumiar su depresión, si acaso no consigue salir victorioso en su empeño. Y a todas éstas, se acaba el cuatrenio.

En definitiva, el ingenio de nuestros gobernantes no conoce límites. Incapaces de promover auténticas reformas que cambien nuestra deplorable situación, prefieren ingeniarse complicados "sofismas de distracción" o lanzar globos al espacio para distraer a la opinión, mientras los verdaderos problemas nacionales siguen sin recibir atención alguna por parte de quienes tienen obligación de encararlos. En otras palabras, nuestra clase dirigente ha sido muy fecunda para inventarse diferentes maneras de no gobernar.

Por eso en el Tolima, tierra de artistas y compositores, alguien debiera acomedirse a componer, ojalá con ritmo de ronda infantil, para ser bailada cogidos de las manos, la música de este versito que puede convertirse en el emblema publicitario de la campaña de Uribe Vélez: "Primero la Reelección... ...y después, la Nación".

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