SIN ROSTRO A LOS CINCO MESES

SIN ROSTRO A LOS CINCO MESES

La historia de este drama comenzó en el parto. Pero se había iniciado mucho antes cuando Jenny Alexandra, de 18 años, y Wilson Daniel Castellanos, de 20, se gustaron en una tarde soleada cuando se vieron a lo lejos en una calle del barrio donde vivían.

27 de abril 2004 , 12:00 a.m.

La historia de este drama comenzó en el parto. Pero se había iniciado mucho antes cuando Jenny Alexandra, de 18 años, y Wilson Daniel Castellanos, de 20, se gustaron en una tarde soleada cuando se vieron a lo lejos en una calle del barrio donde vivían.

Ella, una muchacha de cabello liso y pómulos abultados, y él, un joven delgado y tranquilo, se conocieron una tarde en el barrio El Carmelo del municipio de Lérida cuando ninguno quería conocer a nadie y muchos menos irse en el viaje del amor.

Pero las miradas pudieron más. Se volvieron novios y comenzaron una aventura fraternal de gustos y disgustos que los llevó a durar seis meses antes que Alexandra cayera embarazada y tuviera que dejar el colegio, mientras Wilson conseguía un mejor empleo para capotear la responsabilidad que se le venía.

Los meses de embarazo habían sido normales para la joven gracias a su madre. Fue embarazo tranquilo, feliz , dice la joven. Wilson, en cambió, tuvo un accidente laboral que le desvió la segunda vértebra de su columna y que lo tiene con un cuello ortopédico a la espera de un diagnóstico positivo para volver a laborar.

El parto.

Pero eso no sería nada cuando Alexandra dio a luz a su bebé, una niña que lleva el nombre de Paula Andrea. Al parecer, en el momento preciso del parto la bebé hizo una extraña fuerza y se le reventó un vaso sanguíneo en un lado de la cara produciéndole manchas rojas en la parte izquierda de su rostro.

La nueva madre pensó que esos puntos rojos de sangre serían pasajeros, pero los médicos del hospital de Lérida le dijeron que volviera a los tres meses a una revisión. Alexandra y Wilson estaban felices por su hija, a pesar de la precaria situación económica en la que estaban.

Antes de volver al hospital, Alexandra notó que las manchas de la pequeña habían crecido demasiado y medio rostro cada día a inflamaba más. No alcanzó a cumplirse el mes y la madre decidió volver al hospital. Los médicos se sorprendieron por el avance de las manchas.

La parte izquierda del rostro de Paula Andrea estaba tan inflamada que comenzaba a comprometer el oído, el ojo y parte del labio y de la nariz. El avance se notaba cada día que amanecía mientras la menor comenzaba a padecer los dolores.

El cuerpo médico de Lérida la remitió al hospital Federico Lleras de Ibagué para que hicieran una mejor evaluación del caso. Allí el diagnóstico fue un hemangioma o malformación vascular. Faltaban tres días para año nuevo.

La joven pareja empeñó un viejo televisor y recaudó dinero en una iglesia cristiana para completar escasos 180 mil pesos y comenzar la odisea que pensaron que terminaría en Ibagué.

La pesadilla.

Para sorpresa de Alexandra el hospital de Ibagué tampoco tenía los medios para salvar a su pequeña. El personal del centro médico ordenó el traslado de la menor en el menor tiempo posible al hospital San José en la ciudad de Bogotá porque allí hacían la cirugía.

Llegaron al barrio La Estancia, al sur de Bogotá, donde unos familiares lejanos de Wilson lo dejaron quedar por el drama que vivían. Abandonaron su escaso equipaje y se fueron a buscar soluciones.

La menor fue atendida por cirujanos plásticos y le dijeron a su madre que le hiciera una resonancia magnética y que la viera un oftalmólogo, pues veían que el ojo estaba casi cerrado por la inflamación. Pero nos dijeron que esos exámenes no los cubría el hospital pues la Secretaría de Salud de Bogotá no tenía convenio con la de Ibagué. Y tampoco hacían la cirugía , recuerda Alexandra.

La pareja entonces acudió al hospital El Tunal donde pagaron una cita particular a un cirujano plástico para tener otro diagnóstico, pero no los atendieron porque allí no había el especialista en cirugía plástica cráneo facial que necesitaba para una evaluación más exacta.

Insistieron ante la Secretaria de Salud para que los atendiera en un hospital y solucionar el problema. La institución les dijo que volvieran a su pueblo y que regresarán al mes para ver si el convenio estaba firmado con la de Ibagué. El problema crecía, la niña sufría.

La fe.

Sin armas, se fueron al Concejo de Bogotá y fueron escuchados por el secretario de Salud de Bogotá, Román Vega, quien le brindó apoyo de inmediato. Después de 20 días en esa odisea la bebé fue remitida al hospital Simón Bolívar para hacerle los exámenes correspondientes.

En estos momentos le están suministrando droga para disminuirle el hemangioma que está tocando ya parte del cerebro. Ahora es de paciencia de que la sangre que tiene en el rostro desaparezca para poder operar. Ya estoy un poco más tranquila , dice Alexandra.

Anota la madre que es una irresponsabilidad por parte del Estado que le hayan puesto tantas trabas cuando estaba en juego la vida de mi hija, la vida de una persona que necesita una operación urgente , concluye.

De los 180 mil pesos no queda nada. El padre Wilson acompaña a sus mujeres en horas del día, mientras la madre Alexandra permanece al lado de la pequeña en horas del día y de la noche pensando que la fe es lo único que le queda.

Cualquier colaboración: (1) 7787328 Bogotá.

Fotos: La pareja Alexandra, de 18, y Wilson, de 20, ya se les agotó el dinero. Ahora esperan que los médicos del hospital Simón Bolívar de Bogotá les ayuden a sanar su hija y volver a Lérida.

Fotos: Fernando Ariza / HOY

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