RELEVO GENERACIONAL EN ANTIOQUIA

RELEVO GENERACIONAL EN ANTIOQUIA

Las Parcas vienen haciendo de las suyas en Antioquia. Hace años -más de treinta- que no se daba un giro en la dirigencia empresarial por muerte de connotados líderes y uno que otro relevo voluntario. Recuerdo que en aquel primer remezón donde cedieron silla banqueros, textileros, constructores, conductores gremiales, había una larga fila de aspirantes a sucederlos, unos pocos por méritos y los más, por antigedad o por poder accionario. Los mejores de la lista habían esperado tanto tiempo que ya eran viejos a la hora del cambio, y ni su motor ni la gasolina acostumbrada dieron buen arranque. Otros, a fuerza de ser segundos hasta una avanzada madurez, no habían alcanzado perfil de líderes y ya era tarde para probar.

03 de febrero 2004 , 12:00 a. m.

Las Parcas vienen haciendo de las suyas en Antioquia. Hace años -más de treinta- que no se daba un giro en la dirigencia empresarial por muerte de connotados líderes y uno que otro relevo voluntario. Recuerdo que en aquel primer remezón donde cedieron silla banqueros, textileros, constructores, conductores gremiales, había una larga fila de aspirantes a sucederlos, unos pocos por méritos y los más, por antigedad o por poder accionario. Los mejores de la lista habían esperado tanto tiempo que ya eran viejos a la hora del cambio, y ni su motor ni la gasolina acostumbrada dieron buen arranque. Otros, a fuerza de ser segundos hasta una avanzada madurez, no habían alcanzado perfil de líderes y ya era tarde para probar.

Otros, en fin, hijos de papi, sabían lucir más que producir y carecían del temple para afrontar la urgente reingeniería de equipos, de métodos de trabajo, de tecnología, de mercadeo. Surgió entonces una generación de gerentes de repuesto, con demasiado apremio por la microgestión, muy sujetos al P&G de corto plazo, muy figurines. No vieron lo que se les venía. Las empresas industriales y financieras, el comercio, la radio y muchos otros rubros en que Medellín había ejercido medio siglo como polo de avanzada, cayeron en obsolescencia y pocos de los nuevos cuadros tuvieron el valor de asumir su modernización al ritmo que tocaba.

A esa etapa la suelen llamar "crisis del liderazgo paisa", como un réquiem de añoranza por los viejos dirigentes desaparecidos, con algo de injusticia, porque si bien éstos tuvieron la pericia y las buenas relaciones políticas para fortalecer sus negocios, fueron también culpables de no haber forjado equipos de continuidad. Les faltó diseñar estrategias sostenibles, como se dice ahora. Muchos de sus reemplazos llegaron a la cúspide castrados de antemano por un modelo hegemónico de decisiones. La empresa antioqueña entró así en una etapa decadente: se aletargó -bastantes perecieron- y las mejores fueron pasto de las maniobras financieras de otros grupos del país que llegaron a apoderarse de los activos más valiosos. Ahí fue el crujir de dientes.

Con la muerte de importantes figuras, la senectud excesiva de otras y los relevos recientes y próximos en la cúpula mayor, huele a tempestad. El patronato de hoy se parece mucho a aquel otro: duró demasiado y castró a varios de sus mejores prospectos. La renovación implicará saltos, más que continuidades.

Eso augura unas probables ventajas: nuevo lenguaje, cabezas frescas que impongan rumbos por su capacidad de convencer más que por autoridad de las canas, perspectivas estratégicas más amplias, menor afán por el corto plazo y -ojalá- una mayor responsabilidad social. Pero también va a demandar muchos costos: una generación quemada entre los que se van y los que llegan, el aflorar de revanchas de poder acumuladas, la tendencia crecientemente manipuladora de la "imagen" y el éxito aparente, por sobre los logros reales.

Algunos candidatos, que sabrán mover su tablero, no se dejarán sacar de la fila, pero durarán poco, prefigurando una segunda ronda de cambios a mediano plazo. Desperdicio de talento y de la "genética empresarial"? Tal vez. Lo que importa es que la nueva generación deje de lado la escuela idiota de marcar distancia entre los gerentes y los políticos (salvo cuando salen de la familia), por la cual Antioquia se enredó y perdió oportunidades a granel.

Alcalde y gobernador son por fortuna exactamente del estilo que podría prohijar giros en ese campo. Se requiere también mitigar la mentalidad provinciana que hace a Medellín -basta ver los periódicos locales- más parroquial y cositera que nunca. Y asumir, en fin, un compromiso heróico en favor del empleo y la competitividad, pero en serio. Mejor dicho: sostenibilidad, otra vez.

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