LANDINES ENCISO: UN CIEGO QUE LAS VE TODAS

LANDINES ENCISO: UN CIEGO QUE LAS VE TODAS

Hace 21 años, cuando apenas tenía 14 de edad y cursaba quinto grado de primaria, Landines Enciso salió de su casa en la vereda el porvenir de Fuentedeoro, con sus amigos de siempre al riachuelo cercano donde la muchachada de ese entonces pasaba las tardes. Pero esa fue diferente, algo pasó en sus ojos mientras se bañaba porque al día siguiente estaba ciego, sus retinas se habían desprendido.

04 de mayo 2004 , 12:00 a.m.

Hace 21 años, cuando apenas tenía 14 de edad y cursaba quinto grado de primaria, Landines Enciso salió de su casa en la vereda el porvenir de Fuentedeoro, con sus amigos de siempre al riachuelo cercano donde la muchachada de ese entonces pasaba las tardes. Pero esa fue diferente, algo pasó en sus ojos mientras se bañaba porque al día siguiente estaba ciego, sus retinas se habían desprendido.

Es difícil acomodarse a la situación y elaborar el duelo de una carencia física a esa edad, pero su gente lo animó y luego de un tiempo se fue a Bogotá al Instituto Nacional para Ciegos, se rehabilitó, cursó sus estudios secundarios, regresó al Meta, siguió estudiando y hoy es el personero de su natal Fuentedeoro. En el instituto para ciegos estuvo cuatro años y aprendió a aceptar y manejar la penumbra que desde su infancia lo acompaña. Allí aprendió gramática musical y a ejecutar instrumentos como el piano, la guitarra, el arpa y el cuatro. Esto lo combina con la declamación, que es otra de sus pasiones.

Cuando salió del instituto de invidentes adelantó un curso de radiología y cuartos oscuros (manejo de la parte química de las placas radiográficas) e hizo prácticas en un hospital de Bogotá, luego concluyó allí mismo sus estudios secundarios mediante el sistema de validación.

En 1997 inició sus estudios de derecho en la Unimeta de Granada, que luego cerró su sede en esa ciudad por lo que debió trasladarse a Villavicencio. Al principio de las clases escribía en el sistema braile pero luego decidió grabar las clases y transcribirlas en su casa. También grababa los libros gracias a sus compañeros.

Para ir de la casa a la universidad en Villavicencio aprendió a tomar el bus que cubría la ruta y sabía que luego de cierto lapso de recorrido el vehículo pasaba sobre un reductor de velocidad de gran altura y era entonces el momento de bajarse porque había llegado a donde estudiaba. Pero una tutela obligó a retirar los reductores y Landines aprendió a guiarse por el canto de los pájaros que anidaban cerca de la universidad.

Pero las aves se fueron un día, y en adelante debió preguntar para llegar a la universidad. Ahora sí quedé ciego , pensó, y hoy lo recuerda con una sonrisa. Parte de la carrera la hizo gracias a una beca del Instituto Nacional de ciegos pero luego las directivas de la Universidad le concedieron otra beca por rendimiento académico con la que concluyó sus estudios. El año pasado terminó las materias y se gradúa el próximo cinco de abril.

Es una persona sensible y dice que no es cierto que se desarrolle más el oído cuando se es ciego. Lo que sí se desarrolla es la sensibilidad del alma , concluye.

FOTO/Pablo Méndez Collazos.

Landines Encizo vigila las actuaciones de los funcionarios de Fuentedeoro.

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