IRAK O EL INFIERNO

IRAK O EL INFIERNO

Hace un año, el primero de mayo desde el portaviones Abraham Lincoln , el presidente de Estados Unidos, George W. Bush, anunciaba el victorioso final de la mayor parte de las acciones militares en Irak. Y para dentro de menos de dos meses, el 30 de junio, se anuncia la transferencia del poder a un gobierno iraquí de soberanía limitada. Los hechos de las últimas semanas han matado tanta gloria y lo que ahora prevalece es un profundo escepticismo en torno al desenlace de la aventura militar que tenía en sus planes la Casa Blanca. Todo indica que Irak se ha convertido en una trampa de la que Bush difícilmente saldrá y el fantasma de Vietnam se siente más cercano.

05 de mayo 2004 , 12:00 a.m.

Hace un año, el primero de mayo desde el portaviones Abraham Lincoln , el presidente de Estados Unidos, George W. Bush, anunciaba el victorioso final de la mayor parte de las acciones militares en Irak. Y para dentro de menos de dos meses, el 30 de junio, se anuncia la transferencia del poder a un gobierno iraquí de soberanía limitada. Los hechos de las últimas semanas han matado tanta gloria y lo que ahora prevalece es un profundo escepticismo en torno al desenlace de la aventura militar que tenía en sus planes la Casa Blanca. Todo indica que Irak se ha convertido en una trampa de la que Bush difícilmente saldrá y el fantasma de Vietnam se siente más cercano.

Un notable grupo de 58 ex diplomáticos, que han servido en gobiernos tanto demócratas como republicanos, le envió una carta a Bush para cuestionar su política hacia el Medio Oriente. (Algo semejante ocurrió en Gran Bretaña.) En el Congreso se planean debates sobre las evidencias que demuestran la práctica de torturas de ciudadanos iraquíes en varias cárceles, en especial en la de Abu Ghraib, entre octubre y diciembre del año pasado. El respaldo de la opinión pública a la guerra va en picada. En el plano internacional, la Organización Mundial contra la Tortura se manifestó ayer contra los maltratos recientemente revelados, la Comisión de Derechos Humanos de la ONU expresó inquietudes semejantes, y el Comité Internacional de la Cruz Roja exigió castigos penales contra los autores.

En el campo de batalla, el panorama es negro. En el último mes perdieron la vida 1.000 civiles. De ellos, 280 cayeron en Faluya, ciudad de mayoría sunita, donde tienen lugar sangrientos combates. Una verdadera carnicería que, por sus previsibles consecuencias políticas, ha llegado a compararse con la Ofensiva Tet , en Vietnam, en 1968. Y por sus cuestionables resultados militares: la fuerza de la coalición encabezada por Estados Unidos, en retirada desde la semana pasada, no logró someter a cerca de 2.000 insurgentes.

La Casa Blanca ha contribuido a la debacle con decisiones equivocadas. Paul Bremer III, cabeza de la administración de las fuerzas de ocupación, nombró al general Jassen Saleh, un antiguo miembro de la guardia republicana de Saddam Hussein -tan cuestionada por Washington- para enfrentar la crítica situación de Faluya. Después debió cambiarlo por el general Mohamed Abdel Latif, opositor de Hussein, quien sin embargo conservó a Saleh en su estado mayor. Y para hacer un diagnóstico de las cárceles en Irak envió al general Geoffrey Miller, antes responsable de las cárceles estadounidenses de Guantánamo (Cuba), donde existen gravísimas denuncias por atropellos contra sus 650 prisioneros, la mayor parte provenientes de países árabes e islámicos capturados desde el lanzamiento de la cruzada antiterrorista. También hay una poco estratégica orden de capturar a toda costa al clérigo Moqtada Sadr, protegido por sus fanáticos seguidores armados en Nayaf. No es una coincidencia que los sentimientos contra las fuerzas de ocupación sean cada día más agresivos en Irak, lo mismo que en el mundo árabe.

El presidente Bush, en pleno año electoral, busca convertir la tormenta en lluvia primaveral. Ha censurado con dureza las torturas a los prisioneros iraquíes y señala que esas prácticas son contrarias a la democracia. Se han abierto procesos contra seis oficiales involucrados, y cuatro más están en indagaciones preliminares. La Casa Blanca también está dispuesta a cambiar algunas de las tácticas, para entregarle a la ONU -ahora sí- mayores responsabilidades políticas y militares. Algo que para el presidente del gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero, es un escenario que está lejísimos .

Bush mantiene también la meta de pasarle el poder el 30 de junio a un gobierno iraquí. Una alternativa que no parece muy factible pero que, en todo caso -y sobre todo de cara a la campaña electoral-, es mejor que todas las demás.

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