LA SIERRA

Margarita Martínez Escallón, periodista colombiana, y Scott Dalton, camarógrafo gringo, son los autores de un excelente documental sobre la vida y muerte de una banda paramilitar en La Sierra, un barrio periférico de Medellín.

07 de noviembre 2004 , 12:00 a. m.

Se dirá que el tema de esos jóvenes desesperanzados en las comunas de Medellín ya ha sido suficientemente trajinado por escritores como Alonso Salazar en No nacimos pai semilla o por cineastas como Víctor Gaviria en La vendedora de rosas. Pero no nos engañemos: las historias de Salazar y Gaviria ya se hicieron viejas, corresponden a una generación de los años 80 y comienzos de los 90, muchachos y muchachas que encontraron en el sicariato una forma de matar y de morir, de tributarles su cuota de amor y odio a esas madres creyentes, adoloridas, abandonadas y vengativas que, desplazadas por la miseria, el abandono y el odio, terminaron por buscar refugio en esas faldas duras de la ciudad de la eterna primavera.

El relato de Scott y Margarita es reciente y nos golpea de lleno en el alma por varias razones. La primera: se trata de un audiovisual puro, no hay explicaciones ni interpretaciones históricas, sociológicas o políticas, es la imagen real, desnuda y la palabra directa en boca de los protagonistas. La segunda: a pesar de que se trata de una historia redonda, es decir, con principio y fin, nos deja en el vilo de muchos interrogantes. Terminará la pesadilla de esas barriadas con la muerte de unos y la desmovilización de otros? Qué será de esa multitud de niños huérfanos cuando se conviertan en jóvenes? Habrá empezado el ciclo de una nueva generación de violencia? Y la tercera razón es la asombrosa velocidad de mutación que ha ocurrido en la forma de vivir y de pensar de esa muchachada. Ya no se trata del sicario que se echa la bendición antes de matar y cuya única causa para no morirse tan rápido es poder dejarle una casita a la cucha . Lo que ahora vemos son muchachos que no creen en nada ni en nadie, envueltos en la vorágine de la guerra y el vicio, que padecen su vida como una derrota inevitable, su única apuesta es la supervivencia de cada día, la realización de un precario poder como jueces y verdugos en unas comunidades donde el Estado formal solo aparece, de cuando en cuando, y la huella que siempre deja es más vacía e indeseable que la mísera tiranía de esas bandas.

Los autores titularon este documental como La Sierra, duraron todo el 2003 en el trabajo de producción, lo editaron a principios de este año y decidieron concursar en el mercado de audiovisuales independientes más importante de Estados Unidos, el IFP (Independent Film Production), que se celebra anualmente, desde 1978, en Nueva York. Allí, un jurado compuesto por reconocidos productores independientes escoge la mejor película y el mejor documental. En el 2004 se presentaron al concurso cerca de 600 trabajos, la mayoría documentales.

El pasado 23 de septiembre, Margarita y Scott supieron que su documental había sido escogido como el mejor. Pero más allá de la garantía de calidad que otorga el importante premio, lo verdaderamente importante es la limpia revelación de una realidad actual, inusitada y terrible que todavía se asume con una ligereza aún más asombrosa por quienes tienen el poder y la responsabilidad de superarla.

De seguro este documental será útil para afrontar la verdadera dimensión del problema

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